4. La Iglesia es de
Jesús
José Ignacio Alemany Grau, Obispo
Una de las frases que más se repiten y cantan en el
Vaticano es “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Es el eco de
aquel buen día en que Jesús, desde Cesarea de Filipo, dio el gran encargo
a Simón, el pescador: “Dichoso tú, Simón hijo de Jonás, porque eso no te
lo ha revelado ningún hombre sino mi Padre…. por eso te digo: Tú eres
Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Jesús le cambia el nombre
de Simón por el de “piedra” y ese nombre servirá para todos los demás
Vicarios de Cristo.
Para
confirmarle su responsabilidad, a pesar de la debilidad de Pedro, que lo
negó tres veces, lo único que le pidió Jesús fue amor (“¿me amas más que
estos?”). Y luego le confirmó en el servicio: “Apacienta mis ovejas”.
Ese Pedro,
esa piedra ha ido cambiando a través de los siglos en su representante
pero siempre es la misma: Pío, León, Benedicto, Juan, Juan Pablo y
Benedicto XVI…
Todos ellos
representaron a Jesús. Muchos lo han hecho maravillosamente tanto como
personas humanas, con todos sus valores, como por la santidad que
adquirieron a lo largo de su vida.
Pero la
Iglesia siempre es de Jesús.
Nunca
renunció ni renunciará a ella, que es su esposa y por la que dio la vida.
Jesús no le
dijo a Pedro te doy la Iglesia o te doy mi Iglesia sino que le dio el
oficio de ser “la roca” visible sobre la que Jesús va construyendo día a
día, en el amor, su Iglesia querida.
Por eso
aunque admiramos la santidad excepcional de los Papas canonizados y en
concreto la de los últimos Papas que hemos podido conocer, sabemos muy
bien que ninguno de ellos es dueño de la Iglesia.
Sólo Jesús
dio la vida por su esposa y, sólo Él con su Espíritu Santo, la construye
día a día.
Recuerda:
“edificaré mi Iglesia”.
Jesús, pues,
encarga al Sumo Pontífice más bien que pastoree y cuide su Iglesia:
- Enseñando
el Evangelio a los hombres de cada siglo y de cada día, para que puedan
llegar a ser todos el único rebaño de Cristo y Reino del Padre.
- Gobernando
la Iglesia con la ley del amor, conduciéndola siempre al Padre por Cristo
en su Espíritu Santo.
-
Santificando esta misma Iglesia con todos los regalos que Jesús le dejó,
especialmente los sacramentos.
Esta es la fe
que debemos renovar en estos días, próximos a la fiesta de Pedro y Pablo.
El Papa
representante de Jesús, y nosotros, ayudados por él, fieles seguidores de
Cristo.
Esta es
nuestra fe en cualquier persona que el Espíritu Santo escoja como Sumo
Pontífice de la Iglesia.
Sin embargo
nosotros somos humanos y el Papa también. Así como sentimos tan cercano a
Juan Pablo II, ahora debemos sentir muy cerca de nosotros a Benedicto XVI.
Rezar por él. Escuchar sus palabras, leer sus escritos y seguir sus
orientaciones.
Más aún,
sentir el calor de una familia que tiene un padre espiritual, escogido por
el Señor, para ayudarnos a vivir en el Reino.
De una manera
especial en estos días tenemos muy presente la gran personalidad del
cardenal José Ratzinger, que ha querido escoger el nombre de Benedicto
como una bendición para la Iglesia y para la humanidad.
El Señor va a
permitir que a través de muchos datos, a veces insignificantes, podamos
conocer las maravillas de su inteligencia y la cercanía y ternura de su
corazón de Padre.
Así como el
otro día nos dejó admirados cogiendo el celular que le presentaba un
enfermo para saludar a sor María Cristina, enferma de un cáncer terminal o
como se acercó a los periodistas para conversar personalmente con ellos,
ciertamente que nos dará muchas sorpresas pero sobre todo nos orientará en
los momentos difíciles de nuestra sociedad.
Oremos por
Benedicto XVI y colaboremos económicamente con la “Caridad del Papa”.
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