4. Antonio Urzáiz
Gutiérrez de Terán: los propagandistas,
de nuevo, al servicio de la Iglesia española
Fernando José Vaquero
Oroquieta
Antonio Urzáiz Gutiérrez de Terán es el
actual secretario general de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdeP);
entidad fundamental en la historia del catolicismo social español que, en
la actualidad, sigue manifestando signos de enorme vitalidad.
En realidad, siempre lo han estado.
Antonio Urzáiz Gutiérrez de Terán es el secretario
general de la Asociación Católica de Propagandistas; entidad decisiva en
la configuración del catolicismo social español. Gallego de origen, padre
de 5 hijos, jurista de formación; desde su cualificada posición en ACdP,
es un testigo privilegiado de la situación que, actualmente, atraviesan la
Iglesia española y algunas de sus expresiones más vivas. Veamos el
resultado de nuestro encuentro.
Pregunta: ¿Podría resumir, en unos
pocos rasgos, las señas de identidad y objetivos de la ACdP?
Respuesta: La respuesta es muy
sencilla y muy compleja a la vez, tan sencilla como la difusión del
pensamiento católico en el orden social y política y tan compleja como el
llevarla a cabo.
P.:
¿ Qué objetivos se ha marcado como secretario general de la ACdP?
R.:
Los objetivos son los propios de la Asociación, yo como persona soy uno
más y no aporto nada nuevo. En estos momentos estamos centrados en una
revitalización de la misma, tanto a nivel interno de lo existente, como de
implantación territorial.
P.:
En un contexto de eclosión de numerosos movimientos eclesiales, nuevos
carismas y originales modalidades de acción social, la ACdP no sólo no ha
desaparecido, sino que experimenta una esperanzadora etapa de renovación,
rejuveneciendo sus cuadros, abriéndose a otras realidades eclesiales, y
afrontando nuevos proyectos de presencia, particularmente, en el mundo de
la educación. Su entidad, ¿tiene un espacio social y eclesial propio?
¿Puede ser cauce común para la acción pública de católicos formados en
distintas sensibilidades e itinerarios pedagógicos?
R.:
No debemos de olvidar que las asociaciones no son fines, son medios y en
tanto en cuanto útiles para el cumplimiento de sus fines perdurarán y si
dejan de tener sentido desaparecerán, lo cual no quiere decir que sean
malas.
En este sentido creo que Ángel Herrera Oria fue un
adelantado a su tiempo. Poner en marcha un carisma para formar laicos,
tanto espiritual como intelectualmente, para la vida pública, hoy nos
puede parecer algo obvio y natural, pero a principios del siglo XX en un
catolicismo tan clericalizado como el de la época era extraño. Hoy los
tiempos son otros, sobre todo a partir del Vaticano II, ni mejores ni
peores, distintos, aunque todavía queda mucho por avanzar en el compromiso
de los laicos, la senda está abierta.
La ACdP siempre ha tenido carisma de unidad, punto de
encuentro de católicos comprometidos con la vida pública, sin tener en
cuenta ni sus adscripciones políticas ni sus sensibilidades eclesiales.
Nuestro lema, desde sus orígenes, ha sido “Servir a la
Iglesia, como la Iglesia quiera ser servida”, (Este lema quedó en desuso
tras el Concilio Vaticano II, entendiéndose que la Iglesia, como tal, no
busca ser servida, sino servir) por eso nosotros siempre estaremos a lo
que digan nuestros pastores, en comunión constante con la iglesias locales
y sus pastores.
Nuestra Asociación es de acogida, pero no para
refugiarse en un sitio cómodo, al contrario la labor del propagandista
está normalmente y en la mayoría de los casos fuera de la propia
Asociación, la Asociación solo le da formación espiritual y temporal y en
algunos casos apoyos técnicos o materiales para desarrollar su actividad
en el ámbito que corresponda.
P.:
Numerosos católicos, formados y apoyados por la ACdP, han desarrollado su
vocación en los medios de comunicación social (ya no se usa lo de social).
En la actualidad, muchos, que sólo conocimos El Debate por los libros de
historia, y apenas el Ya en sus etapas finales, echamos de menos un gran
medio, impreso o electrónico, que sea ola referencia informativa y de
juicio del catolicismo español. ¿Qué opinión tiene al respecto?
R.:
Innegable la importancia que los medios de comunicación tienen a la hora
de formar opinión y esta es una forma de formar al pueblo. Recordar el
pasado para proyectarlo hacia el futuro, es bueno, ahora recordar el
pasado con añoranza, aplicando el principio de “cualquier tiempo pasado
fue mejor” creo que es un error. Los tiempos que nos han tocado vivir son
los que son, ni mejores ni peores. No todo es negativo, existen algunas
iniciativas, pequeñas, pero interesante que debemos apoyar. El semanario
Alfa y Omega, Fe y razón, por eso yo recomiendo comprar los jueves el ABC
y los miércoles La Razón, recientemente el semanario ALBA. Televisión
Popular y algunos programas de la cadena COPE, sobre todo los del servicio
socio-religioso y la llamada línea COPE. En el ámbito digital, la labor de
la Iglesia está siendo importante y con unos resultados esperanzadores.
Pondría si quieres un poco de énfasis en la mayor
presencia de opinión de cristianos en los medios, sobre temas de
actualidad.
Lo que dudo yo es que haya pueblo cristiano que reclame
un medio cristiano, cuando eso ocurra habrá hombres audaces que se
lanzarán a la tarea, sobre todo de generar contenidos, más que de promover
medios, especialmente en el caso de la televisión, aunque esta no vamos a
negarlo sea muy difícil.
P.:
En una Iglesia española constantemente acosada por el poder dominante, que
durante años ha experimentado un evidente repliegue social, y que
actualmente despliega una notable dispersión de tácticas e iniciativas,
los Congresos Católicos y Vida Pública, impulsados por una de las obras de
ACdP, ¿están contribuyendo a modificar este panorama?
R.:
Yo no creo que la Iglesia española esté constantemente acosada, lo que
ocurre es que se a producido un cambio sociológico muy fuerte en poco
tiempo y nos ha podido coger desprevenidos. Hemos pasado de una sociedad
en que estaba mal visto no ir a misa los domingos, a una sociedad donde
las manifestaciones antirreligiosas, aunque sean minoritarias, tienen su
eco.
Yo optimista, primero por un principio teológico,
Cristo nos ha redimido y ha vencido a la muerte. Por otro lado hemos
perdido en cantidad pero se ha ganado en autenticidad, hay que ver
esperanza el renacer de una Iglesia más comprometido. La ACdP siempre ha
defendido la unidad en lo esencial y libertad en lo accidental. Lo que no
tiene sentido es el enfrentamiento entre miembros de una misma Iglesia.
Nuestro presidente, Alfonso Coronel de Palma, habla del “ecumenismo
católico”, ¿cómo podemos pretender diálogo con otras religiones cuando no
somos capaces de dialogar con nuestros hermanos?
El Congreso Católicos y Vida Pública está siendo un
referente de cómo se puede compartir y vivir una experiencia entre
distintas realidades de Iglesia, es verdad que todavía quedan algunas que
cuesta que participen de ese espíritu, pero siempre estaremos esperándolas
con los brazos abiertos y saben que esa es su casa.
P.:
En la Iglesia española coexisten diversas sensibilidades que responden a
distintas concepciones eclesiológicas, a maneras muy distintas de entender
la identidad y pertenencia católicas y, en coherencia, a concepciones –en
ocasiones escasamente coincidentes- de la acción pública de los católicos.
Los Congresos Católicos y Vida Pública, ¿podrían constituirse un espacio
de encuentro y debate de esa riqueza eclesial, incluso de entidades
autodenominadas progresistas?
R.:
¿Y por qué no? Ese es nuestro espíritu, no en vano contamos entre los
miembros del Comité Organizador con personas como Francisco Vázquez o José
Bono. En distintos Congresos han participado figuras significativas como
Antonio Guterres, en aquel momento presidente de la Internacional
Socialista. Vemos con interés corrientes como la de Cristianos socialistas
que coordina con gran entusiasmo Carlos García de Andoín, quién también ha
participado en otro Congreso. Nosotros estamos abiertos y esa es nuestra
vocación, servir de punto de encuentro. Los únicos puntos mínimos que
pedimos, por otro lado creo que bastante razonables, son el sentirse
Iglesia y la comunión con el Papa y sus obispos.
P.:
¿Existe, todavía, un pueblo católico? ¿Cómo piensa desarrollar ACdP esa
estrecha relación, que ha mantenido históricamente con la jerarquía
católica española y el pueblo católico, que le permitió ser eficaz y
privilegiado instrumento al servicio de la Iglesia en tiempos difíciles?
R.:
El pueblo católico existe, esto no quiere decir que se identifique pueblo
español y pueblo católico. Gracias a Dios existen todavía muchos hogares
donde se vive en católico, ahí es donde se mantiene el rescoldo de la Fe,
la labor callada de las madres de familia en el ámbito pedagógico de la
Fe, no me estoy refiriendo a otros roles que hoy en día deben de
compartirse.
Todavía quedan hogares donde los niños aprenden a rezar
y donde se transmite por ósmosis la importancia del acontecimiento
cristiano.
Nuestra relación con la jerarquía ha sido y sigue
siendo de total disposición. Todos los obispos saben que nos tienen a su
disposición para lo que estimen oportuno y que solo tienen que marcar un
número de teléfono para enseguida concretar una visita y escuchar lo que
se nos pide. En cuanto a la relación entre el pueblo católico y la
jerarquía, todos los creyentes tenemos en la Parroquia nuestro lugar ideal
de desarrollo y compromiso y a través de nuestros párrocos la relación es
directa con nuestros pastores. No creo que se necesaria otra
intermediación.
P.:
Para algunos católicos, las diversas expresiones de la Democracia
Cristiana, a partir de la "transición" española, fracasaron en un doble
plano: no consolidaron un instrumento político que fuera voz de la mayor
parte de los católicos y no pudieron impedir la descristianización de
España impulsada desde los poderes públicos. ACdP ¿sigue aspirando a
formar políticos católicos? En caso afirmativo, ¿será la Democracia
Cristiana una referencia imprescindible en este empeño?
R.:
Yo prefiero hablar de católicos en política mejor que de políticos
católicos. Hoy no hay un partido católico. Según mi manera de ver tan
moral es pertenecer a un partido que a otro. Las teorías del mal menor,
muchas veces no dejan de ser complejas, ya que al final aunque sea menor,
sigue siendo un mal. Yo creo más en el bien posible.
Es necesario que los católicos que estén en partidos
políticos, hagan pública su creencia, pero no tanto en salir en la foto en
una procesión o haciendo declaraciones altisonantes, más bien en una labor
callada de bien hacer, de honradez, de compromiso con los más necesitados,
de defensa de las libertades y también como no de coherencia con sus
creencias, esto es lo más complicado. El problema que yo veo en estos
momentos, es que la voz de los católicos está acallada en los partidos
políticos, sean las siglas que sean y en cambio otros colectivos más
minoritarios sus propuestas tienen bastante más repercusión.
La ACdP tiene entre sus fines formar hombres y mujeres
para la vida pública desde una perspectiva cristiana. La vida política es
un ámbito de la vida pública, pero es que la vida política no es solo la
vida partidista. Yo no creo en el apoliticismo, no se puede ser apolítico,
¿cómo no le va a interesar a uno el como se organice la vida de la
sociedad en la que vive? Otra cosa es que no le convenza ninguno de los
partidos existentes.
La democracia cristiana tuvo su momento histórico, no
podemos olvidar los padres de la unidad europea, alguno de ellos en
proceso de canonización, pero en el momento actual hasta la propia
Internacional demócrata cristiana ha cambiado su nombre. Yo soy más
partidario de un pensamiento social cristiano. Pero es una opinión muy
personal.
P.:
Algunas actuaciones generadas en el seno de obras educativas de la ACdP,
han provocado feroces críticas desde determinados medios; de la mano
incluso de comunicadores católicos. ¿Con qué espíritu está afrontando
tales actitudes?, ¿acaso con tristeza o, tal vez, con propósito de
autocrítica constructiva?
R.:
Las obras educativas de la ACdP son, como su nombre indica, obras
educativas y tienen sus responsables y sus órganos de gestión, la
Asociación, a través de su Consejo Nacional, lo único que hace es velar
por el cumplimiento de los fines fundacionales.
Cuando se trata de decisiones que afectan a personas es
humano que haya distintos pareceres, a todos nos gustaría que las cosas se
hicieran de otra manera, pero debemos ser respetuosos con las personas a
las que se les ha dado la confianza poniéndolas al frente de nuestras
obras y si se equivocan tener la valentía de tomar las medidas que sean
oportunas.
Por otro lado hay un debilidad humana, hoy potenciada
por los medios de Internet, es el dar pié a la murmuración, las verdades a
medias, las confabulaciones. Para mí lo más penoso de todo esto, es que es
algo que destroza a la propia persona que lo genera. Una persona que es
capaz de generar esas críticas tan “feroces”, por dentro, como persona no
puede estar en paz consigo mismo. Por otro lado la autocrítica
constructiva es muy positiva, así como la corrección fraterna, pero esa se
mueve en otros ámbitos, no busca la notoriedad, el ¿qué hay de lo mío?, el
denunciar sin contrastar, el buscar los cauces de diálogo y el encuentro.
En esa postura es en la que no tenemos que encontrar, sabedores de que
somos naturaleza caída, que diariamente comentemos montones de errores,
que en algunos casos podemos herir a nuestros semejantes, pero que siempre
tenemos la posibilidad del perdón y la reconciliación.
P.:
Empeñados en formar buenos ciudadanos y capacitados profesionales, parece
haber pasado a un segundo plano, en algunos medios, el objetivo último de
la educación católica: la evangelización. ¿Qué retos deben afrontar, desde
su particular observatorio, los católicos implicados en el mundo
poliédrico de la educación?
R.:
Es verdad que hoy tenemos interés en
formar buenos especialistas y técnicos, más que buenas personas. Como
siempre vamos atrasados, en EEUU. las empresas de contratación de personal
llevan varios años valorando perfiles profesionales de corte humanista,
formación en filosofía e incluso en teología, para cargos de
responsabilidad en detrimento de técnicos o juristas. El compromiso en
ONGs es también valorado como capacidad de afrontar responsabilidad por
metas distintas a las meramente económicas. Decía Ángel Herrera Oria que
un periodista católico lo primero que tenía que ser es buen periodista,
debemos de forma personas de primer nivel, un hombre bien preparado es un
referente social y puede influir más en la sociedad. Los católicos
dedicados a la educación debemos retomar la fe en la labor que estamos
realizando, porque además objetivamente es así, de lo contrario podemos
caer en un derrotismo y quedarnos faltos de contenido.
P.:
En un mundo globalizado y de pensamiento único, cuyo destino se determina
en restringidos círculos financieros y de poder político de alcance
universal, ¿qué puede aportar la Doctrina Social de la Iglesia? ¿No es,
acaso, un instrumento obsoleto frente a las modernas modalidades de lucha
y de resistencia anti-globalización?
R.:
Creo que todo lo contrario, la Doctrina
Social de la Iglesia siempre ha sido actual y ponderada, hoy más que
nunca. Además no debemos de olvidar que se analizan los problemas del
mundo con el prisma de la Fé y una Fé que está basada en el hombre “hecho
a imagen y semejanza” de Dios. El problema es que no conocemos la Doctrina
Social de la Iglesia y si la conocemos la ignoramos y no la ponemos en
práctica. El Cristianismo se tiene que encarnar, de lo contrario se
convierte en un código de normas morales insufribles.
P.:
El actual gobierno del PSOE está desplegando una intensa campaña, desde
múltiples frentes, cuyo objetivo parecer ser, en última instancia, la
descristianización de España y la reclusión de la misma Iglesia católica
en las sacristías. ¿Comparte este juicio? ¿Es posible tender puentes de
diálogo constructivo con los pujantes y agresivos sectores laicistas
españoles?
R.:
Yo no comparto un juicio catastrofista, es verdad que lo que sale en los
papeles es la imagen de un PSOE radicalizado en temas morales, que no en
los económicos, pero creo que los más preocupados deben de ser los miles
de cristianos que han depositado su confianza en el Gobierno, pero por
otras razones muy distintas a las que se están poniendo de manifiesto. Por
otro lado ¿qué podíamos esperar?, sería lógico que partido que se define
como se define hiciera una política católica, ahí donde creo que debe de
estar la reflexión del católico a la hora de depositar el voto.
Los puentes y los cauces de diálogo siempre hay que
tenderlos, el don de la palabra es uno de los dones más maravillosos que
nos a dado el Creador y la capacidad de razonar nunca debemos de perderla.
P.:
La convocatoria y celebración de un referéndum, el pasado 20 de febrero,
facilitó la movilización de algunas expresiones del catolicismo social;
defendiendo posturas incluso encontradas. ¿Qué enseñanzas podemos extraer,
a su juicio, derivadas de estas apasionantes semanas?
R.:
Yo no llamaría apasionantes semanas, sinceramente he echado de menos un
debate constructivo y serio sobre lo que teníamos entre manos. Salvo la
honrosa excepción de la cadena COPE donde hubo pluralidad de posturas e
incluso interesantes debates constructivos entre compañeros, la campaña ha
sido muy pobre. Al hilo de los acontecimientos todas las posiciones eran
respetables y todos podemos tener la sensación de habernos equivocado. Si
tenemos que acostumbrarnos a que los temas accidentales no deben de
influir en la unidad de criterios en los temas fundamentales.
Muchas gracias.
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, nº 92,
marzo 2005. |