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3. Jesucristo, luz para el mundo

José Ignacio Alemany Grau, Obispo

El Papa Juan Pablo II decía que debemos irradiar esa luz en la sociedad y en la cultura, es decir, en nuestro entorno.

Juan Pablo II, antes de partir para el cielo, nos dejó el regalo del Año de la Eucaristía. Un tiempo especial para agradecer el don más maravilloso de Jesús.

Y refiriéndose a la Fiesta del Corpus, dice así:

Que este año se viva con particular fervor la solemnidad del Corpus Christi con la tradicional procesión. Que la fe en Dios, que, encarnándose se hizo nuestro compañero de viaje, se proclame por doquier y particularmente por nuestras calles y en nuestras casas, como expresión de nuestro amor agradecido y fuente de inagotable bendición”.

Ojalá que todo esto sea una realidad. Precisamente para hacerlo posible quiero, en este artículo, recordar algunos pensamientos de la última carta que nos escribió Juan Pablo, el Grande, y que se titula: “Quédate con nosotros, Señor”:

La Eucaristía es un modo de ser que pasa de Jesús al cristiano y, por su testimonio, tiene que irradiarse en la sociedad y en la cultura”.

Los Santos Padres nos hablaban del misterio de la luna. Se referían a la luna cuya luz no es propia, sino que viene toda del sol. La comparación es bella. Jesús es la luz y es Él quien nos ilumina e incluso nos permite iluminar a otros.

El Papa decía que debemos irradiar esa luz en la sociedad y en la cultura, es decir, en nuestro entorno.

Al añadir Juan Pablo los cinco nuevos misterios al Rosario los llamó luminosos, porque precisamente se referían al tiempo en que Jesús vivió en la tierra y es fue el mismo quien nos dijo: “Mientras estoy en el mundo yo soy la luz del mundo”.

La comparación va más lejos. Porque si dijo de sí mismo que era la luz del mundo (es decir el sol) también dijo: “Ustedes son la luz del mundo”.

No podemos negar que la comparación es muy poética: el sol, la luna, la luz, nosotros. Pero el Papa no quiere que quede en teoría por eso añade cómo hay que llegar a irradiar la luz eucarística:

Para lograrlo es necesario que cada fiel asimile en la meditación personal y comunitaria, los valores que la Eucaristía expresa, las actitudes que inspira, los propósitos de vida que suscita. ¿Por qué no ver en esto la consigna especial que podría surgir del año de la Eucaristía?”.

Es una propuesta interesante que debemos asumir: meditar en la Eucaristía para asimilar los valores, los criterios evangélicos, que nos enseñó Jesús con su vida y que mantiene para nosotros en la Eucaristía.

El contacto con Él nos ayudará a iluminar a los demás.

Algo más quiere Juan Pablo en el año de la Eucaristía, que debemos recalcar mucho:

No pido que se hagan cosas extraordinarias, sino que todas las iniciativas se orienten a una mayor interioridad. Aunque el fruto de este año fuera solamente avivar en todas las comunidades cristianas la celebración de la misa dominical e incrementar la adoración eucarística fuera de la misa, este año de gracia habría conseguido un resultado significativo”.

Otro pensamiento importante:

Hay otro punto aún sobre el que quisiera llamar la atención, porque en él se refleja, en gran parte, la autenticidad de la participación en la Eucaristía celebrada en comunidad: Se trata de su impulso para un compromiso activo en la edificación de una sociedad más equitativa y fraterna”.

El Papa, siguiendo el ejemplo de servicio de Jesús, nos invita a compartir. No es posible que siendo hermanos y alimentándonos del mismo pan, mientras unos mueren de hambre, otros tengan de todo.

Por eso concluye Juan Pablo:

¿Por qué no hacer de este año de la Eucaristía un tiempo en que las comunidades diocesanas y parroquiales se comprometan especialmente a afrontar, con generosidad fraterna, algunas de las pobrezas de este mundo? Pienso en el drama del hambre… en la soledad de los ancianos, la desazón de los parados, el trasiego de los emigrantes”.

De esta manera la Eucaristía nos llevará a poner los pies en la tierra, como suele decirse, o como añade el mismo Juan Pablo:

En base a este criterio se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas”.

 
 

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