2. El “teólogo”
vidente
Pedro L. Iglesias Martínez
Si quieren otra iglesia ¿por qué no la fundan ellos?
Sólo tienen que morir un viernes y resucitar al domingo siguiente. El
futuro de la actual está en las manos de Aquel que la fundó, con el pesar
y la condolencia de ciertos teólogos no católicos.
Mientras Juan Pablo II agonizaba, el Periódico de
Catalunya hacía trabajar sus rotativas, dándole “cancha” en el “artículo
del día” (El Periódico, 3-IV-2005) al presidente de la Asociación de
Teólogos Juan XXII, el Sr. Miret Magadalena, artículo con el título “EL
FUTURO DEL CATOLICISMO”.
El artículo, a cuatro columnas, aboga a que una vez
terminado el pontificado de Juan Pablo II, es el momento de que la
estructura de la Iglesia cambie, adaptándose a los retos de la sociedad
actual. Ese adaptarse supone, siempre a juicio del Sr. Miret Magdalena,
entrar en una modernización mediante la cual la Iglesia deje de perder
adeptos, cosa que por otro lado a su asociación le beneficiaria pues
alguna de estas “pérdidas” quizás pasaran a engrosar sus famélicas filas
de teólogos renegados o quizás más bien... ¿heréticos?
Por modernización, entiende el
Sr. Miret, que la Iglesia estudie el tema del preservativo, en relación
con el Sida “…cuya eficacia es del 100% en casi todos los casos”
(A quien escribe le gustaría que el Sr. Miret explicara cómo si la gente
no hace caso a la Iglesia y sigue con su promiscuidad y su “gomita” ¿cómo
es que se contagian y además se mueren?), o que se plantee una cuestión
que no puede ser ocultada por más tiempo, los matrimonios entre
homosexuales que tienen derecho a vivir su propia vida, teniendo en cuenta
que la homosexualidad es “Una realidad que afecta al 8% de la
humanidad” (¿Pero dónde ha realizado
ese estudio estadístico? ¿entre los miembros de la sociedad de “teólogos”
que preside?). Por supuesto, que este “teólogo” aconseja que la Iglesia se
aleje de su defensa de los embriones congelados y se pueda trabajar con
“células madres que no se destruyen” (se debe referir a las embrionarias
pues de las otras la Iglesia no ha dicho ni esta boca es mía) en pos de
hipotéticas soluciones a males incurables. La eutanasia también entra en
la línea programática del Sr. Miret, lo cual es razonable (en el momento
de escribir su artículo) ante la oportunidad que brinda un Papa
agonizante, cabeza de la Iglesia, que anatemiza los postulados de esta
asociación de teólogos no católicos, que el Sr. Miret preside.
Como católico que soy, agradezco al Periódico de
Catalunya su preocupación por el futuro de la Iglesia al término del
pontificado de Juan Pablo II, pero creo que hay un pequeño fallo y es,
siempre a mi criterio, que los análisis efectuados desde fuera de la
institución eclesial, en ocasiones están faltos de rigor y sobrados, en
este caso, de rencor.
El Sr. Enrique Miret Magdalena, actual presidente de la
Juan XXIII, químico de profesión, seglar, y que suele firmar como
«teólogo», es otro anciano con prurito de escribir. En escritos colectivos
o en artículos individuales, estos generalmente indigeribles, se ha
opuesto a la doctrina oficial de la Iglesia en todo: divorcio, aborto,
ética sexual, píldora, marxismo, homosexualidad, celibato, Juan Pablo II...
Apoyó cuanta manifestación contestataria se produjo y su tesis podría
resumirse del siguiente modo: la Iglesia ha sido y es un asco y sólo
dejará de serlo si deja de ser Iglesia para convertirse en una asamblea
sin autoridad ni leyes en la que un vago espiritualismo serviría de nexo a
sus miembros.
Si quieren otra iglesia ¿por qué no la fundan ellos?
Sólo tienen que morir un viernes y resucitar al domingo siguiente. El
futuro de la actual está en las manos de Aquel que la fundó, con el pesar
y la condolencia de ciertos teólogos no católicos.
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