3. Dignidad de la
vida humana
Jesús Martínez Madrid
Toda vida tiene gran dignidad, pues una vida humana
frágil es fuerte como persona y nunca es tan frágil la vida como al nacer
y como al morir
A raíz de la muerte de Terry Schiavo ha vuelto a
aparecer la sensibilización por la dignidad de la vida humana. A través de
ciertos medios de comunicación europeos nos vamos enterando que muchas
personas mayores de los Países Bajos (Holanda y Bélgica) en los que está
autorizada la eutanasia, temerosos de que se les aplique una inyección
letal sin su consentimiento, están viajando a otros países para preparar
la última etapa de su vida.
Por eso nuestra sociedad occidental ha creado chantajes
disimulados con lenguaje democrático y así mediante la implantación del
aborto es capaz de prohibir a otros seres humanos la capacidad natural de
la alegría de vivir (el año pasado se cometió un genocidio legalizado que
llevó a la muerte a 80.000 españoles), o a considerar la eutanasia como
una muerte digna. Parece claro que la sombra de Nietzsche se prolonga en
nuestra sociedad y que la negación de Dios y la apología del hedonismo en
muchos ámbitos intelectuales occidentales se debe mucho a l filósofo
alemán.
Es que ante el lema “Dios ha muerto. Viva el
superhombre”, la vida de los inferiores (embriones, ancianos, marginados)
carece de valor y tiene sentido la afortunada fórmula de Doctoievski “Si
Dios no existe, todo está permitido”. Esto explica que entre las capas de
nuestra sociedad “sin Dios” se forme una costra capaz de permitir y
justificar atentados a la dignidad humana y aberraciones impensables.
Hasta la muerte certera, que es la memoria indeleble de
la vulnerabilidad humana, se oculta tácticamente silenciándola,
considerándose su recuerdo como el único acto obsceno en la sociedad
moderna, pues es reveladora de nuestra desnudez y en esta nueva sociedad
sólo cuenta la energía y la fuerza.
Toda vida tiene gran dignidad, pues una vida humana
frágil es fuerte como persona y nunca es tan frágil la vida como al nacer
y como al morir. Para terminar me gustaría que reflexionemos con la
siguiente frase. “La realidad es que la fragilidad humana asoma
continuamente por los poros de la vida cuando uno se quiere acercar a ella
en actitud de acogida” (Gloria Thomas: Manual de bioética).
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