5. El misterio de la
Iglesia
Miguel Rivilla San Martín
En la Iglesia de Cristo, Dios y hombre verdadero, se
debe apreciar lo que se ve —institución humana con limitaciones— y lo que
no se ve, su misión divina y espiritual.
En la Iglesia de Cristo, Dios y hombre verdadero, se
debe apreciar lo que se ve —institución humana con limitaciones— y lo que
no se ve, su misión divina y espiritual. Ambos aspectos, el humano y el
divino, constituyen el misterio indisoluble e insondable la Iglesia.
Todo aquel que pretende acercarse al misterio de la
Iglesia y se queda en la cáscara de la visión humana, social o política,
más o menos estereotipada, sesgada y parcial, nunca llegará a comprender
la realidad de la misma. Mucho menos lo logrará quien no deponga sus
prejuicios preconcebidos o carezca de fe.
Para penetrar el misterio de la Iglesia y conocer lo
que ella es en realidad, hay que tener, ante todo, unos ojos y un corazón
limpios. Hay que partir del hecho histórico de que la Iglesia católica,
como cualquier otra institución humana, participa de las mismas
limitaciones y fallos de las demás, compuesta por hombres falibles y
pecadores.
Su
misión es,
fundamental y esencialmente, espiritual:
el anuncio del Reino de Dios y la conversión de los hombres a Dios, dando
a conocer a Jesucristo como único Salvador de la humanidad. Al mismo
tiempo, precisa para este fin de los medios y personas humanas que a veces
obnubilan su primordial misión espiritual.
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