8. Jornada de
reflexión
Mikel Agirregabiria Agirre
¿Quiénes decide el penúltimo día, justo antes de la
jornada electoral? ¿Por qué vale la pena definirse aunque sea tan
tardíamente?
Quien duda, reflexiona; quien reflexiona, descubre; y
se aleja de la perplejidad y del error. La reflexión actúa como el ojo del
alma, pero requiere una accesible pero inusual condición: La soledad como
preámbulo de la reflexión. No en vano, la vida, el amor, la voluntad,… son
meros conflictos entre los instintivos reflejos y las reflexiones cabales.
La antesala de los días electorales se define como la
“jornada de reflexión”. Quizá merecería llamarse también el “día de la
emoción”. Las campañas, los programas y los mensajes electorales ya han
proporcionado información al electorado. Sólo queda rumiarla, a fin de
decantarse por alguna de las opciones disponibles. Al llegar esta fecha,
la mayoría del electorado —que se estima en las tres cuartas partes— ya ha
decidido su voto, seguramente más por lealtad, consecuencia y confianza en
su candidatura distinguida durante años, que por nuevos argumentos
escuchados recientemente.
Por tanto, toda la publicidad y el debate multipartito
se dirige hacia quienes oscilan en su voto, y sobre todo hacia quienes no
se han decidido a votar. Esta ciudadanía, la quinta parte del total, debe
hallar un motivo que le estimule a ir a las urnas, venciendo probablemente
la inercia de anteriores abstenciones.
Un buen argumento para animar a participar podría ser
que no cabe excusa alguna para justificar la apatía. No vale que ninguna
opción partidista sea satisfactoria, porque el voto en blanco o nulo puede
expresar ese rechazo generalizado. Tampoco que todos los partidos sean
parecidos, porque siempre hay matices de preferencia que merecen ser
reconocidos.
Las elecciones son una decisión conjunta que requiere
la máxima participación social, para que una comunidad se reconozca
conjuntamente y se comprometa con una apuesta unida y decidida por
aquellas soluciones de convivencia colectiva que resulten preferidas en
las urnas.
La conclusión es evidente: Hoy es día de pensar y de
sentir, mañana de acudir y votar, y pasado mañana de analizar comprender,
porque la insolente realidad social se mostrará en todo su esplendor. Nos
aguardan las ya prestas urnas nocturnas, que pronto serán diurnas.
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