10. Un poeta para la
ciudad del mundo
Víctor Corcoba Herrero
El mundo de la globalización necesita de un poeta que
nos conmueva y nos mueva a reunirnos y a unirnos entorno a las esencias de
la voz. Se dice que el secreto de Juan Pablo II fue un amor sin límites.
Alguien dijo: dadme una metáfora y moveré el mundo. Ya
los antiguos trovadores nos recitaban vivos cantares, presentados bajo el
disfraz del verso, que ponían en movimiento almas perdidas. En la trama
del mundo, los poetas, son personajes que identifican, comparan o
advierten sobre la atmósfera de la vida, en cuyo escenario debaten o
describen imágenes de siempre, luces y sombras, haciéndonos ver horizontes
que son, en realidad, universos a conquistar. La universalidad y
contemporaneidad del Quijote, precisamente, se debe a que detrás de la voz
está un soñador de versos que reflexiona en poesía. Nos hace falta, con
urgencia, un poeta para la ciudad del mundo, capaz de resucitarnos la fe
en los derechos universales. Convoquen recitales poéticos y haga cónclave
el pueblo para ello.
Un vecindario despierto a la belleza, forjará consensos
que aletarguen el caos, hará frente a las nuevas amenazas, con el verso en
los labios, siempre dispuesto al diálogo compartido, sin discriminación
alguna. Antes que sacar pecho, cada vecino debe mostrar el corazón. Luego,
acallen la voz triunfalista los ciudadanos, si en el mundo de la
abundancia hay un pobre en cada esquina o si en el mundo de la pobreza hay
un rico que domina. Que vengan los poetas a plantar denuncias a todo aquel
que no sienta la pobreza ajena como propia. Asimismo, al consejo de
verdaderos poetas, remito petición de que aquellas autoridades que
carezcan de imperativo ético en su hoja de servicios, se les impida
continuar en el gobierno de la ciudad del mundo.
El mundo de la globalización necesita de un poeta que
nos conmueva y nos mueva a reunirnos y a unirnos entorno a las esencias de
la voz. Se dice que el secreto de Juan Pablo II fue un amor sin límites.
Un amor sin reservas. Un amor a la verdad. Un amor al poema de abrir el
corazón al corazón del mundo. Pienso que una vida en poesía, lejos de
doquier poder viciado, es lo que nos hace falta para ahuyentar el diluvio
de provocaciones que nos asaltan a diario en el diario de la vida. Cuidado
con los sembradores de hostilidades. Puede llegar a considerarse la
agresión como algo normal para defenderse. Cuestión peligrosa para la
convivencia de los unos con los otros. En cualquier caso, los asuntos
humanos, deben tratarse humanamente. Porque la paz no se escribe desde las
rejas de la vida, sino desde el verso del alma.
Es una buena noticia, para la ciudad del
mundo, que los telediarios
de la televisión pública española emitan series de reportajes dedicados a
los Quijotes de nuestro tiempo, una mirada a personajes que luchan por
causas imposibles y que se empeñan en cambiar nuestro mundo. Vale la pena
esta apuesta. A veces puede resultar un imposible o una meta inalcanzable
que el mundo vuelva a ser la poesía que pudo haber sido y no fue, porque
los intereses particulares han prevalecido sobre el bien de todos. Por
ello, resulta esencial el desarrollo de una conciencia poética, puesto
que, cuando está amenazada la paz en algún lugar del mundo, lo está en
todo el globo terráqueo. Todas las distancias nos alcanzan de lleno.
Ya Calderón veía al mundo como un teatro que necesitaba
de la voz de un poeta para alentar la vida y no morir en el intento. En
este sentido, un poeta moderno como Octavio Paz, ha escrito, con palabras
que parecen una glosa de los autos calderonianos, un verdadero manifiesto:
“Por obra del Mito y de la Fiesta, el hombre rompe su soledad y vuelve a
ser uno con la creación”. Falta nos hace volver a esa unidad perdida.
Quizás sea porque la enseñanza ha dejado de transmitir conocimientos
solidarios a favor del bien y la verdad. El descaro o la sonrisa fingida
no pueden consentirse. En poesía, los versos forzados, nada dicen. Esto de
negar la evidencia y lavarse las manos, genera un clima de anormalidad que
convendría poner en orden. Tanto es así, que subrayo lo de crear un pacto
por la regularidad de las instituciones y demás entes de servicio público,
frente al diluvio de irregularidades que nos dan gato por liebre, hecho
probado y reprobado por los ciudadanos en el parte diario de sus vidas. O
lo que es lo mismo, en cartas al director de tantos medios de
comunicación. Porque la justicia suele hacerse justicia tarde o nunca. Qué
desgracia en un Estado de derecho.
En la ciudad del mundo, donde gobierna un poeta, quiero
pensar que en vez de crear centros de memoria histórica, se pone en verso,
o sea en acción, la memoria literaria que nos habla de libertades que
dignifican al ser humano. También quiero creer que allí no existe la
revancha. Ni el desquite. Ni la represalia. Ni el desagravio. Ni el miedo.
Hace falta libertad para vivir y un orden social justo para convivir.
“Suéltate el pelo” dice un anuncio de belleza y moda. Quizás tendríamos
que soltarnos a que cesen las muertes y los ataques a inocentes,
desengancharnos del odio y la violencia, destrabarnos y lanzarnos a que
nadie quede excluido de vivir, echarnos a la calle como ya hicieron poetas
de otras edades, a salvar la verdad aunque no coincida con la opinión de
la mayoría. Nombremos, pues, a un poeta por amor a la vida y por
necesidad, en un mundo donde cohabitan dioses endemoniados, sin compasión
alguna. Todo se fractura, se divide, se divorcia, se confunde. Para no
fiarse ni de la sombra que lleva consigo cada cual. Que un poeta nos
alegre los oídos, es tan urgente como necesario. Queda dicho.
|