6. Propiedad en los
vocablos
Miguel Rivilla San Martín
Dada la rapidez y prisas en que la generalidad de la
profesión periodística se desenvuelve, son escasos los escritores que
cuidan el uso correcto de los, contribuyendo, inconscientemente, al
confusionismo popular.
El uso correcto de los vocablos, no solo es un deber,
que se presume en cualquier profesional de los medios, tanto orales como
escritos, sino que es la mejor correa de transmisión de cultura y
educación del público al que se dirige.
Dada la rapidez y prisas, en que la generalidad de la
profesión periodística se desenvuelve, contra reloj, son escasos los
escritores que cuidan este aspecto importante, contribuyendo,
inconscientemente, al confusionismo popular.
He aquí, a modo de ejemplo, cómo titulaba un medio
influyente en la opinión publica, el resultado de un experimento:
“Cientificos de EEUU hibernan a un ratón durante seis horas y lo
“resucitan”. El vocablo “resucitar”, en el presente caso, está usado
impropiamente. Tendrían que haber empleado otros similares, más propios de
la realidad que describían, como “resucitación”, “reavivación”, “revivir”,
“volver a la vida”. En efecto.
Según enseña la teología, sólo se ha dado en la
humanidad una resurrección, la de Cristo (no volvió a morir). La de
Lázaro, la del hijo de la viuda de Naín, la de la hija de Jairo, no fueron
resurrecciones, sino reanimaciones = volvieron a morir. Cristo al tercer
día vive ya una vida nueva, maravillosa, distinta de la anterior.
No es una nimiedad lo apuntado y mucho menos si lo
aplicamos a personas creyentes, que proclaman creer en la resurrección de
los muertos y en la vida eterna.
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