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3. Muy preocupado

Pedro L. Iglesias

Para avanzar en la sociedad actual, lo importante es no hacerse y menos hacer a otros preguntas indiscretas o políticamente incorrectas, pues todas están contestadas a priori, desde el relativismo, como “vademécum infalible” del sistema democrático. No importa si debe, si se puede, se hace y no se da un paso atrás ni para coger carrerilla.

Dicen que el que avisa no es traidor, y el Gobierno de España, estaba avisado de que si continuaba adelante con su proyecto de legalizar las uniones homosexuales encuadrándolas en el tratamiento de “matrimonio” iban a llover chuzos, así ha sido, y no tiene visos de escampar. Todo ello fruto del manejo de un sector de la sociedad, intransigente, fundamentalista y reaccionario, religioso o no, que es incapaz de comprender la bondad del “no-pensamiento”, de esa corriente de relativismo que mitiga y atempera el dolor de la conciencia este pueblo, arduamente castigada por tesis y dogmas católicos durante siglos. El español de hoy día, gracias a un Gobierno progresista ha logrado despojarse de la tiranía de ese yugo de la ley natural. La conciencia, así, puede mudar tranquilamente lo moral por lo legal, e incluso, rizando el rizo, lo legal por lo legítimo del ser humano.

Para quienes peinamos canas, y andamos ya más cerca de la tumba que de la cuna, esto nos da una gran tranquilidad, al pensar en el futuro que estamos construyendo para nuestros hijos y nietos. Tenemos un Gobierno, democráticamente elegido en un día con olor a Goma-2, que la ultima pregunta que se harían retóricamente nuestros próceres, sería aquella de Poncio Pilatos en el pretorio “¿Qué es la verdad?” Con todos los problemas que tienen nuestros mandatarios, como para ocuparse de estas nimiedades filosóficas.

Para avanzar en la sociedad actual, lo importante es no hacerse y menos hacer a otros preguntas indiscretas o políticamente incorrectas, pues todas están contestadas a priori, desde el relativismo, como “vademécum infalible” del sistema democrático. No importa si debe, si se puede, se hace y no se da un paso atrás ni para coger carrerilla.

Por ejemplo, si hay dudas sobre cuando la persona es persona, no pasa nada. Se tira de BOE, se legisla que hasta que el feto no haya tomado la cuarta papilla no es humano y que el aborto es simplemente quitarse una tumoración y a otra cosa. O si bien, algunos conciudadanos deciden solucionar la injusticia de una naturaleza despistada y equivoca, y que es lo mismo “la carne que el pescado”, pues nada, igualamos lo desigual y quien se moleste que se guarde sus objeciones, pues el individuo está al servicio de la ley por el bien de todos. Eso son leyes y no las Tablas de Moisés. Estamos en un país democrático y las cadenas que las lleven los penitentes en la Semana Santa de Málaga, que queda muy folklórico.

Total, la vida son cuatro días, y dos llueve, así que no vamos a desperdiciarlos buscando la verdad. Está decretado por nuestro Gobierno, desde la más pura ortodoxia relativista, que la verdad, o bien no existe, o corre más que nosotros y es inalcanzable por lo que no es menester el perseguirla. El Gobierno, velando por bien común como si de un buen "progenitor” se tratara, nos propicia unas “verdades de diseño” desde la más escrupulosa legalidad democrática. Y frente a este avance, los ultramontanos monoteístas y simpatizantes, se rasgan las vestiduras queriendo perpetuar estructuras morales que complican el pensamiento y constriñen “los bajos”.

Cuando parecía que se echaba el cierre a una época (con broche de oro, eso si) en el entierro del anterior Jefe del Estado Vaticano, les llega el recambio, Benedicto XVI, y suelta perlas como que “…el hombre y la mujer han sido creados el uno para el otro”, “…Jesucristo es la medida del verdadero humanismo”, “…el relativismo no reconoce nada como definitivo y solo deja como última medida el propio yo y sus ganas” o algo tan peregrino como “…quien cree nunca está solo; no lo está en la vida, ni tampoco en la muerte” ¿Será posible que el nuevo Papa no haya tenido tiempo de ver la excelente película de Amenabar, “Mar adentro”?

Dejando de lado estas menudencias, es innegable que en nuestro país, caminamos hacia el progreso en este sigo XXI, gracias a una democracia fundamentada sobre la sólida base de una ciudadanía que no tiene que dar respuesta de nada, pues todo es relativo y “según el color del cristal con que se mira”. Lo único que me inquieta y desvela, es que claro, si todo es relativo, también lo es la democracia, y por lo tanto, dentro de la más pura legalidad relativista, a lo peor no sólo se cambia un Gobierno con simples papeletas en las urnas…

En verdad (hasta donde alcanza la verdad relativista), esto me preocupa y desazona.

 
 

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