5. Riqueza verdadera
Mikel Agirregabiria Agirre
Descubriendo la grandeza de algunas gentes, que por
nuestra pereza y simpleza suele pasarnos desapercibida.
Todos los días, mi esposa Carmen y yo paseamos por
Getxo. Nuestro recorrido predilecto va desde el Puente Colgante hasta el
Puerto Nuevo, donde la elegante y variada arquitectura capitula ante la
belleza natural de la costa vasca. En apenas dos kilómetros pueden verse
desde gigantescos barcos mercantes que navegan por la Ría Nervión-Ibaizabal
hasta gráciles veleros o ferries por el Abra de Bilbao, tres playas y
varios monumentos históricos junto a palomas y gaviotas, pero lo mejor es
la gente con la que te encuentras.
Ayer caminando en nuestro trayecto habitual,
descubrimos que vivimos entre personas “ricas”. Pero “ricas” de verdad.
Queremos compartir nuestro hallazgo, porque en todas las sociedades y en
todos los pueblos hay “gente acaudalada”, pero no son necesariamente los
“millonarios en dinero” que creemos por ser tan visibles. La genuina
riqueza se disfraza, muy a menudo, de enfermedad, de pobreza, de flaqueza,
de torpeza y de crudeza en la corteza. Porque la auténtica fortaleza
reside interiormente en la sutileza de la agudeza, en la certeza de la
entereza y en esa nobleza que sólo otorga la proeza de sobrevivir.
Quizá sea grandeza y delicadeza, mejor que riqueza, lo
que caracteriza a estas personas de firmeza y gentileza, de dureza y
pureza, de belleza con tristeza, justeza y largueza. Sólo los niños
“reconocen” a esas personas que se han hecho “grandes”, día a día, porque
cabeza, listeza, destreza, franqueza y realeza se acumulan únicamente
ganando la batalla cotidiana de la existencia, atesorando arrugas que son
las cicatrices de la experiencia.
Si aún no lo has entendido, quizá necesites unas horas
más, unos meses más o unos años más. Con suerte al final serás tan “rico”
como cualquier anciano, y todo lo comprenderás. Porque no hablamos de
riqueza económica, sino de riqueza en pasado, en alegría compartida, en
vida subsistida y transmitida. Nos referimos a los “verdaderos ricos” que
son los abuelos de la Tierra, los aristócratas de la Vida, los añosos
vencedores del Tiempo.
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