5. Maternidad
inteligente es maternidad natural
Hoy día, son muchas las mujeres que están cansadas de
los juegos de equilibrio para mantener una profesión y atender a sus
hijos.
El ser humano es un extraordinario trapecista. La
Historia de la humanidad se asemeja a un circo. Parece que según pasa el
tiempo, el slogan “Señores, más difícil todavía” se hace realidad. Lo más
difícil se consigue acercándose a los límites entre lo posible y lo
imposible. Ahora es el tiempo de la mujer, y como acróbata no lo hace nada
mal.
Hace un tiempo Jennifer Roback, economista neofeminista,
e investigadora de la Universidad de Standford publicaba un libro titulado
“Amor y economía”, donde reflejaba de alguna manera su experiencia
personal. Se cansó de profesionalizar su hogar (niñeras, guarderías…) y,
al mismo tiempo, deshumanizar su puesto de trabajo, en el que debía
esconder su papel de madre. Ella misma dice “Ahora he humanizado mi
trabajo: ¡sí, soy madre y voy a irme antes porque a la niña le están
saliendo los dientes este mes! ¡¡¡¡Qué pasa!!!! Y he desprofesionalizado
mi hogar: en vez de una niñera o de una guardería, ahora mis dos hijos
tienen una madre de verdad”. En otras palabras se cansó de la profesión de
acróbata e hizo una elección biológicamente responsable.
Es de sabios conocer la naturaleza para
aliarse con ella y sacarle el mejor partido. Los mejores años para que una
mujer sea madre son los de su juventud. Su cuerpo y su psicología están
dispuestos para realizar con éxito un juego complicado, el de la
maternidad, del que dependerá también la humanización de sus hijos. La
maternidad se inicia en el momento de la concepción y no finaliza en el
momento de dar a luz. Justo a partir de ese momento esa pequeña criatura
dependerá no sólo físicamente, sino también afectivamente, de la cercanía
y del trato que se establezca con su madre. No es justo engendrar un hijo,
para convertirlo en un huérfano por horas, o en un producto de alquiler en
brazos ajenos. Aceptar la realidad de la propia biología y
vivirla con naturalidad es lo más inteligente.
Identificarse con la realidad de ser madre es un arte,
pero un arte natural. Hoy día, son muchas las mujeres que están cansadas
de los juegos de equilibrio para mantener una profesión y atender a sus
hijos. Se ponen nerviosas cuando están en el trabajo y les llaman de su
casa para decir que el niño tiene fiebre; se tensan cuando en la oficina
el trabajo se alarga, y no dejan de ver el reloj sabiendo que sus hijos
están solos. Las citas con el médico de los niños son una tortura si sólo
atienden en horario de trabajo, las guarderías que les gustan son muchas
veces privadas y caras, o están lejos de la casa y del trabajo; dejar los
niños con alguna de las abuelas les inquieta porque saben que los niños no
paran un momento, y una mujer mayor no tiene los mismos reflejos… Los
índices de estrés y tensión son altos. Esto nos lo pueden confirmar los
psicólogos, que tienen en sus listas de pacientes una buena cantidad de
mujeres, con el mismo perfil: joven profesional, y madre.
No todas las mujeres actualmente pueden
elegir con inteligencia ser madres cuando ellas lo desean. En ocasiones,
la necesidad de aportar al hogar un sueldo es la que obliga a la espera;
pero más a menudo son las creencias, ya arraigadas en el colectivo
inconsciente, las que le hacen retrasar su maternidad o sencillamente no
entregarse a ella con toda su persona. Ideas como: “es una pérdida de
tiempo estudiar una carrera para después cuidar niños”, “Tienes que
trabajar porque es injusto que dependas económicamente de tu marido;
tienes que ganar tu propio dinero”… Utilitarismo, materialismo,
individualismo… nunca asfixiarán la felicidad profunda que tiene una madre
cuando puede darse con todo su ser al hijo que ama. El cuidado
de un ser humano no es una profesión, es una forma de vida que no tiene
precio, y de la que depende la
humanización misma de la sociedad.
Habría también que cuestionarse sobre las profesiones
que piden absolutamente todo entre los 25 y los 40 años, como por ejemplo
el mundo académico o el de la empresa. Es absurdo escuchar a una mujer que
diga, tengo dos carreras, un doctorado y un hijo. ¡Un hijo es un ser
humano no se puede enlistar como si fuera un título más! Lo mismo sucede
en muchas empresas en que sólo se contrata antes de los 30. ¿Y después?
¿Acaso la persona rinde menos? Seamos sinceros, les sale más económico
porque el sueldo que tienen que pagar a un joven siempre será menor que el
del profesional con experiencia.
Estoy convencida de que existen otros caminos
alternativos para que las mujeres puedan realizarse intelectual,
profesionalmente, y tengan la libertad de elegir su maternidad en el
tiempo que biológicamente les ofrece la naturaleza. Somos las mismas
mujeres las que hemos de pensar y crear nuevos estilos profesionales,
donde se pueda conciliar la maternidad no sólo con un horario flexible de
trabajo, sino incluso con un calendario de años flexible, por ejemplo. ¿Se
atrevería alguien a contratar a una mujer a los 21 años, ofrecerle a los
26 que forme una familia y se entregue a sus hijos, y esperarla… por
ejemplo hasta los 35 o 40? ¡Que locura! Posiblemente este tipo de ideas lo
sean, pero más locura es seguir negándole a la madre lo que por naturaleza
tiene derecho a vivir ella, su esposo y sus hijos.
Conozco mujeres de 40 años en adelante, que después de
haberse entregado íntegramente a su maternidad, cuando sus hijos comienzan
a volar, han iniciado unos estudios universitarios, y han llegado a
desarrollar una inteligente carrera profesional. La edad promedio cada vez
crece más en los países del primer mundo. Trabajar de los 40 a los 75 no
está nada mal. Y además pudiendo aportar todo lo aprendido en humanidad.
Una mujer-madre sabe mucho mejor que otra cómo manejar tensiones, entender
a quien no sabe comunicarse, esperar a quien aún no despunta pero es
potenciable, y levantar el ánimo del que fracasa. El día que las empresas
se atrevan a apostar de verdad por el ser humano, sabrán valorar la
maternidad, la respetarán, la fomentarán y contarán en sus filas a mujeres
que fueron madres, para que les ayuden a seguir humanizando su empresa y
su mundo.
La
mujer que puede y quiere elegir lo biológicamente más responsable en orden
a su maternidad es también una mujer inteligente;
la profesión se puede reconquistar pero no las cualidades que acompañan
cada edad y nos permiten ser compañeras y madres, felices y serenas.
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