3. Cuaresma 2005
Josefa Romo
La Cuaresma es tiempo de mortificación y de limosna.
“Hay que dar hasta que duela”. En esta Cuaresma, Juan Pablo II ha puesto
el acento en los ancianos.
El martes 8 terminó el Carnaval, para dar comienzo el 9
a la Cuaresma. El uno y la otra tienen vigencia desde la Edad Media, y
bellamente los encontramos expresados en el Libro de Buen Amor (Disputas
de don Carnal y doña Cuaresma). El uno es jolgorio y disimulo y dura tres
días. La otra es seriedad y reflexión y dura cuarenta. Las costumbres
hacen leyes, y la de acudir al templo el Miércoles de Ceniza se sucede año
tras año. A mí me impresiona ver los templos llenos: aparece la iglesia
inmensamente abarrotada cual día grande de fiesta. Para que digan algunos
que España no es católica... Deben ser ciegos.
La Cuaresma es un alto en el
camino para meditar y poner en orden la propia vida. Muchos acuden unos
días a hacer Ejercicios Espirituales o a escuchar unas charlas
Cuaresmales. Es tiempo de conversión (del pecado a la gracia, o de la
gracia al fervor, o de ésta a la santidad), propio para la limosna y la
penitencia; pero no porque estas prácticas hayan de circunscribirse a esta
época, sino porque en este tiempo litúrgico se intensifican. Son momentos
en que la misericordia divina se desborda. ¿No hemos de imitarla con la
compasión hacia el necesitado y el perdón de las ofensas? Pedir perdón y
perdonar. ¿Quién está libre de no ofender a nadie? ¿Y quién no, de ser
ofendido? “Perdona nuestra ofensas como nosotros perdonamos a nuestros
deudores”. Si lo pronunciáramos
sinceramente, ¿no sería este mundo un oasis de paz? Cuando nos ocurre
alguna desgracia, muchos se preguntan si habremos hecho algo malo. Dios es
Padre que nos corrige en esta vida para que no seamos desgraciados en la
Otra; pero las desgracias también nos las acarreamos con nuestras
imprudencias y libertad mal empleada.
Digo que es tiempo de limosna y
mortificación; ¿pero acaso no han de ir unidas? ¿De qué vale dar de lo que
nos sobra? Decía la Madre Teresa de Calcuta que hay que dar hasta que
duela. Hasta que duela le daba a ella un niñito hindú: la primera vez que
se le presentó con un dinerillo, le dijo: “soy goloso; esto es
de lo que he ahorrado para tus pobres privándome de azucarillos”.
También hemos de dar nuestro tiempo: los donativos que a Dios le agradan
no son exclusivamente de pan. Hoy hay mucha gente que lo ha entendido y ha
crecido el Voluntariado; pero, sobre todo, no hemos de olvidar a nuestra
propia familia. En esta Cuaresma, Juan Pablo II ha puesto el acento en los
ancianos y nos ha repetido que “La vida del hombre es un don
precioso que hay que amar y defender en cada fase. El mandamiento No
matarás exige siempre el respeto y
la promoción de la vida, desde su principio hasta su ocaso natural”.
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