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4. Mensaje de Cuaresma del Papa

José Ignacio Alemany Grau, Obispo

Este año, el Papa en su mensaje de Cuaresma, nos pide que tratemos a los ancianos de una manera diferente a como lo hacen los que no tienen fe ni esperanza.

Todos los años el Papa nos envía un mensaje para orientar la cuaresma cristiana.

El de esta cuaresma lo ha centrado en una experiencia de su propia vida.

Juan Pablo sabe que sus 84 años no son un impedimento para recibir las pruebas de cariño y amor, no sólo de los católicos, sino de todos los hombres de buena voluntad.

Por eso mismo puede hablar con más libertad para pedirnos que tratemos a los ancianos de una manera diferente a como lo hacen los que no tienen fe ni esperanza.

Comienza citándonos el texto del Deuteronomio:

“En Él (Dios) está tu vida, así como la prolongación de tus días”.

Son palabras que Moisés dirige al pueblo invitándolo a estrechar la alianza con el Señor en el país de Moab, “escoge la vida para que vivas tú y tu descendencia amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a Él”.

Según el Papa, llegar a la edad madura es signo de bendición y benevolencia del Altísimo.

La longevidad se presenta, de este modo, como un especial don divino.

En este mundo, que rechaza a los ancianos que no producen y que ha hecho un negocio de los no nacidos, el Papa nos invita a aprovechar la cuaresma para llamar la atención sobre los de la tercera edad:

“El cuidado de las personas ancianas, sobre todo cuando atraviesan momentos difíciles, debe estar en el centro de interés de todos los fieles, especialmente de las comunidades eclesiales, de las sociedades occidentales, donde dicha realidad se encuentra presente de modo particular.

La vida del hombre es un don precioso que hay que amar y defender en cada etapa.

El mandamiento “no matarás” exige siempre el respeto y la promoción de la vida, desde su principio hasta su ocaso natural.

Es un mandamiento que no pierde su vigencia ante la presencia de las enfermedades y cuando el debilitamiento de las fuerzas reduce la autonomía del ser humano.

Si el envejecimiento, con sus inevitables condicionamientos, es acogido serenamente a la luz de la fe, puede convertirse en una ocasión maravillosa para comprender y vivir el misterio de la cruz, que da un sentido completo a la existencia humana.

En esta perspectiva, el anciano necesita ser comprendido y ayudado”.

El Papa anima a cuantos trabajan al servicio de los ancianos para ayudarles a superar la soledad y el desaliento.

Pide también sensibilizar la opinión pública para que los ancianos sean debidamente apreciados y acogidos.

Más adelante Juan Pablo nos indica cómo el anciano que a lo largo de su vida tuvo que responder a las necesidades más apremiantes ahora “va tomando conciencia de la cercanía de la meta final que le induce a concentrarse en lo esencial, en aquello que el paso de los años no destruye. De esta manera la experiencia de los ancianos y su sabiduría puede iluminar el camino del hombre en la vía del progreso hacia una forma de civilización cada vez más plena”.

“¡Qué importante es descubrir este recíproco enriquecimiento entre las distintas generaciones!”.

La cuaresma, con su fuerte llamada a la conversión y a la solidaridad nos ayuda este año a reflexionar sobre estos importantes temas que atañen a todos.

¿Qué sucedería si el pueblo de Dios cediera a una cierta mentalidad actual que considera casi inútiles a estos hermanos nuestros, cuando merman sus capacidades por los achaques de la edad o de la enfermedad?

Juan Pablo termina con este doble pensamiento que debemos meditar.

“Que cada comunidad acompañe con comprensión y cariño a aquellos hermanos y hermanas que envejecen. Además todos debemos acostumbrarnos a pensar con confianza en el misterio de la muerte para que el encuentro definitivo con Dios acontezca en un clima de paz interior, seguros de que nos acogerá aquél que “me ha tejido en el vientre de mi madre” y nos ha creado “a su “imagen y semejanza”.

 
 

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