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5. Respuesta a Victoria Sendón

Micaela de Carlis / www.mujernueva.org

El mismo texto de la OMS dice que el empoderamiento "se refiere al proceso de autodeterminación por el cual las personas o comunidades ganan control sobre su propio camino de vida".

Victoria Sendón escribió esto a la revista:

"Piden que opinemos sobre el artículo del poder de Nieves García. Y la verdad es que pretende ser un comecoco como casi todo en su revista informática, que está llena de eufemismos, empezando pro el título, "mujer nueva". ¿Nueva? ¿Están seguras? Se trata de la mujer sometida de toda la vida: por el marido, el Estado, la iglesia, los curas, el OPUS y todos esos instrumentos de sometimiento que ustedes pretenden seguir manteniendo pero disimuladamente, aprovechando la existencia de un movimiento imparable gestado por el feminismo internacional, al que ustedes no podrán emular jamás con su pensamiento alienado y parroquial.

La señora del artículo confunde (quiere confundir) el poder con el dominio, pero el poder al que se refiere el empoderamiento tiene que ver con la potencia, con la capacidad para hacer, gestionar, decidir, vivir la propia vida y todo aquello que tiene que ver con la libertad. Si ustedes admiten que Dios es omnipotente ¿por qué les parece tan malo el poder? A otros con esos cuentos.

Un saludo y más inteligencia".

Victoria Sendón De León

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Respuesta de la colaboradora Micaela de Carlis

Muy estimada Victoria:

No tengo el gusto de conocerte personalmente, pero a través de tu escrito me dejas entrever algo muy profundo de ti. Sinceramente, no creo que mi amiga Nieves, quisiera ofenderte con su escrito, y por tu reacción veo que lo has tomado como algo muy personal. Nada más contrario a nuestros intereses que comer el coco a nadie. Simplemente decimos lo que pensamos y lo que nos hace felices, a nosotros y a mucha gente. No hay más, de verdad.

No voy a entrar en la primera parte de tu mensaje, pues entiendo que lo que te preocupa es, sobre todo, nuestro acercamiento al empoderamiento y saber si, efectivamente, cuando mi amiguísima Nieves habla del término, sabe a qué se refiere. Bueno, pues es un tema del que hemos leído mucho juntas y al que hemos dedicado muchas horas de seguimiento. Y no es fácil de definir. Tú misma no lo defines en tu carta.

Creo que el empoderamiento, en su sentido más profundo, es lo que explica la Organización Mundial de la Salud: “un proceso mediante el cual los individuos obtienen el control de sus decisiones y acciones relacionadas con su salud; expresan sus necesidades y se movilizan para obtener mayor acción política, social y cultural para responder a sus necesidades, a la vez que se involucran en la toma de decisiones para el mejoramiento de su salud y la de la comunidad” (WHO: Organización Mundial de la Salud; Health promotion glossary, 1998). Es claro que este texto esta aplicado al campo de la salud, pero de todas formas, sirve para comenzar nuestro diálogo.

El mismo texto de la OMS dice después que el empoderamiento “se refiere al proceso de autodeterminación por el cual las personas o comunidades ganan control sobre su propio camino de vida. Se trata de un proceso de concienciación (tomar conciencia de todos los factores que influyen sobre la vida de las personas) y liberación (ganar poder de decisión sobre su propio destino)”.

No hace falta mucha ciencia para darse cuenta de que estamos ante una definición fundamentada en una ideología, y eso se ve en el uso de dos términos que son básicos para conseguir ese empoderamiento: concienciación y liberación.

El empoderamiento se ve más como un compromiso que se debe asumir para liberarse de una opresión que no se sabe que existe —y por eso es necesario concienciarse—. El empoderamiento no se entiende como un progreso de la persona en todos los ámbitos de la vida humana, sino en algunos, sólo algunos, pero no deja lugar al ser humano más profundo, al que ama y perdona. Ésta es la clave. Si se parte de una concepción hombre-mujer basada en una oposición dialéctica y si se parte de un sentido de libertad entendido como una ausencia de trabas, es lógico que el empoderamiento se convierta en un deber, en una meta anhelada, pero no creo que la mujer tenga que desarrollarse contra, sino con el hombre, como no creo que el amor sea sumisión —como tú dices—, aunque lo parezca desde fuera.

Es verdad que, en realidad, el término empoderamiento tiene diferentes significados de acuerdo al contexto social y político en que se utiliza. Además, no resulta fácil traducirlo a otros idiomas. Los términos locales que se asocian a empoderamiento incluyen: auto-fortalecimiento, control, poder propio, auto-confianza, decisión propia, vida digna de acuerdo a los valores de uno mismo, capacidad para luchar por los derechos de uno mismo, independencia, tomar decisiones propias, ser libre, despertar, y capacidad, entre otros.

Estarás de acuerdo conmigo en que el fondo del concepto y de su aplicación es el de una filosofía voluntarista-individualista: la realidad es como tú quieres que sea, y un concepto muy especial de ser humano. El empoderamiento responde a una profunda ideología individualista, obsesionada con la autonomía y el poder, pero no a las necesidades reales de las mujeres.

El empoderamiento es relevante tanto a nivel individual como colectivo, y el término se puede usar para caracterizar las relaciones en un hogar, entre los pobres, entre los miembros de la sociedad y los gobiernos o entre otros actores a nivel global, ya que obviamente hay muchas posibles aplicaciones de empoderamiento. Pero el fondo siempre es el subjetivismo y la lucha de poderes.

No es que la idea de fondo sea mala, porque claro que sí es necesario que haya un poder de decisión en los sujetos libres para poder construir su desarrollo. Pero, de nuevo, el problema es la ideología subyacente. El empoderamiento siempre se refiere a alguien que toma conciencia de que está sometido a una opresión y se rebela contra ella para liberarse. Y a lo largo de la historia ya hemos visto lo fácil que resulta inventar opresiones cuando hay una ideología dirigiendo el pensamiento. Por eso, resultaría más válida una visión que hablase del empoderamiento en otro sentido más amplio, como es la expansión en la libertad de escoger y de actuar, de decidir. Y hay que reconocer que en un recto desarrollo humano, el empoderamiento significa aumentar la autoridad y el poder del individuo sobre los recursos y las decisiones que afectan a su vida. Esta concepción, también defendida en algunos documentos de la ONU —especialmente en los que se refieren al desarrollo— postula que, a medida que los pobres comienzan realmente a escoger, se va incrementando el control sobre sus propias vidas. Esto es muy cercano a una antropología cristiana, basada en un sentido de libertad como capacidad de decidir. También es verdad que las opciones de los pobres son extremadamente limitadas, tanto por la falta de recursos, como por el poco poder que tienen para negociar mejores prestaciones con una serie de instituciones, tanto formales como informales. En este sentido es justificable y útil defender este empoderamiento, pero no es éste el concepto que prevalece, porque el mismo término despista, ya que con él generalmente se alude directamente al poder político, no a las decisiones de cada ser humano sobre sí mismo. De hecho, el empoderamiento hoy se entiende prácticamente sólo en un sentido de dominio sobre los demás, o de lucha contra las autoridades —sean las que sean— para imponer los propios criterios, o de liberación de vínculos —incluso matrimoniales— para no tener ninguna dependencia de nadie. La dependencia es el “coco” de la filosofía actual, el enemigo a batir; se piensa que el ser humano debe ser plenamente autónomo. Por eso no se entiende el amor como donación de sí mismo a otro para siempre. Al final, todo está ligado.

Las mujeres sufren, pero hay que preguntarse con honestidad, si la solución está en el empoderamiento o en la solidaridad de la sociedad. Para mí la libertad humana no es la de Hobbes: "Un hombre libre es quien en las cosas que por su fuerza o ingenio puede hacer, no se ve estorbado en realizar su voluntad" (Thomas Hobbes, Leviatán, II, 21). No, los seres humanos, mientras vivamos unidos, tendremos que aprender a soportarnos unos a otros, a ayudar a los débiles, a sostenerlos, a perdonarnos, y curiosamente, en ese amor encontramos un desarrollo más pleno, más humano. No podemos crear una sociedad de islas. Tampoco creo en la libertad de Stuart Mill: "La única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro camino propio, en tanto que no privemos a los demás del suyo o les impidamos esforzarse por conseguirlo" (J.S. Mill, Sobre la libertad, Alianza Ed., Madrid, 1994). Me parece muy pobre, poco solidaria. Entiendo que el ser humano que buscamos, si queremos la paz y el desarrollo verdaderos y profundos, no es sólo el que sepa tolerar las debilidades ajenas, sino el que apoye el hombro con el de al lado y se comprometa con él. Compromiso, sustentado en una libertad entendida como poder, radicado en la razón y en la voluntad, de disponer de sí mismo para los demás.

No queremos confundir poder con dominio, simplemente basta ver el diccionario. Cuando abres el diccionario de la Real Academia y buscar “poder”, la primera palabra que aparece en la definición es “dominio”.

Hay una referencia a Dios Omnipotente en tu mensaje. Es cierto, pero no te olvides de que Dios nos ha hecho libres. Es omnipotente en cuanto creador, en cuanto absoluto, pero la libertad humana, aunque es un don de Él, no nos impone el destino, nos lo deja a nuestras decisiones. Si vas a al arameo, el lenguaje de la revelación de Dios, encontrarás que los judíos y los cristianos, han entendido que Dios se manifiesta siempre en la misericordia hacia los seres humanos, débiles, incapaces de dominar todo. Esta palabra en arameo se dice RAHAMIM y su raíz es Rahá que quiere decir útero. Para el arameo, Dios es el ser que ama al hombre como una madre a su hijo, el que lleva en su seno (claro, esto ha cambiado hoy con el aborto) y por tanto, le perdona todos sus defectos, porque lo ama simplemente por ser. Dios ha querido que el ser humano conozca y experimente primero el amor de su madre y después conozca el amor y el poder de Dios, y ha querido comparar estos dos amores. Y este amor es un ideal para el ser humano desde Platón hasta hace muy poco tiempo, hasta que el amor se sustituyó por el poder, y en eso, perdóname Victoria, pero tiene razón Nieves. Después de todo, en un mundo con perdón y con rahamim, con misericordia, seremos más humanos.

Te agradezco mucho tu saludo y tus deseos de que tengamos más inteligencia. Yo te deseo un corazón en paz y la felicidad de perdonar. Victoria, te amo.

 
 

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