Imprimir

5. Boxeo femenino

Miguel Rivilla San Martín

Llamar deporte al hecho de cruzarse mamporros y toda clase de golpes, con agresividad, rabia y contundencia dos mujeres, en la cara y hasta en los senos, no tiene mucho de deporte que digamos.

A propósito del estreno de un filme nominado para el Oscar, cuyo tema gira sobre el boxeo femenino, en un programa televisivo pasaron un breve reportaje, en el que vimos a dos féminas zurrándose la badana de lo lindo, sobre el cuadrilátero de un ring en un así denominado “deporte cultural”.

Llamar deporte al hecho de cruzarse mamporros y toda clase de golpes, con agresividad, rabia y contundencia dos mujeres, en la cara y hasta en los senos, no tiene mucho de deporte que digamos. Menos, aún, cabe la calificación de cultural a una actividad, en la que el intelecto, la belleza y la feminidad, brillan por su ausencia. Si algún adjetivo le cuadra a este pugilato sobre la lona del cuadrilátero, es el de deprimente y antiestético.

Por su misma constitución física y anímica, la mujer debería repeler toda agresividad y violencia física. Tiene otras armas muy valiosas para su autodefensa.

Hoy, en los tiempos que corremos, es difícil extrañarse de nada. Hay gustos y justificaciones para casi todo —(¡todo vale¡)— y no son pocos los que piensan que nada hay en el hombre y la mujer que le sea propio y específico, en razón de su sexo. Además, se dice, de “gustos no hay nada escrito”.

No comparto este criterio. En la vida normal se dan gustos estragados y repelentes que la generalidad y mayoría de la gente rechaza. Y respecto a la valoración e igualdad de las personas, prescindiendo de su sexo, lo admitiré de buen grado el día que los varones puedan engendrar y dar a luz.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]