5. ¿Sirve la
anticoncepción para evitar el aborto?
P. Fernando Pascual
Recurrir a anticonceptivos agudiza el desprecio hacia
la fecundidad y busca un modo de vivir la sexualidad con la exclusión de
posibles nuevas vidas. En otras palabras, todo anticonceptivo promueve esa
mentalidad antivida que prepara el camino al aborto.
Hay personas que defienden el recurso a la
anticoncepción como camino para disminuir el número de abortos.
Normalmente se produce un aborto cuando un hijo no es querido. Entonces,
piensan, ¿no será mejor evitar que sean concebidos niños no deseados a
través del uso de métodos anticonceptivos?
Intentemos un camino de respuesta a esta pregunta. Lo
primero que debemos tener claro es que, normalmente, no hay concepción sin
que haya una relación sexual. Toda relación sexual completa entre un
hombre y una mujer que conservan intacta su fertilidad puede dar origen a
una nueva vida.
Esta verdad biológica implica una llamada a la
responsabilidad: la sexualidad no puede ser vista como un juego ni como
algo que no tenga consecuencias importantes. El inicio de cada vida humana
es una “consecuencia” que muestra la seriedad propia de las relaciones que
se establecen entre un hombre y una mujer. Por lo mismo, se hace necesario
un profundo respeto entre quienes están llamados a promover las mejores
condiciones para esa posible nueva vida.
Muchas parejas (jóvenes no casados, esposos casados con
o sin hijos), sin embargo, rechazan o excluyen, en sus relaciones
sexuales, el “peligro” de un hijo. Esta actitud muestra una visión
equivocada, incompleta, a veces egoísta, de la sexualidad.
Recurrir a anticonceptivos agudiza el desprecio hacia
la fecundidad y busca un modo de vivir la sexualidad con la exclusión de
posibles nuevas vidas. En otras palabras, todo anticonceptivo promueve esa
mentalidad antivida que prepara el camino al aborto.
Por eso no tiene sentido decir: “mejor la
anticoncepción que el aborto”. El aborto, como dijimos, implica eliminar
un hijo que llega “fuera de programa”, al margen de los planes de ella, de
él, de los dos o de otras personas que presionan para que se produzca el
aborto (los padres, otros familiares, amigos, el jefe de trabajo, etc.).
La mentalidad anticonceptiva, así, refuerza aún más el deseo de exclusión
de cualquier hijo que llegue de modo imprevisto y no deseado, lo que
prepara el camino para las preferencias hacia el aborto.
Un dato incontestable es que muchas técnicas
anticonceptivas fallan, sea porque no son perfectas, sea porque son
aplicadas erróneamente. Esto último es más frecuente de lo que podamos
imaginar, pues la vida íntima de una pareja depende mucho de sentimientos
y emociones que pueden llevar a errores o despistes en el recurso a
técnicas anticonceptivas, a veces muy exigentes en el modo de ser
aplicadas de modo eficaz.
De aquí viene el hecho de que muchos abortos se
producen precisamente como “complemento” a la anticoncepción: cuando ésta
ha fallado se recurre con más facilidad al aborto, precisamente porque la
mujer (o su compañero) había excluido la posibilidad de un hijo no
deseado.
Este es un primer motivo que muestra hasta qué punto la
mentalidad anticonceptiva promueve la mentalidad abortiva. Resulta
totalmente fuera de sitio pensar que vendiendo o regalando más píldoras,
más condones o más espirales se van a eliminar los millones de abortos que
se producen cada año.
Pero se da un segundo aspecto, mucho más sutil, que
muestra la profunda relación entre anticoncepción y aborto. Si lo que se
desea es evitar un embarazo no deseado, varios métodos conocidos como
anticonceptivos tienen una acción abortiva. En estos casos puede hablarse
de “criptoaborto” (aborto oculto) a causa de algunos de los efectos que
produce un determinado método “anticonceptivo” y que no son siempre
conocidos por la mujer.
Esto es evidente, por ejemplo, en la espiral. Es cierto
que las espirales más modernas, dotadas de unos filamentos de cobre y, a
veces, permeadas de otras sustancias químicas, impiden u obstaculizan el
avance de los espermatozoides. Pero también la espiral actúa sobre el
endometrio y lo altera. En el caso de que se inicie una concepción, el
embrión que llegue al útero no podrá anidar: será expulsado. De este modo,
una vida humana que iniciaba su camino será suprimida, incluso sin que su
madre pueda ser consciente de lo que ha ocurrido. Lo mismo se puede decir
de otros anticonceptivos de aplicación dérmica, como algunas varillas o
los nuevos parches anticonceptivos.
Por lo mismo, la anticoncepción no puede ser un camino
adecuado para disminuir el número de abortos. El camino más correcto será
la promoción de una cultura de la responsabilidad y de la apertura a la
vida y a las riquezas de cada hombre y mujer (riquezas que incluyen la
fecundidad de cada uno). Una cultura en la que el acto sexual pleno no
pueda ser visto sólo como una opción de placer o de afecto desligada
completamente de su dimensión fecunda, de su apertura a la vida. No sin
motivo la Iglesia nos enseña que el lugar correcto para ese acto es el
matrimonio, compromiso de donación total entre los esposos que se abren a
una posible vida humana en cada una de las expresiones más íntimas de su
amor conyugal.
|