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2. La obesidad y su relación con la economía

Jesús Domingo Martínez

Estoy convencido que a nuestros políticos les falta imaginación y en vez de proponer actividades abiertas, al aire libre, que favorezcan el consumo de energía corporal, aconsejan…

No hay duda que la obesidad se está convirtiendo en uno de los mayores problemas sanitarios de los países ricos. El sobrepeso no es una enfermedad que haya nacido de la noche a la mañana y tiene sus causas en que una gran parte de la población come demasiado en relación con la energía que consume su cuerpo. Un factor fundamental del incremento de la obesidad es que los productos alimenticios han evolucionado hacia precios más baratos, mientras que las actividades que consumen energía corporal han aumentado su precio, entendiendo como “precio” en ambos casos no solo el desembolso monetario, sino el coste en tiempo, formación e información.

El precio total por ejemplo de preparar una comida en casa es además del valor de los ingredientes, el de ir a comprar, el de preparar, cocinar y servir la comida y la parte correspondiente de haber adquirido el conocimiento necesario. Un cambio en alguno de los precios de estos componentes hace que la elección se desplace hacia otras alternativas (comidas preparadas, restauración de auto servicio...).

La tecnología ha hecho que los precios de las materias primas, los productos, tiendan a bajar, al mismo tiempo que aumenta la tendencia a gastar menos tiempo en cocinar y preparar las comidas. Según varios autores el descenso del tiempo dedicado a cocinar, paralelo a un mayor consumo de alimentos preparados y cocinados está estrechamente relacionado con el aumento de la obesidad.

Por otro lado el “precio” de la actividad física ha aumentado en términos de consumir un valioso recurso (tiempo) además del que pudiera derivarse de gastos de determinadas actividades deportivas como las cuotas de un gimnasio, un club o del equipo necesario. También han cambiado los hábitos en la ocupación del tiempo libre, cualquier joven o mayor prefiere quedarse la noche del viernes sentado en un sofá viendo la televisión o cerrarse en una discoteca hasta las tantas de lo noche y levantarse a mediodía del sábado que madrugar y practicar senderismo, montañismo,... de manera habitual.

Hace años, el coste de la actividad física era prácticamente cero, e incluso los mismos trabajos ya suponían una gran actividad, en algunos casos incluso excesiva. La gente no pagaba por hacer ejercicio y eran muy escasos los que dedicaban tiempo de ocio a ello. Con la mecanización el coste de la actividad física comenzó a subir, paralelamente a un descenso en los precios de los alimentos.

Un estudio sugiere que las posibles actuaciones de los gobiernos contra la obesidad deberían incidir sobre la economía de la alimentación y el ejercicio, por ejemplo mediante gravámenes a los alimentos ricos en grasas o dando ayudas a las actividades físicas. Aunque era muy joven entonces, aún recuerdo el slogan del Mayo del 68 francés “Imaginación al poder”. Estoy convencido que a nuestros políticos les falta imaginación y en vez de proponer actividades abiertas, al aire libre, que favorezcan el consumo de energía corporal, aconsejan el consumo de “Referéndum Plus”, la promiscuidad sexual con el uso del preservativo, se trivialice el consumo de estupefacientes con la venta del cannabis en farmacias,... No hay duda, por esta línea seguiremos fomentando la obesidad y, su contraria, la anorexia.

 
 

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