7. El que duda,
delibera
Víctor Corcoba Herrero
Los ciudadanos votantes han pensado en propinarle a la
clase política la mayor abstención de la historia de la democracia en el
referéndum europeo, que reduce hasta un tercio del electorado su apoyo.
Tenemos que seguir conociéndonos, sin prisas, pero sin pausas, haciendo
una Europa para todos,
Pudiera sugerir una contradicción, pero
el que duda, piensa y cuando menos se libera de ataduras. Tenemos el
derecho a equivocarnos. Nadie puede respirar por nosotros. Ya lo expresó
Ortega y Gasset: siempre que enseñes, enseña a dudar de lo que
enseñes. Siempre se dijo que el que
más sabe, más cavila. Sin embargo, en los tiempos actuales parece como si
todo el mundo lo tuviese todo muy claro, muy seguro y muy asegurado.
Realmente cuesta entender tanta convicción, si ya la vida es por sí misma
un aluvión de dudas. Antes, no dudar de nada, era sinónimo de no saber
nada. Ahora tenemos un experto en cada ciencia y un especialista para cada
cuestión que solventa cualquier problema. ¡Qué felicidad! Es palabra de
sabio, al que no se le puede contradecir. Son los nuevos dioses: piensan
por nosotros, hablan por nosotros y por nosotros deciden. Adiós a la
incertidumbre.
Personalmente, yo me niego a que alguien firme (y se
reafirme), en mi nombre, ante el examen de la duda. Donde hay olas también
existe la mar, ¿dejaré de amar las olas porque producen bravuras que
matan? ¿Verdad que no?, pues lo mismo digo. Dejad agitarme en el titubeo
antes que se duerma el pensamiento o se aletargue de no usarlo. Lo
prefiero así, aunque me invadan las vacilaciones. Es saludable
interrogarse antes que arrodillarse, para ello no hace falta ser hombre de
ciencia, sino de conciencia, sabiduría grabada en el corazón humano.
Frente a tanto sabiondo (sabe-lo-todo), prefiero que me dejen meditar como
el río Guadalquivir del poema de Alberti: “entre Cazorla y Doñana /y no sé
cómo elegir”. Se olvida que el dilema lleva a la reflexión y la reflexión
a la verdad ansiada.
Precisamente, uno de los últimos recelos que me asalta
es el de la clonación embrionaria, todavía tengo mis temores sobre si se
consideran menaje de andar por la vida, como repuesto de vida, o si en
realidad son una apuesta a la vida humana que vamos a dejar al capricho de
la autoridad especialista. La aprensión aumenta cuando servidor percibe
mayoría de especialistas que insisten en decir que toda clonación humana
es intrínsecamente mala y debería prohibirse; resultando especialmente
repugnante la creación de embriones humanos clonados que serán destinados
a la experimentación y a su subsiguiente destrucción. Por ello, cuidado
con legislar deprisa. Casi siempre nuestros políticos llevan el paso
cambiado, nos ponen a un paso ligero cuando hay que ir a cámara lenta o
viceversa. Sus urgencias son para temerles. ¡Cuántas garantías
jurisdiccionales atropelladas por la locura de los apresuramientos! A
veces es mejor que el tiempo esclarezca dudas.
Podemos hablar y no decir nada o querer decir mucho y
no acertar a decirlo, pues aún más complicado es, testificar algo. Cicerón
lo decía: Hablo pero no puedo afirmar nada; buscaré siempre, dudaré con
frecuencia y desconfiaré de mi mismo. Esto debieran tenerlo en cuenta
todos los patios de vecindad del mundo mundial que forman y conforman el
sufridor planeta, manejado por las multinacionales más que nunca, esas
poderosas redes que tan dulcemente degradan al ser humano como al
ecosistema. En una tierra cada vez más interrelacionada, la
responsabilidad de las decisiones debe ser compartida más allá de doquier
frontera. Es cuestión de democratizar todo el sistema internacional,
también el europeo, con sus dimes y dudas, clima propicio para el diálogo,
la escucha y el análisis.
En cualquier caso, siempre será bueno el intercambio de
ideas en un mundo más infeliz que feliz, aunque un informe último del
Fondo Monetario Internacional nos diga que la economía española sigue
creciendo con fuerza y que continuará haciéndolo por encima de la media de
la zona euro. Esto hay que ponerlo en cuarentena o que me expliquen cuál
es el motivo de que una multitud creciente de personas tengan que acudir a
diario a los albergues en busca de un plato que llevarse a la boca. Yo no
veo tal avance, y si lo es, es más desigual que igual. Que se lo digan a
esas familias que se gastan todo el dinero en hipotecas para poder dormir
bajo techo.
Tal vez, por esa perplejidad de hechos y realidades,
los ciudadanos votantes han pensado en propinarle a la clase política la
mayor abstención de la historia de la democracia en el referéndum europeo,
que reduce hasta un tercio del electorado su apoyo. No hay más ciego que
el no quiere ver. Este minúsculo respaldo no debiera darle satisfacción a
partido alguno. Ha sucedido todo lo contrario en esas primeras
valoraciones. El resultado ha sido para todos ellos magnífico y
esperanzador. Mezquino análisis el que no piensa en aquellos que le han
pegado un corte de mangas a las urnas, puede que movidos por el
euroescepticismo y la apatía del cansancio. Siempre se está a tiempo de
rectificar, lo nefasto es obstinarse en victorias absurdas. O en ver luz
donde todavía hay muchas sombras. Ya se sabe que los grandes conocimientos
engendran las grandes dudas. Tenemos que seguir conociéndonos, sin prisas,
pero sin pausas, haciendo una Europa para todos, y si acaso, más para los
últimos. Un espacio más realizable para la vida, que pasa porque sea más
habitable, más justo, más libre, más humano. Séneca nos dio los elementos
de la dicha: una buena conciencia, la honradez en los proyectos y rectitud
en las acciones. Atmósferas que aún escasean entre nosotros para desgracia
de nosotros. Dejad que el pueblo dude, delibere y se libere.
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