6. Ancianito y
contento
Alejo Fernández Pérez
¿Cómo es que a pesar de tu edad y de tus achaques te
encuentro siempre de tan buen humor? ¿Cuál es tu secreto?
Hacía tiempo que no veía a Juan. Es un joven con
ochenta años, amigo desde la infancia, de corazón alegre y que todo lo ve
por el lado bueno. Me cuenta sonriente sus cuitas: ¡Ja, ja! cada día estoy
más contento con mis años. Me lo paso “pipa”: Estoy en guerra con mis
bolígrafos: nunca sé dónde los he dejado, busco, rebusco, y al final, los
encuentro delante de mis narices. Les gruño, pero ni caso.
La segunda batallita, me dice, la tengo con las gafas:
las dejé aquí, me digo; las busco, las rebusco, no las encuentro hasta que
las hallo… escondidas tras el ordenador. Me miran con cara de guasa y
sonrisa de “cachondeo fino”.
Aún hay más, continua Juan: se trata de la gorra, esa
gorrina que me cae tan bien, y es la envidia de todos. Estoy tomando café
con los amigos. Salimos, tras un rato alguien me dice ¿Y tu gorra? Me echo
las manos a la cabeza y “magullo”, ¡Pero coño! Y salgo que echa puñetas,
corriendo de vuelta al café. La gorra me ve entrar y se desternilla de
risa. Me da unas tortitas cariñosas en la cara y me dice: No te apures
hombres, no te apures, que estoy aquí.
Llego a mi hogar. ¡Oh, dulce hogar! Me pongo cómodo.
Enciendo el ordenador, abro el correo, doy un respingo y grito ¡Socorrooooo!.
Una avalancha de más de 100 e-mails se me vienen encima como perros
aulladores.
Me salva el timbre de la casa: Abro la puerta y me
encuentro con un viejo amigo, muy querido. Me abraza y saluda con efusión:
¡Qué bien te encuentro Juanito! ¡Tienes muy buen aspecto!… ¡Qué bien vivís
los jubilados! Hombre no es para tanto, respondo. El viejo amigo me da la
puntilla: “Sí, para la edad que tienes”. Yo comento para mis adentros: “
Ya la “jodió”, con lo bien que iba. Y el día no ha hecho más que empezar.
Si te parece sigo, me mira Juan
expectante, pero mejor será que lo dejemos aquí. No por favor, le ruego,
antes aclárame una duda: ¿Cómo es que a pesar de tu edad y de tus achaques
te encuentro siempre de tan buen humor? ¿Cuál es tu secreto? No hay
secretos. Todo viene en los Evangelios. Toma nota: a) Cuando rezo el
Padrenuestro… se me
engalla el alma sabiéndome hijo del Rey
de reyes. b) Como tengo tiempo asisto a misa y comulgo diariamente, hablo
con el Señor un buen rato y procuro —aunque no siempre lo consigo— estar
en paz con Dios y con todos los que me rodean. c) Hablo bien de todo el
mundo, incluidos de los políticos… Así siguió un buen rato.
Como es hombre religioso, chapado a la antigua, termina
sus confidencias con un: “Que el Señor nos proteja, nos prolongue la vida,
nos de salud, y nos bendiga a todos los que tras muchos trabajitos hemos
llegado a ciertas edades. A cambio, que nosotros podamos seguir haciendo
la vida amable a los demás. Amén”. Y yo que apenas había hablado tres
palabras, sólo pude responder: ¡Amén! Y hasta pronto, amigo mío. Mientras
sentía que una brisa de aire fresco y limpio había pasado frente e mí.
|