9. La roca firme de
la fe
Francisco Baena Calvo
La experiencia pascual de Jesús de Nazaret, el Cristo,
se convierte en la Buena Noticia para el hombre que busca el auténtico
rostro del Dios Vivo. Es el Kerigma que debe fundamentar toda la fe
cristiana como su esencia más legítima y más auténtica.
Hoy es necesario cimentar la fe cristiana en un
testimonio válido que sea capaz de convertirse en la auténtica "roca
angular".
La auténtica fe cristiana se debe fundamentar en la
experiencia pascual de Jesús de Nazaret, vivida y testimoniada por unos
testigos válidos, que puedan dar soporte estructural a una continuidad
legítima entre nosotros y el mismo Jesús.
La experiencia pascual de Jesús de Nazaret, el Cristo,
se convierte en la Buena Noticia para el hombre que busca el auténtico
rostro del Dios Vivo. Es el Kerigma que debe fundamentar toda la fe
cristiana como su esencia más legítima y más auténtica.
La Resurrección de Jesús se levanta como alternativa
ante el dolor y el sufrimiento del mundo. De hecho, para el cristiano, la
última respuesta es el Sí definitivo de Dios al inocente maltratado por el
accidente de tráfico, la enfermedad, la injusticia, la tortura, el cáncer,
la guerra... y a las víctimas de los "verdugos de turno", auténticos
aliados de la muerte y la desgracia.
La Resurrección de Jesús se levanta como la experiencia
última del crucificado. Desde esa experiencia definitiva lanzamos la
esperanza de que participaremos de esa misma Resurrección y afirmamos la
permanencia de la identidad personal del hombre, más allá de la sepultura;
al tiempo que se cuestionan posibles alternativas al final trágico del
hombre como la reencarnación o la comunión plena "energética" con el aire.
Sólo la Resurrección da a la muerte de Jesús un
auténtico enfoque que hace a este personaje de un pequeño país en una
época oscura de la historia se convierta en la personificación del
Esperado de los tiempos, capaz de aunar en su personalidad la esencia de
lo divino y lo humano al mismo tiempo.
Sólo la Resurrección da al crucificado legitimidad para
elevarse como el auténtico portavoz de todos los profetas, encarnando en
su persona toda la plenitud de la Palabra divina.
Sólo la Resurrección de Jesús se impone como gracia
para descubrir que el Nazareno es el reflejo del auténtico rostro de Dios
en medio de esta historia cargada de sombra-luz, de bien-mal, de
gracia-pecado, de ley-misericordia...
En definitiva, cimentar la fe cristiana en la esencia
del Cristianismo, es decir, en el kerigma, es el reto fundamentar en esta
época de la NUEVA EVANGELIZACION.
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