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10. “Así se escribe la historia…”

Juan Ignacio Vargas Ezquerra

Para atajar los problemas hay que actuar con decisión. Por lo tanto conviene en un primer momento detectarlos sin miedos y en un segundo afrontarlos con realismo.

La hija de un valiente y honrado militar de nuestra historia reciente siempre emula la figura de su padre cuando éste, al hacer balance de sus muchos años de servicio, resumía ciertos comportamientos mediocres con esta sabia frase: “Así se escribe la Historia…”. Fundamentalmente hacía referencia a la actitud envidiosa de algunos hombres que se oponían al reconocimiento justo del éxito de los demás y procuraban atribuirse como propios los méritos ajenos.

Cuando en el transcurrir de una vida, la persona deja de un lado las esperanzas, las ilusiones y los proyectos, queda la existencia vacía y… casi de inmediato se llena de mediocridad para uno mismo y de envidia hacia los demás. Mediocridad por incapacidad personal de salir de la desidia, por dejarse llevar por el destino y no hacer frente a él, por no querer hacer uso recto de la propia libertad —que es un medio y no un fin en sí misma— con el objetivo de alcanzar nuevas etapas, nuevos riesgos, nuevos proyectos. Envidia por ver hechos realidad los sueños de uno mismo en los semejantes, por observar los frutos sinceros y espléndidos en los demás y sentir rabia y dolor por aquello que uno pudo ser y no fue.

La lucha —por el contrario— forja el carácter, hace madurar a la persona y la fortalece. Deslizarse por la corriente sin esforzarse por marcar el propio camino está ligado al desastre personal y colectivo. La vida en común no es tarea fácil pero… ¿quién dijo que fuera imposible? La desgana, el abatimiento, la desesperanza embotan el pensamiento y llevan irremediablemente a un comportamiento agrio y destructivo que afecta ineluctablemente al otro.

Para atajar los problemas de convivencia hay que actuar con decisión, puesto que tan malo es confundir la valentía con la temeridad, como la prudencia con la cobardía. Por lo tanto conviene en un primer momento detectarlos sin miedos y en un segundo afrontarlos con realismo. Eludirlos es favorecer que se aposenten, lo cual no produce más que la carcoma y la ruina, ahogan la savia joven, esclerotizan las nuevas ideas y producen un hedor nauseabundo que impide articular cualquier palabra que hable de alegría y de esperanza.

A pesar del rastro de amargura y dolor que estos hombres y mujeres dejan con sus actitudes mediocres y envidiosas en sus semejantes, han de saber que el Amor lo puede todo: sacarles de la oscuridad del pozo en el que yacen y andar hacia la luz para la que están llamados. Si al acabar de leer estas líneas esbozas una amarga sonrisa… algo anda mal en tu vida.

 
 

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