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1. La primera audiencia de Benedicto XVI

José Ignacio Alemany Grau, Obispo

Narración de aquel hermoso comienzo de las audiencias del nuevo Papa

La Plaza de San Pedro está llena de azul y de sol.

A las 8 a.m. comienza a entrar gente. Es la primera audiencia de Benedicto XVI . Nerviosismo, cantos, fotos, oraciones.

Media hora antes, desde los micrófonos, traducen a distintos idiomas el “Tú eres Pedro” y el salmo que se rezará cuando llegue el Papa.

Todos sabemos la puntualidad del Papa. Al dar la hora (10.30 am.) todo miramos al “arco de las campanas”.

Viene en coche abierto, vestido de blanco, bendiciendo y saludando. Recorre las pequeñas calles que hay entre las 25.000 sillas que pusieron ayer, 26 de abril.

Se agitan banderas. En una pancarta se lee: “NOI, TI AMAMO, SANTO PADRE”. Un grupo de “Papa boys” grita. Benedicto sonríe y bendice.

Su sillón está sobre una tarima alfombrada, a pleno sol. Comienza: “En el nombre del Padre…” Se canta el “Tu es Petrus”.

El Papa se sienta, se pone los lentes y lee unos doce minutos.

Con sencillez vuelve a contar sus “sentimientos encontrados”… “Dios me ha sorprendido a mí… me siento pequeño pero cuento con el poder de Dios y vuestra oración”.

Nos cuenta que escogió el nombre de Benedicto por el Papa Benedicto XV, que sacrificó su vida por la paz y por San Benito, Patrono de Europa, cuyas raíces cristianas quiere revitalizar.

El nuevo Papa desea trabajar por la paz y la reconciliación.

Completa su conversación familiar (el ambiente es el de una gran familia de fe) pidiendo que “no antepongan nada a Cristo: Que Él esté en el centro de toda actividad… Él es el primero en todo”.

Terminó prometiendo seguir, a partir del próximo miércoles, la catequesis que interrumpió Juan Pablo en enero.

La multitud aplaude con emoción cada vez que el Papa menciona los nombres de los países presentes. Se oye un “¡Ah, ah….!” como un grito que se entiende en todos los idiomas y que unifica.

Los vietnamitas se hicieron notar saltando y con una canción suya, otros con aplausos, voces y algunos cantos breves que todos acogimos.

Los mejicanos de Querétaro vinieron con la tuna que cantó “Cielito lindo… ¡canta y no llores...!”

El Papa se muestra alegre y espontáneo: una vez gritó “thank you” y otra vez se puso de pie para responder a un grupo que le ofrecía un cuadro de la Virgen.

Fueron treinta minutos para comunicarse con los fieles. Luego nos dedicó a los Obispos media hora. Sin prisa, cercano, acogedor, preguntaba, escuchaba y bendecía.

Los de la curia nerviosos porque pasaba el tiempo y el Papa sereno siempre; saludó uno por uno a los siete Cardenales y cincuenta y un Obispos.

No hubo más saludos especiales porque había dicho el Papa: “O todos o ninguno”. Así fue la primera audiencia.

Cada día el Cardenal Ratzinger hacía el camino andando y conversando como uno más… hoy la Iglesia lo aclama como sucesor de Pedro.

Qué lindo pensar que la fe nos va conduciendo así desde Jesús hasta Benedicto XVI: 265 Papas sin interrupciones, fortaleciendo nuestra fe.

El Espíritu Santo sigue regalando a la Iglesia, en estos tiempos difíciles, unos Papas extraordinarios que viven y proclaman el Evangelio sin temor.

Si nosotros queremos corresponder a los deseos de Benedicto XVI, preparémonos para seguir valientemente el Evangelio, sin descuentos ni rebajas… El Evangelio como lo predicó Jesús: Con contradicciones y con la certeza de que participaremos en el triunfo de quien ha vencido al mundo.

 
 

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