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2. Espíritu Santo, Dios y amigo

José Ignacio Alemany Grau, obispo

¡Ven Espíritu Santo de Jesús!

Tenemos el peligro de ver al Espíritu Santo como un terremoto o un fuego que quema y destruye.

Tenemos el peligro de verlo lejano y a través de hechos de una historia que “pasó” en los primeros tiempos de la Iglesia.

Esto es cierto porque fueron acontecimientos de la primera historia de la Iglesia, pero sólo en parte porque, como veremos en seguida., había una presencia interior y profunda que también se da en nuestros días.

Leamos unos textos del libro de los Hechos de los Apóstoles:

“De repente un ruido del cielo, como de viento impetuoso, llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron como lenguas de fuego que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse”.

“Acabada su oración tembló el lugar en que estaban reunidos y quedaron todos llenos del Espíritu Santo”

“De repente se produjo tan gran terremoto que se conmovieron los cimientos de la cárcel”.

Allí está claro que el Espíritu Santo se hizo notar de una forma estrepitosa.

Pero también es cierto que se nos habla de una presencia del Espíritu Santo que viene, precisamente, por la imposición de las manos y que llena de gracia y santidad los corazones de los fieles:

“Entonces les impusieron las manos (a un grupo de samaritanos) y recibieron el Espíritu Santo…”

“Todavía estaba hablando Pedro cuando descendió el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras…”

“Cuando Pablo les impuso las manos descendió sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unas doce personas”.

Así puedes tú seguir buscando otros textos que nos hablan de la presencia del Espíritu, precisamente, como te he dicho antes, por la imposición de las manos.

Esto ciertamente no pasó a la historia.

El Espíritu Santo sigue santificando a la Iglesia y lo hace inicialmente en el bautismo y luego, de una manera especial, por la imposición de las manos en la confirmación.

Tú también has recibido esta presencia especial del Espíritu Santo el día de tu confirmación (si no la has hecho, te aconsejo que procures hacerlo lo antes que puedas).

Quizá ahora se te ocurra otra pregunta:

¿Y por qué yo no siento esta presencia del Espíritu?

La vida del Espíritu es un don de la tercera persona de la Santísima Trinidad.

Por la fe la aceptamos y por la fe la hacemos vida.

El problema no está en Él, sino en nosotros.

Cuando se trata de conseguir trabajo, dinero, una herencia…. Andamos muy listos y despabilados: No se puede perder la oportunidad. En las cosas de fe, en cambio, somos torpes y descuidados.

¿Por qué no te interesas más en el Espíritu Santo? ¿Por qué no buscas en la Biblia y en sus comentarios? ¿Por qué no lees el Catecismo Católico?

Y, sobre todo, te aconsejo que aproveches la fiesta de Pentecostés para hacer más oración al Espíritu Santo, buscando descubrir en Él dos facetas maravillosas del Espíritu Santo.

Búscalo grande ¡Es Dios¡

Búscalo cercano ¡Es tu amigo!

Y en estos días pídele de una manera especial que te prepare para la fiesta de la Santísima Trinidad que se acerca.

 
 

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