5. Estamos invitados
a pensar
María Velázquez Dorantes
En este mundo donde las ciudades se han convertido en
metrópolis coloniales, la velocidad de la sobre vivencia y el agotamiento
interior, el ser humano está invitado a pensar y a reflexionar sobre las
cosas de mayor trascendencia que alimente nuevamente la existencia
espiritual.
En este mundo donde las ciudades se han convertido en
metrópolis coloniales, la velocidad de la sobre vivencia y el agotamiento
interior, el ser humano está invitado a pensar y a reflexionar sobre las
cosas de mayor trascendencia que alimente nuevamente la existencia
espiritual.
Vivir la experiencia del encuentro con el pensamiento
propone un cambio de vida, es decir, dejar a un lado la materialidad en la
que el hombre se sumerge a diario, convertirnos en seres humanos y
presencia de gente mecanizada donde las ideas económicas, políticas y
sociales son el factor influyente para olvidar todas las necesidades
humanas.
A escala mundial se requiere de un esfuerzo por atender
los límites de la pobreza y la indigencia, por no ser para uno mismo sino
ser para los otros; en medio de la trivialidad es urgente rescatar el
sentimiento de esperanza y anhelo para seguir defendiendo la vida.
Basta de seguir el camino robotizado, donde la ciencia
y la tecnología consideran mejorar a Dios y luchar contra las leyes de la
naturaleza. Es ineludible repensar y sobre todo actuar ante los terribles
ataques que ponen en riesgo la existencia del hombre, reflexionar sobre
los asuntos como el aborto, la clonación, el juego de embriones
congelados, porque en realidad hay quienes no saben qué tipos de seres
humanos desean crear.
La propuesta a ser individuos pensantes implica a la
conversión de individuos de acción, que rescaten los valores humanos y
sobre todo el combate contra las ideas que intentan extirpar al género
humano.
Nuestra sociedad no debe convertirse en individualista,
utilitarista, narcisista de sí misma, sino fruto de la comprensión de unos
seres con los otros; no se trata de vivir utópicamente pero sí de realizar
un compromiso interno para manifestarlo externamente. Comprometerse por la
paz, en lugar de apoyar las marchas violentas, pensar cuáles serán las
consecuencias de ello y realizar marchas de bienestar; profundizar y
recapacitar sobre la necesidad de vivir en tranquilidad hombres con
hombres.
El pensar no sólo debe recaer es un estado de inercia,
sino de movimiento y de acción, es necesario formar una cadena humana que
levante a quienes más lo necesitan, contemplar la realidad requiere de una
acción más allá y eso es algo que hoy, en la actualidad apresura hacerse.
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