7. Pon de moda... la
humanidad (I)
Nieves García / www.mujernueva.org
Cuando logremos asombrarnos, como el niño que
descubre, admirado, cómo trabajan las hormigas o cómo vuela una mariposa,
lo que cada uno somos como ser humano, entonces, sin pretenderlo,
empezaremos a ser más humanos y con nuestra vida pondremos de moda… la
humanidad.
Las modas van y vienen. Ropa, zapatos, peinados,
lenguaje… Las seguimos para evidenciar que estamos al día, que formamos
parte de una sociedad en cambio, y que somos capaces de apostar por lo
diferente. Curiosamente ofrecen una pasajera seguridad.
Las modas triunfan cuanto mayor es el número de
personas que las elige, y posiblemente triunfan porque se aprovechan del
deseo profundo de pertenencia que cada ser humano tiene en su ansia de
buscar aquello que le identifica como parte de algo más grande que él
mismo. Pero hay una moda que no pasa, y que en el fondo sostiene a las
demás: la moda de la verdad, del bien, de la alegría, de la belleza, del
amor. En otras palabras, la grandeza y maravilla que esconde cada ser
humano, por el simple hecho de ser lo que es, es la moda eterna que nos
ofrece la verdadera seguridad personal.
Nos interesa esta moda, y nos interesa a todos, porque
en el fondo estamos algo cansados de las constantes paradojas de nuestra
sociedad. Armando Marínese describía algunas de las más comunes:
- Gastamos más, pero tenemos menos; compramos más, pero
disfrutamos menos.
- Tenemos casas más grandes, pero familias más chicas;
más comodidades, pero menos tiempo.
- Tenemos más diplomas, pero menos sabiduría; más
conocimientos, pero menos criterio; más expertos, y sin embargo más
problemas; escribimos más, pero aprendemos menos.
- Más medicina, pero menos salud.
- Planificamos más, pero realizamos menos.
- Hemos aprendido a agilizarnos, pero no a esperar.
- Construimos más computadoras para acumular más
información, para producir más copias que nunca, pero nos comunicamos cada
vez menos.
- Nos acostamos muy tarde, nos levantamos muy cansados.
- Hemos multiplicado nuestro patrimonio, pero reducido
nuestros valores.
- Hablamos demasiado, amamos muy poco y odiamos con
demasiada frecuencia.
Estas paradojas revelan un síntoma común: la
insatisfacción. El hombre y la mujer de hoy se encuentran insatisfechos de
sí mismos. ¿Por qué? Quizás… porque, a fuerza de adorar a la técnica y
buscar el bienestar, se han olvidado de quiénes son realmente. En cada
hombre y en cada mujer, hay algo “más” que no se ve a simple vista. Ese
“más” es precisamente lo que les humaniza, y hace de ellos, de ti que lees
estas líneas y de mí que las escribo, un alguien increíble, único y
valioso.
Volver
a descubrir la maravilla que encierra cada ser humano y el valor que
posee, es fundamental para volver a confiar en él.
Esta confianza saciará en parte la insatisfacción. Aunque sabemos que el
valor del ser humano no es por sí sólo causa para confiar en él, pues el
realismo muestra que el ser humano también es débil y muchas veces su
comportamiento dista de lo que le ennoblece; pero aún aceptando su
miseria, la libertad nos ofrece la opción de cambiar…y esta posibilidad es
motivo para confiar en el otro.
Este redescubrimiento lo tiene que hacer cada
generación, cada sociedad, cada hombre y cada mujer; y de él depende que
en esa época se haga justicia al ser humano. ¿Por qué? Porque del ser se
deriva naturalmente el actuar. En la medida que cada uno descubra quién
es, sabrá qué ha de hacer. La ética que ha de guiar el comportamiento
humano es una ética adecuada, (llamémosla una ética humana) en la medida
en que se deriva del descubrimiento de la verdad del hombre y de la mujer;
sólo así la libertad deja de ser una brújula loca sin norte, para
orientarse a elegir aquello que engrandece y dignifica al ser humano: la
verdad, el bien, la belleza… y en una sola palabra: el amor.
La época de la Grecia clásica o del Renacimiento son
buenos ejemplos del florecimiento y progreso que acontece en una sociedad
que descubre el valor y la dignidad del ser humano. Florecen las artes, la
ciencia, la concordia y la justicia; despuntan los sabios y se escucha a
la Historia; se sueña con ser más, con ser mejor y con volar más alto.
¿Dónde
están hoy los grandes hombres y mujeres que sólo con verlos dejan en el
alma deseos de sublimar la existencia o de vivir un ideal de ser humano
que potencie sus facultades, eleve sus aspiraciones y le lleve a vivir las
virtudes que lo enaltecen? Quizás
llegue la hora de organizar una verdadera revolución, y dejar la retórica
para salir a la calle, a los foros, a los parlamentos y a las asambleas
internacionales, a los cines y a las playas, a las calles y a las tiendas…
para invitar a cada hombre y cada mujer, a descubrirse a sí mismo, y poner
de moda la humanidad. Pero antes, cada uno tiene que hacer esta
experiencia en personal; nadie la puede hacer por nosotros. No se da lo
que no se tiene. Cuando logremos asombrarnos, como el niño que descubre,
admirado, cómo trabajan las hormigas o cómo vuela una mariposa, lo que
cada uno somos como ser humano, entonces, sin pretenderlo,
empezaremos a ser más humanos y con nuestra vida pondremos de moda… la
humanidad.
Las preguntas clave entonces son: “¿Quién es el ser
humano? ¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo?”
Existen tantas respuestas como seres humanos han
poblado el mundo y viven hoy y vivirán mañana. Pero algunas pistas que nos
pueden dar luz podrían resumirse en este decálogo sobre el que iremos
profundizando poco a poco.
1. Eres un ser humano… en la dificultad puedes tener
buen humor ¡Sonríe!
2. Eres un ser humano… libre, aunque estés en la más
oscura prisión ¡Sé tú!
3. Eres un ser humano con ideas geniales ¡Piensa!
4. Eres un ser humano y sientes compasión, gratitud y
admiración. ¡Siente a lo humano!
5. Eres un ser humano capaz de enamorarse para toda la
vida ¡Enamórate!
6. Eres un ser humano capaz de hablar con un silencio
¡Comunícate!
7. Eres un ser humano… que buscas el bien, la verdad y
la belleza ¡Vuela alto!
8. Eres un ser humano; el único ser ecológicamente
responsable ¡Cuida el mundo!
9. Eres un ser humano, el único ser que puede entrar en
su interior y… rezar. ¡Ora!
10. Eres un ser humano… capaz de ser amante y
necesitado de ser amado. ¡Atrévete a Amar y déjate querer!
Si alguien necesita hacer este
descubrimiento es la mujer, porque del descubrimiento que ella haga de su
identidad depende el cuidado de la humanidad. La mujer, siendo
mujer, invita naturalmente al hombre a descubrir su masculinidad e
identificarse con ella; siendo
esposa y amante le revela que él también es un ser para el amor, fecundo
en la medida que es él mismo; y siendo madre le descubre que es un ser
humano que sólo será feliz en la medida que aprenda a amar
desinteresadamente, sin miedo al sacrificio. La mujer hoy día tiene
urgencia de descubrirse como es; digna por ser un ser humano, necesaria
para que la humanidad sea, por ser ella… mujer.
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