2. La educación no
se toma en serio
Víctor Corcoba Herrero
Hace tiempo que lo educativo, contrariamente a lo que
se dice, ha dejado de tomarse en serio. Ni tenemos una educación de
calidad para todos, ni tampoco entre todos se ha llegado a un pacto.
Hace tiempo que lo educativo, contrariamente a lo que
se dice, ha dejado de tomarse en serio. Cada gobierno hace su ley y parece
importarle poco el consenso. Ni tenemos una educación de calidad para
todos, ni tampoco entre todos se ha llegado a un pacto en un derecho
fundamental que exige la máxima colaboración y cooperación. Por esa falta
de entusiasmo educacional, una parte de nuestros jóvenes abandonan los
estudios muy tempranamente, mientras otros adolescentes que despuntan como
talentos deciden estudiar en otros países.
Lejos queda también esa educación integral, en valores.
Hoy se recibe una enseñanza totalmente incompleta, sesgada, a base de
conocimientos que para nada preparan para la vida en común. Sólo hay que
salir a la calle y moverse entre jóvenes. Se le pide a la sociedad el
apoyo al sistema educativo a fin de crear un clima de formación que
estimule la docencia y a los discentes, mientras apenas se propicia debate
alguno. También se nos dice en el Anteproyecto de la Ley Orgánica de la
Educación, el deseo de acometer una simplificación y una clarificación
normativas, cuestión que desde luego la realidad lo pide a gritos, puesto
que las competencias son de una incompetencia total en algunas comunidades
autónomas.
Un ejemplo de que la educación no se toma en serio, son
sus efectos. Por una parte, los educadores se declaran hartos y engañados
por los políticos de uno y otro signo tras tantas reformas educativas que,
opinan, no atajan el fracaso escolar, cuando éste podría reducirse
fácilmente, dicen, restando alumnos en las aulas pongamos por caso. Por
otra parte, los padres todavía encuentran un montón de dificultades para
escolarizar a sus hijos donde les plazca. Me da la sensación de que la
educación de calidad habrá que seguir pagándola acudiendo a centros
privados, con la consabida desigualdad de oportunidades.
La enseñanza básica obligatoria y gratuita para todos
los ciudadanos continúa siendo la educación primaria y la secundaria.
Cuesta entender que la educación infantil quede fuera de esa gratuidad.
También se habla de las enseñanzas de idiomas, artísticas y deportivas, ya
me dirán cómo, puesto que las infraestructuras de algunos centros es de
pena. En suma, nos gustaría esperanzarnos con esta nueva normativa, pero
mucho me temo que es más de lo mismo; más discriminación, menos
aprendizaje. Por mucha organización de las enseñanzas desorganizadas, los
intereses interesados saltan a la vista. Quisiera confundirme en la
valoración. Tiempo al tiempo.
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