9. Santo Toribio
Mogrovejo, un don Quijote sin mancha
José Antonio Benito Rodríguez
¡Ay! —respondió Sancho, llorando—: no se muera vuestra
merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la
mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir. (El
Quijote, II, Capítulo 74)
El 23 de marzo de 1606, Jueves Santo, en Zaña, cerca de
Chiclayo, por donde se encontró el Señor de Chipán, al Norte de Perú, un
empedernido caminante castellanoleonés (Mayorga-Valladolid 1538) pidió que
le tocaran el arpa para cantar con más fervor el salmo “¡Qué alegría
cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!”. Y se durmió, sin ruidos,
como cantan las alondras de su tierra, hermanando a blancos, negros y
mestizos del Perú.
Pronto se cumplirán 400 años. Los obispos del CELAM
vendrán en mayo a Lima a honrarle, al tiempo que celebran los 50 años de
esta decisiva institución del episcopado americano. No en vano es el único
santo de todos los obispos de América.
Y como coloco en la dedicatoria, pretendo que no se nos
muera Santo Toribio, “porque la mayor locura es dejarse morir”. Como muy
bien ha escrito E. Wiesel “olvidar a los muertos es matarlos de nuevo; es
negar la vida que ellos vivieron, la esperanza que los sostenía, la fe que
los animaba”. O en frase del filósofo francés G. Thibone: “Amar a una
persona es decirle tú no has muerto para mí”. Ojalá que estas páginas nos
ayuden a mantener bien viva la memoria de nuestro Santo Mogrovejo, como
padre y pastor.
El Sancho es Sancho Dávila, el escudero del prelado
Mogrovejo poro 52 años, desde el tiempo en que le sirvió cuando fue
nombrado inquisidor en Granada: “al cual recibió por paje y le dio escuela
y estudio y anduvo con él por todo el Reino de España cuando salió a
despedirse de SM y de sus consejos, cuando le presentaron por Arzobispo de
esta ciudad y en la Villa de Madrid, y de allí a Mayorga a despedirse de
su madre, tíos y parientes, caminando siempre con él y en su servicio este
testigo... sin faltarle un punto”. Nadie como él conocerá las apasionantes
aventuras del santo hidalgo arzobispo, de quien destaca su vida austera,
sin regalos: “No recibió regalo ni valor de una manzana, desde que fue
proveído por Inquisidor hasta que murió, de persona alguna ni jamás comió
fuera de su casa, aunque en Madrid, yendo a despedirse de Su Majestad,
para venir a estos reinos le convidaron muchos oidores amigos suyos y
concolegas de sus Colegios y de ninguna manera aceptó convite ni regalo”.
El Dr. Fernando de Guzmán, Maestrescuela de la
Catedral, primer Rector del Seminario y tres veces Rector de la
Universidad de San Marcos, y muy cercano al Santo, declarará en 1630 que
siempre iba “tratando a sus súbditos con suma llaneza y amor de Padre y
Pastor, siempre con un rostro alegre y unas entrañas de ángel”. Nuestro
Quijote vivió sin mancha. o como dicen los testigos en el proceso: ”La
sinceridad y candidez de su ánima fue tanta que en alma tan limpia nunca
cupo mala sospecha de nadie ni creía mal que le dijesen de otro, antes
volvía por todos y les defendía con modo santo y discreto”.
Nuestro Sancho y nuestro Quijote protagonizaron
aventuras sin cuento. Aquí, la primera, relatada por el propio Sancho en
el testimonio dado para la beatificación en 1631:
Fue un vivo retrato de los santos en toda su vida y
acciones y fue [...] aclamado por Santo, y Siervo de Dios y de vida
inculpable, y sabe este testigo que andando visitando la provincia de
Moyobamba en este Arzobispado, trescientas leguas de esta ciudad, que es a
la orilla del río Marañón, en compañía y servicio del Sr. Arzobispo y
teniendo noticia que en unos pueblos contiguos que estaban despoblados se
habían quedado algunos indios cimarrones y delincuentes, por estar ocultos
y no queriendo venir a reconocer sus curas ni a [...] determinó. ir
allá, no habiendo descubierto camino por donde ir por ser montañas y no
había. Fue desde la ciudad de Moyobamba hasta el pueblo de los Naranjos y
de allí al pueblo de los Olleros, a pie más de 30 leguas, por ríos,
ciénagas y montañas, sólo a buscar aquellos indios cimarrones que tiene
dicho y a doctrinarlos y confirmarlos y sacarlos y reducirlos adonde
pudiesen tener curas que les administrasen los Sacramentos y halló en los
dichos pueblos más de cien ánimas, entre chicos y grandes, unos
de más de 20 años por bautizar y otros de más de 80 de los que allí se
habían quedado. Bautizólos por su persona, confirmólos a todos, sacó los
que pudo por buenas razones adonde estaba el cura que los doctrinase y
yendo a los pueblos por la montaña, ríos, ciénagas y lodos, ayunando como
ayunaba, a pie descalzo, porque en los dichos ríos y ciénagas se quedaban
los zapatos y medias y aun los pellejos de los pies. Vino a desmayarse y a
quedar sin vigor ni fuerza ninguna y los indios que con este testigo iban
con los ornamentos para decir misa y con los óleos y crisma para confirmar
y bautizar, viéndole desmayado, tendido en el suelo que no hablaba,
tomaron un palo largo de la, montaña y con tres o cuatro mantas de los
dichos indios le ataron a manera de andas y le cargaron, lloviendo gran
suma de agua del cielo y ríos del suelo y caminaron a alcanzar a este
testigo que se había adelantado y cuando llegaron, preguntando por su amo
este testigo a los dichos indios, le dijeron en su lengua manquan que
quiere decir en la castellana ”ya murió”.
Este testigo sacó lumbre de unos palos que en la
montaña había, sin yesca ni pedernal y hizo candela. Este testigo solo con
los dichos indios, porque los demás criados no habían llegado y le cercó
de lumbre alrededor y con un paño de una almohada de su cama, que en las
andas iba, calentándolo fuertemente y refregándole el corazón y pecho y lo
demás del cuerpo, vino a tomar calor y hablar , al cabo de dos horas, con
tanta alegría y como si no hubiera pasado nada por él [...] ni cenó nada,
lo uno porque ayunaba... y lo otro, como no era tierra poblada sino
montaña, no había cosa que comer. Durmió aquella noche en el suelo en la
dicha montaña que no había horado ni peñas donde meterse, mas que gran
cantidad de osos y leones y monos, tan grandes como carneros. Y al fin
amaneció y era día de fiesta y iban llegando los criados, poco a poco,
descalzos y bien mojados y con todo esto, armaron en la montaña debajo de
unos árboles, una barbacoa; hecha de palos y cañas y con los fieltros y
capotes, hicieron un cerco a manera de capilla y dijo misa Su Señoría
Illma. como si no hubiera pasado nada por él y ¡volviendo a caminar por la
montaña hasta llegar a un pueblo que llamaban los Olleros”.
A Sancho Dávila nunca le saldrá “panza” pues la
penitencia y la austeridad del Prelado no permitía tales “excesos”. Y
nuestro Don Quijote, Santo Toribio, vivirá siempre sin mancha, su lema era
“antes reventar que cometer un pecado venial”. Como sucedió a la pareja
inmortalizada por Cervantes, hubo entre uno y otro una permanente
transfusión espiritual, una amistad entrañable, hasta llegar a decir que
Sancho se quijotiza y Don Quijote se torna un poco Sancho. En nuestro
Sancho se da una fidelidad inquebrantable, un cariño filial, una
admiración respetuosa de estar en contacto permanente con un santo; en
nuestro Santo una confianza extraordinaria y un afecto cordial de padre y
pastor.
Con la ley en la mano, su rostro “lleno de alegría”,
acariciando a todos con su mirada y con el amor de Dios en el corazón,
roturará la geografía del Perú, humanizándola, asentando la nueva
cristiandad de las Indias confirmando a sus hermanos. Gracias a un
carácter equilibrado, armónico, evangeliza sin imposiciones, hermana razas
sin abrir heridas, crea lazos forjados en amistad exigente y gratuita.
Impulsa la Universidad de san Marcos, crea cátedras de quechua, legisla en
sínodos y concilios, funda casas como la de las divorciadas o conventos
como el de Santa Clara, erige nuevas parroquias, y, sobre todo se entrega
de lleno a la tarea de formar, desde el Seminario, una minoría selecta con
su clero que esculpirá un nuevo rostro en el nuevo ser del Perú; un Perú
forjado en la santidad, un Perú aglutinador de culturas, ilustrado, justo
y solidario; un Perú, que a las puertas del Tercer Milenio, si quiere ser
fiel a sí mismo, debe bucear en su intrahistoria y toparse con este
personaje singular a quien todos llamaban “padre”.
El 2006 celebra el Centenario de la muerte de los dos
únicos obispos de América que han conocido el honor de los altares. San
Ezequiel Moreno, el I Centenario, y Santo Toribio, el IV. Nadie como ellos
encarnan el perfil trazado por Juan Pablo II en su exhortación
postosinodal Pastores gregis: “Los Obispos encuentran siempre aliento en
el ejemplo de Pastores santos, tanto para su vida y su ministerio como
para la propia espiritualidad y su esfuerzo por adaptar la acción
apostólica” (n.25).
Cuando Juan Pablo II visitó el Perú hace 20 años dijo a
los obispos: "En Santo Toribio descubrimos el valeroso defensor o promotor
de la dignidad de la persona. El fue un auténtico precursor de la
liberación cristiana en vuestro país (Perú). El supo ser a la vez un
respetuoso promotor de los valores culturales aborígenes, predicando en
las lenguas nativas y haciendo publicar el primer libro en Sudamérica: el
catecismo único en lengua española, quechua y aymara" ( 2-II- 1985, Lima).
El sucesor de Santo Toribio, el actual arzobispo de
Lima, S.E. Cardenal Juan Luis Cipriani, el. 28 de julio 2004, en el. Te
Deum con motivo de Fiestas Patrias, en la Catedral de Lima, ), nos
recuerda su perenne vigencia:
“Desde esta cátedra y desde este solar varias veces
centenario, pienso una vez más en mi egregio predecesor Santo Toribio de
Mogrovejo, quien recorrió buena parte del Perú, quien respetó la libertad
del hombre andino en el proceso fecundo de cristianización, y quien
muriera hace casi 400 años en el pueblo de Saña, cuando se hallaba en una
Semana Santa en plena visita pastoral. Él, en su santidad, y al lado de
ella, sirvió a la educación de los peruanos, y fue un modelo de vida
limpia y de fidelidad a los deberes de su consagración episcopal. Lo
imagino y lo siento con nosotros, en estas horas en las cuales debemos
reiterar nuestra creencia en el Perú”.
PARA SABER MÁS:
Direcciones en internet:
Su biografía en:
http://www.ucss.edu.pe/fondo/toribio.htm
Varios artículos e imágenes en
http://www.arzobispadodelima.org/storibio/santoto.htm
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