[ ESPECIALES ] LOLO
PERIODISTA SANTO
DOSCIENTOS PERIODISTAS PIDEN AL PAPA LA CANONIZACIÓN DE UN COLEGA
(L’osservatore romano 12 septiembre 2002)
Manuel Lozano Garrido, LOLO, joven de A.C., escritor y periodista,
inválido -y ciego- en silla de ruedas durante más de 28 años.
Cuando se presentó en Madrid la biografía
de Lolo, el Cardenal Javierre decía: “Conociendo la predilección que nutre
el Papa con los jóvenes y enfermos, cabe imaginar el gozo con que Juan
Pablo II habrá de dar su bienvenida a Lolo, al hacer su ingreso en la
Congregación de los Santos...” Y añadía: “No es difícil suponer la alegría
que le espera a Juan Pablo II viendo a un inválido ascender a la gloria de
Bernini. Conviene que la Congregación de los Santos convierta las
escaleras en rampas. No me consta de precedentes de una subida en silla de
ruedas. Por ello me encanta pensar que la Providencia haya reservado a
Lolo el privilegio de semejante primado”.
1.- Pero ¿quién es Lolo?
Lolo fue un joven de A.C. Nació en
Linares (Jaén. España) en 1920. A los 22 años una parálisis progresiva le
sentó en un sillón de ruedas. Su inmovilidad fue total. Los últimos nueve
años, también ciego.
Pero Lolo fue un joven seglar, un
cristiano que se tomó en serio el Evangelio, o como decía de él Martín
Descalzo: “Se dedicaba a ser cristiano. Se dedicaba a creer”.
Tan en serio se tomaba el Evangelio que
un día alguien (Hno. Robert de Taizé) se acercó a su casa. Lo vio. Lo oyó
hablar. Miró aquel cuerpecillo agarrotado. Tomó la pluma y escribió en la
pantalla de la lámpara que alumbraba desde el rincón la mesa donde Lolo
trabajaba. “Lolo, sacramento del dolor”.
Pero este joven de A.C., que mantuvo la
perenne alegría en su permanente sonrisa, “varón de dolores” y sin
embargo sembrador de alegría en los cientos de jóvenes y adultos que se
acercaban a él en busca de consejo, tenía un secreto: (“El secreto de Lolo”,
es el título de la biografía infantil en comics publicada por Blanca
Aguilar).
2.¿Cúal es el secreto de Lolo que le
hacía vivir la alegría en el dolor? (“La alegría vivida en el dolor”,
biografía de Lolo)
Lolo había sido un joven amante del
deporte y de la naturaleza; alegre en sus travesuras infantiles y más
alegre aún en sus juegos de juventud cuando comenzó a abrirse a la vida,
a desear “devorar” apostólicamente el mundo.
Se había formado apóstol en el centro de
jóvenes de la A.C. de Linares por los años de la década de 1930. “Para él
la A.C. lo era todo”.
En la A.C. aprendió a amar con locura a
la Virgen Nuestra Señora. De ella escribirá bellísimas páginas llenas de
ternura y filial amor a lo largo de sus 28 años de escritor y periodista
inválido.
En la A.C. curtió su fervor eucarístico
que le marcó para toda la vida. Ahí quedan sus escritos sobre la fiesta
del Corpus Christi o sobre el Jueves Santo o sobre el sacerdocio. Ya
paralítico -desde el balcón de su casa situada justamente enfrente de las
puertas de la Parroquia de Santa María de Linares, donde él fue bautizado
y donde ahora reposan sus restos mortales- desde el balcón hacía un alto
en sus trabajos de escritor paralítico y decía: “Ahora -frente a frente
con el Sagrario- voy a echar con Él un parrafillo”.
3. La experiencia eucarística de Lolo,
que en su adolescencia le convirtió en otro “Tarsicio” llevando
clandestinamente la Eucaristía durante la guerra, se hace en él más
profunda cuando pasa la noche entera del Jueves Santo en prisión adorando
al Señor Sacramentado que le habían pasado oculto en un ramo de flores.
La Eucaristía marcó a Lolo hasta los
tuétanos. ¡Qué bellamente lo describe Martín Descalzo: “Misa en casa de
Manolo”!; porque Lolo, que había descubierto lo que la Eucaristía es para
la Iglesia y en la vida de cada cristiano, ya no podrá pasar sin tener
cada día “Mesa redonda con Dios”; ese es el título de uno de sus libros.
La Eucaristía es para Lolo fortaleza en su debilidad y alegría en su
dolor, fuente de su inquietud apostólica y manantial para su pluma. Así
podía ser también gracias a cada mes, en razón de ser Lolo miembro de los
“discípulos de S.Juan”, fundados por el Bto. Manuel González.
4. Apóstol.
Este Lolo, joven apostólicamente
comprometido en época de hostilidad e incluso de persecución religiosa,
recorre pueblos como propagandista de la A.C.; no duda en lanzarse a
evangelizar desde la radio; se enamora de Cristo y le dice: “Un préstamo:
déjame tu corazón... no para el egoísmo de realizarlo todo fácil y sin
esfuerzo, sino para hacer bueno ese deber que es amarte a tu medida”, como
dice en “Las golondrinas nunca saben la hora”, otro de sus libros. Este
Lolo, inquieto y andariego, recibe la visita del dolor : “Aparentemente el
dolor cambió mi destino de modo radical. Dejé las aulas, colgué mi título,
fui reducido a la soledad y el silencio. El periodista que quise ser no
ingresó en la Escuela; el pequeño apóstol que soñaba llegar a ser dejó de
ir a los barrios; pero mi ideal y mi vocación los tengo ahora delante, con
una plenitud que nunca pudiera soñar”. Así escribe en “Cartas con la señal
de la Cruz”.
5. Inválido.
Este apóstol de la A.C. recibe de Dios
“la vocación de enfermo” : “Mi profesión: inválido”. Y es tal su invalidez
que día a día va perdiendo todos sus movimientos. Su cuerpo se convierte
en un amasijo retorcido de huesos doloridos; pero nunca se queja ni habla
de sí mismo. Sin embargo... cuando pierde el movimiento de la mano
derecha, aprende a escribir con la izquierda. Cuando también la izquierda
se paraliza, dicta a un magnetófono y así se convierte en escritor y
periodista incansable desde su silla de ruedas.
6.Escritor y periodista.
Hay dos anécdotas que no quiero omitir.
Cuando aún podía mover algo los dedos le regalaron una máquina de
escribir. ¿Lo primero que escribió en ella?: “Señor, gracias. La primera
palabra, tu nombre; que sea siempre la fuerza y el alma de esta máquina...
Que tu luz y tu transparencia estén siempre en la mente y en el corazón de
todos los que trabajen en ella, para que lo que se haga sea noble, limpio
y esperanzador”.
Y cuando recibe permiso para que en su
“mesa redonda” se pueda celebrar la Misa tuvo esta corazonada: “-Traete la
máquina de escribir”. -¿Para qué ahora?¡Estás loco! -“¡Qué sí, ea; aprisa;
te la traes y la metes debajo de la mesa, para que así el tronco de la
Cruz se clave en el teclado y eche allí mismo sus raíces”.
¡Las raíces! ¡Y cómo arraigaron en su
vida y cuánto fruto dieron!
7. “SINAÍ”.
Desde su rincón inmóvil, desde su silla
de ruedas, Lolo se convierte en periodista y escritor . Es más, funda una
obra pía: “Sinaí, grupos de oración por la prensa”; cada 12 enfermos junto
con un monasterio de clausura toman sobre sí el “cuidado espiritual” de un
concreto medio de comunicación social y así hasta 300 enfermos incurables
a los que Lolo une, alienta, a través de la revista mensual que para ellos
escribe. De este modo -igual que Moisés mientras oraba con los brazos
levantados en el Sinaí para ayudar a Israel- todos esos enfermos que “no
pueden levantar ni sus brazos ni andar con sus pies” se convierten sin
embargo en apoyo cristiano y apostólico para los periodistas.
Por eso pudo escribir el “Decálogo del
periodista” y “La oración por los periodistas”, porque Lolo fue un
periodista cristiano desde una doble vertiente: porque habló de temas
religiosos, pero “muy también y más” porque supo hablar de todo y de
cualquier cosa desde la doctrina de la Iglesia, desde el enfoque de la fe:
minería y urbanismo; escolarización , monocultivo y agricultura; crónicas
de la ciudad o evolución del universo...
8. Un enfermo que trabaja cada día.
Lolo “se hace” periodista y escritor.
“Gano mi pan con el sudor de mi frente”, dice cuando recibe uno de sus
múltiples premios literarios. Escribe 9 libros de espiritualidad, diarios,
ensayos, una novela autobiográfica, y cientos de artículos en la prensa
nacional y provincial... Lolo es un trabajador dolorido o un enfermo que
trabaja de sol a sol. En su vida se mezcla año tras año, en una única
trenza, el trabajo arduo y la enfermedad aguda. Pero en su vida, como su
gran secreto, está la piedad mariana y eucarística, de la que brota un
amor apasionado por la Iglesia y un apostolado incansable “sin moverse de
su sillón de ruedas”.
9. Su amor a la Iglesia.
Porque en Lolo, para concluir, hay que
decir que se desarrolló día a día su amor a la Iglesia al compás del
caminar de los días en que la Iglesia “estaba en Concilio”. ¡Con qué
avidez “leía” ya ciego oyendo las crónicas y las reflexiones de los Padres
y de los teólogos del Vaticano II y con qué profundidad penetró en el
espíritu conciliar!
10. Alegría contagiosa.
En su vida fue calando el valor del dolor
como aceptación en paz y gozo de los planes de Dios. Entonces su vida de
cada día, su contacto con las gentes, se convierte en alegría contagiosa.
A los pies de la gruta de Lourdes, Lolo peregrino-enfermo, le dijo a la
Señora: “Te ofrezco la alegría, la bendita alegría”. Y la Señora sembró y
multiplicó en él la semilla de la alegría, del buen humor, que él
trasmitía a quien se acercaba a su sillón de ruedas.
11. Lo extraordinario vivido con
normalidad.
En Lolo creció una dimensión de su vida
que fue hacer de lo extraordinario (que eran aquellos grandísimos dolores
de su enfermedad; su médico le decía “eres el enfermo grave que goza de
más buena salud”), hacer que aquello extraordinario pareciera “ordinario”
por la normalidad rutinaria con que vivía sus circunstancias terribles. Lo
extraordinario de Lolo es que aquella situación tan dura él la convirtió
en “aparente” normalidad. ¡Como si fuera un hombre sano y fuerte! Era como
un Job del siglo XX.
12. El día 3 de noviembre de 1971.
Su vida se apagó el día 3 de noviembre de
1971. Era el día de S. Martín de Porres, “Fray Escoba”, el santo que había
crecido en la santidad en un rinconcito del convento, como Lolo que había
vivido toda su vida en el metro cuadrado que ocupaba su sillón de
inválido. Mientras a su lado yo, sacerdote que tuve el gozo de estar 9
años cerca de él, rezaba con él el Padre Nuestro y decía con él a María
Santísima: “Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra
muerte”. Y en esos momentos se paró su corazón “que no le cabía en el
pecho” como le decía el médico siempre que lo auscultaba.
Doce años antes, el mismo día 3 de
noviembre, Lolo había escrito: “ Hoy el día sabe a andén de ferrocarril,
cuando llega el tren y se baja el amigo a quien hace mucho tiempo no
veíamos. Ya tú estás aquí, sentado junto a mi sillón, y yo te echo el
brazo efusivamente por los hombros...” ( Así escribió en su libro “Dios
habla todos los días”). Había llegado el momento del abrazo efusivo con
Dios a quien había amado y a quien, crucificado con su cruz de prolongada
y dura enfermedad, él se había ofrecido como amigo.
Quienes le conocieron en vida -hoy hace
31 años de su muerte- recogieron su herencia. Han reeditado todas sus
obras escritas; han constituido una asociación canónica que promueve su
canonización. Habiendo conocido su sencillez franciscana quizá él ahora
desde el cielo mire y se sonría con humor. El Obispo de Jaén, Don Santiago
García Aracil, abrió y concluyó en 1994-1995 el proceso diocesano de
canonización. Después, la POSITIO sobre su vida y virtudes heroicas del
Siervo de Dios “Lolo” ha sido publicada por la Congregación para las
Causas de los Santos. Parece que hasta Dios está por la “tarea” pues en
esa Congregación Vaticana ya se tiene impresa (año 2000) la documentación
sobre un posible milagro atribuido a Lolo.
Lolo, seglar, joven de A.C., periodista y
escritor cristiano, inválido total y ciego, de profundo espíritu
eucarístico y mariano, hijo amante de la Iglesia, alegre en el dolor,
apóstol y consejero... ¡Esa es su tarjeta de visita! ¿Podrá subir a “la
gloria de Bernini” por una rampa con una silla de ruedas?
Linares 3 de noviembre 2002.
Por la Asociación promotora de la
Causa,
Rafael Higueras Álamo,
Deán de la Catedral de Jaén
Consiliario de la Asociación. Apartado 208. Telf. 34.953.692408
E-mail: amigoslolo@wanadoo.es
23700 Linares (España)
www.amigosdelolo.com
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