Una iniciativa que nos emociona
Rafael Higueras
El prestigioso diario bilbaíno LA GACETA DEL NORTE ha publicado
recientemente el interesante artículo que reproducimos a continuación. El
autor del mismo es el popular novelista y sacerdote, DON JOSÉ LUIS MARTÍN
DESCALZO, autor de la famosa novela “La frontera de Dios”, que un día
fuese galardonada con el Premio Nadal. Nuestra gratitud, tanto al
batallador diario, como al mismo escritor.
El periodista recibe diariamente docenas
de papeluchos, de publicaciones que todo el mundo se empeña en mandarle
sin que, las más de las veces, al periodista le importen un pimiento. Y el
periodista las mete en el bolsillo para ojearlas a la noche, cuando a las
tres de la mañana cruza las calles desiertas de la ciudad, en la hora
menos caliente del día de verano.
¿Hay que decir que las más de las hojas
quedan en los primeros cubos de basura matinales? Pero hoy el periodista
ha guardado una, sólo una, una hojita que le ha emocionado. Son dos
pequeñas páginas impresas con buen gusto y que bajo el título de <<Sinaí>>
se editan en el apartado 112 de Linares (Jaén). Bajo el título, un
subtítulo dice: <<Grupos de oración por la Prensa Católica>>.
El periodista se siente un poco
emocionado. Sabía que, un día al año, las ciudades pueblan de carteles
hablando de la Prensa católica, pero pensaba que esto era una ventolera
que pasaba en cuanto esos carteles eran cubiertos por el anuncio del cine
del día siguiente. Y ahora acaba de enterarse de que hay una fraternidad
entre periodistas y enfermos y que a alguien se le ha ocurrido -¡nada
menos!- buscar quienes ofrezcan su dolor por los periódicos.
El periodista iba un poco cansado. Eran
las tres de la mañana y llevaba muchas horas de pié junto a la platina. Y,
de pronto, se dio cuenta de que no era él el único que velaba. Que también
muchos enfermos sabían lo que era eso de no dormir cuando todos están
durmiendo. Entonces ¿quizá alguien mientras el periodista trabajaba estaba
ofreciendo un dolor por su trabajo?
El periodista conocía a muchos
criticones, a muchos cazadores de errores, a tantos, que desde la cómoda
calma de la hora de la siesta, dictaminan seriamente sobre lo que el
periodista hizo anoche entre el vértigo de los teletipos. Él sabe, como
nadie, lo difícil que es servir a la verdad. Él siente como nadie la
responsabilidad de hablar cada mañana con cien mil lectores; conoce y mide
con miedo sus equivocaciones. Sabe que si en algún sitio es difícil ser
cristiano, ese sitio es la Prensa. Sabe también que si en algún sitio es
útil ser cristiano, ese lugar es la Prensa.
Por eso el periodista ha respirado al
encontrar que hay quienes no critican, sino oran; quienes no murmuran,
sino sufren; quienes no dogmatizan, sino ponen su grano en la tarea. Y
sabe que mañana él va a trabajar mejor porque se va a sentir más
sostenido, más sereno, más útil.
Por todo eso el periodista no ha tirado
esta única hojita. La ha guardado en su bolsillo para meterla a la mañana
siguiente bajo el cristal de su mesa de redacción. Cuando a las tres de la
mañana el cansancio le llegue le bastará mirarla para saber que hay otros
cansancios -quién sabe en qué hospital- que sostienen el suyo. Gracias, <<Sinaí>>.
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