Conciencia y votación
Luferni
El que se siente afectado en su derecho, demanda.
Acaban de demandar
algunos partidos a varios obispos porque parece que esos partidos tienen,
en sus programas públicos, políticas que se oponen a los valores morales
que fomentan los obispos en su labor pastoral.
En las orientaciones
que se dan a los feligreses se subraya la necesidad de congruencia entre
fe y decisiones. El voto decide a quién dar el poder. Una conciencia sana
busca información suficiente acerca de candidatos y partidos. Al conocer
sus programas podrá ver si están de acuerdo con sus convicciones morales y
con todo lo que le parece valioso e importante. Conocerá también lo que le
parece rechazable. Entonces puede decir sí o no.
Se supone que los
partidos que aceptan el aborto, por ejemplo, saben que no cuentan con los
votos de quienes lo ven como un crimen, desde su razón y desde su fe.
Saben que la causa de esa exclusión no es que los pastores declaren el
valor de la vida humana al cumplir su misión.
Cualquier creyente
puede aceptar que falta a su conciencia si no vota. Porque cae en un
abstencionismo irresponsable. Que también se contradice si emite un voto
sin reflexión ni información, sin saber a quién está dando el poder. Se
siente incongruente si su voto intenta dar el poder a quien acepta lo que
su propia moral rechaza.
No son los obispos
quienes condenan a los partidos que propugnan políticas opuestas a los
valores del evangelio. Es la gente la que los identifica cuando conocen
los programas partidarios y sus planes de acción..
Ningún obispo que
cumpla su misión de dar a conocer los valores del evangelio es demandable
sino por quienes quieran hacerse notar, auque sea con una acusación sin
consistencia.
Puede haber decálogos
del elector, del gobernante, del taxista o chofer, del empresario, del
deportista... No serían sino recordatorios de valores y exigencias de
conciencia, ya incluidos en el primer decálogo, que formuló la ley
natural.
No lesiona ningún
derecho el cumplimiento de la misión de iluminar la conciencia que tienen
los pastores de la Iglesia. No cumplirla sería para ellos una omisión
inaceptable. Cada partido debe aceptar que muchos ciudadanos, en
conciencia, no decidan darles el poder, no sólo por ineptitudes sino
también por propugnar programas que chocan con la conciencia de los
posibles electores...
Publicado el 27 de
mayo de 2003
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