Acciones y opciones
formativas
Víctor Corcoba Herrero
Las acciones formativas han de tomar esa opción
humanística, sin complejos, aquélla que abre los horizontes del
conocimiento, por encima de restricciones y especializaciones
fragmentarias, que conllevan al absurdo.
Buceando en la letra
impresa, hallé un libro de recientísima publicación, que me ha hecho
reflexionar. Su autor, Juan Santaella López, Catedrático de Lengua y
Literatura del IES "Padre Suárez" de Granada y Doctor en Pedagogía por la
Universidad granadina, es el padre de la criatura, bautizado con el nombre
de: "Crisis de las Humanidades y Educación en Valores". En sus centenares
de páginas se plantea la crisis actual del humanismo y de las humanidades,
y la necesidad de rearmar moralmente a la sociedad mediante la educación
en valores, tanto en el ámbito familiar como educativo.
Es verdad, que hoy los
alumnos poseen más información que la que tenían las anteriores
generaciones, sin embargo, me surge la pregunta: ¿tanto conocimiento les
forma para vivir mejor y ser más felices?. Justo cuando me estaba
interrogando a mi mismo, un autobús urbano me sorprende con un cartel
propagandístico, que me da la respuesta. Una academia anuncia, lo
siguiente: “formamos triunfadores”. Frente a este tipo de spot
publicitario, creo que es urgente promover y facilitar la educación del
hombre entero, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad, es decir,
respondiendo al fin mismo refrendado por la Constitución Española, (art.
27.2), el desarrollo de aquellos elementos de la cultura que le ayuden a
asumir su ser y su sentido, aquello que satisfaga las aspiraciones más
grandes y más altas.
Acumular riquezas,
alcanzar posición... ¿Eso es triunfar?. Los jóvenes de hoy, los que andan
a tropezones por los difíciles escalones de un sistema educativo
tecnificado y sin alma, los que quieren triunfar en la vida profesional a
toda costa y los que se afanan por el primer puesto de trabajo, los que
sufren las consecuencias de familias y matrimonios rotos, los que buscan
sentido a su vida por los caminos cegados y sin retorno del alcohol, de la
droga y del sexo, los que anhelan experiencias verdaderas de auténtico
amor...; todos, sin excepción, están necesitados de muchas cosas; pero,
sobre todo, de esa educación integral, en valores.
En este sentido, hago
mías las palabras que escribe, acertadamente a mi juicio, -sobre todo sus
consideraciones críticas-, Juan Santaella López, referentes al lugar que
han de ocupar las humanidades: “Hemos de lograr que los currículos sean
cada vez más un exponente de los problemas que aquejan al hombre de hoy,
es decir, que sus contenidos no se elaboren de espaldas a la realidad; que
la cultura y el saber estén inseparablemente unidos a la ética y no
separadas como dos mundos diferentes; que la educación, las humanidades y
el sentido del hombre y de su mundo formen una unidad inseparable e
interrelacionada; que tanto las materias humanísticas como las científicas
estén conectadas porque común es su objetivo, y que estén impregnadas por
un profundo humanismo”.
Por consiguiente, las
acciones formativas han de tomar esa opción humanística, sin complejos,
aquélla que abre los horizontes del conocimiento, por encima de
restricciones y especializaciones fragmentarias, que conllevan al absurdo.
A mi manera de ver, una Europa de las nacionalidades y regiones, sólo es
posible con jóvenes abiertos al saber, que han bebido de esa apertura, y
que luego, serán capaces, de generar una sociedad multicultural pacífica,
que no vive del pensamiento débil, ni del pensamiento único que margina
las diferencias mediante una absurda homogeneidad cultural.
El libro de Juan
Santaella, sobre la “crisis de las humanidades y educación en valores”
(publicado por la Universidad de Granada y editorial Comares), nos da
ciertas claves y una serie de conclusiones valientes, cuya pretensión es
establecer las posibles medidas que podrían y deberían tomarse para lograr
una enseñanza de mayor calidad y de mayor contenido humanístico. Siguiendo
su perspectiva, realmente es urgente y necesario, yo así lo creo, alentar
un nuevo humanismo para una nueva Europa. Hay, pues, que animar al mundo
estudiantil a un empeño que va más allá de la búsqueda estrecha de los
propios intereses triunfalistas, debe abrirse a un más amplio campo de la
cultura. Y todo ello, para que pueda lograrse el auténtico e integral
progreso del ciudadano europeo y europeísta, de los pueblos de Europa y de
la casa común europea a la que se aspira edificar.
Publicado el 27 de
mayo de 2003
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