La historicidad de
una historia: Jesús de Nazaret
Francisco Baena Calvo
La pretensión por parte de cada generación cristiana
de localizar los datos fundamentales del evangelio que, fuera de
discusión, se pueden afirmar como históricamente verdaderos es apremiante.
Cuando todo parece
tranquilo y las aguas están serenas, surgen opiniones, estudios y
planteamientos que ponen en entredicho la misma transmisión de Jesús de
Nazaret por parte de los evangelios.
Hay que afirmar con
rotundidad que los evangelios no son una biografía de Jesús, ni un diario
de camino ni una “historia”. Los evangelios son, en síntesis, catequesis,
escritas por hombres de fe para otros hombres y mujeres de fe. El interés
de Jesús de Nazaret, su mensaje, sus hechos y palabras, sus encuentros
liberadores con la gente de su tiempo, etc, parten desde la resurrección,
todo interesa “a la luz de la Resurrección”.
Este planteamiento no
quiere decir que haya que desligitimar cualquier pretensión de basar la fe
cristiana en datos históricos fiables y fuera de toda discusión; al
contrario, el que es el fundamento de la fe y ha sido resucitado es el
mismo que vivió en Palestina y murió en la cruz.
Aunque nuestra
aturdida razón puede dudar de todo y dejar el pasado en desierto por
nuestra pretendida sospecha, podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos,
apoyados por los más serios exegetas e historiadores: la existencia
histórica del mismo Jesús de Nazaret; su muerte en la cruz bajo el mandato
de Poncio Pilato; el hecho de los milagros, signos que provocaron la
atención de muchos en su tiempo; el uso del término “Abba” para dirigirse
al Padre; la cercanía y la acogida de Jesús con los pecadores y
marginados; la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios; el bautismo de
Jesús por Juan Bautista en el río Jordán; el fracaso externo de la obra de
Jesús, etc.
Basar la fe en el
auténtico “Jesús histórico” es el mayor de los retos y el desafío para ser
cristiano en una cultura cada vez más fragmentada y movediza.
Publicado el 31 de
mayo de 2003
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