La sexualidad humana
Francisco Baena Calvo
Asistimos a una época de valoración de la sexualidad
humana frente a otras de cierto recelo e, incluso, rechazo de la misma.
La sexualidad define a
toda la persona en toda su vida y no puede ser reducida a la genitalidad.
Podemos decir que el ser humano se hace en todo momento como hombre o como
mujer en su relación con los demás y en su acercamiento con el mundo.
Pero la pregunta que
brota en muchos jóvenes de mi entorno es: ¿realmente la Iglesia valora la
sexualidad humana? ¿qué visión brota de la Biblia del hombre y de la
sexualidad? ¿realmente hay un reclamo de lo corporo-sexual en el proyecto
salvífico de Dios? ... Son preguntas vitales y no pueden ser arrinconadas.
La Biblia afirma que
la dignidad brota del ser humano como ser creado por Dios, el ser humano
en su totalidad y en todas sus dimensiones, incluido lo corporo-sexual.
"Hombre y mujer los creó", y de ahí brota la igualdad y la
complementariedad de la pareja.
El cambio de la
Iglesia en torno a la sexualidad dentro de la pareja se manifiesta en
declaraciones como ésta: "Este amor (conyugal) se expresa y perfecciona
singularmente con la acción propia del matrimonio. Por ello los actos con
los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y
dignos, y, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y
favorecen el don recíproco, con el que se enriquecen mutuamente en un
clima de gozosa gratitud" (G.S. 49).
Pienso que debemos
admitir, en mi opinión, que la dimensión sexual humana está íntimamente
relacionada con el proyecto salvífico de Dios y una oportunidad para
avanzar en una concepción unitaria del hombre, al margen de la visión
dualista de otras épocas, influenciada por el platonismo.
Publicado el 3 de
junio de 2003
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