La madre Teresa
Adolfo Carreto Hernández / Avmradio.org
Son los propios religiosos quienes deben de mostrar
con mayor claridad su razón última de la forma de vivir, para que los
creyentes los entiendan. Pienso en la madre Teresa de Calcuta, por poner
un ejemplo de sobra conocido.
Se queja un religioso,
de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús, de que "no se muestra con
claridad la razón de ser de la vocación religiosa", y esto es la causa de
la disminución de las vocaciones. Es verdad que lo que se desconoce es
como si no existiese, y lo que no se publicita, difícilmente se compra.
También es cierto que todo depende del modo de publicitar las cosas.
Lo que escribe el
religioso del Sagrado Corazón de Jesús suena a preocupante. Dice: "La vida
consagrada aparece como un misterio a los ojos de los creyentes, porque no
se muestra con mucha claridad ni la razón última de la forma de vivir de
los religiosos y religiosas, ni su engranaje natural en el tejido de la
Iglesia, ni los objetivos específicos que justifican su razón de ser". Lo
cual suena a una confesión desinteresada, a una auténtica autocrítica. Y
eso está muy bien.
La vida consagrada es,
en efecto, un misterio. Y a la vida consagrada hay que verla como
misterio, y mostrarla como tal. Que no es lo mismo que mostrarla como
misteriosa. Para entender a la vida religiosa, como para entender a la fe,
hay que sumirse en el misterio, lo que equivale a decir que hay que
despojarla del ropaje falso de lo misterioso. Y quizá sea esto lo que haya
que publicitar, que vender, o para utilizar un lenguaje menos comercial,
que convencer.
A los humanos nos
gusta el misterio, estamos hechos de misterio. Lo que ocurre es que lo
hemos alejado tanto de nuestra cotidianeidad, de nuestra existencia, que
se nos antoja misterioso, equívoco. Y ahí es donde reside la
confrontación, el desequilibro, el no entendimiento. Por eso, quizá, a los
creyentes les cueste aceptar una cosa que no ven clara.
El resto de las
razones que aduce el religioso son realmente preocupantes, pero son de
índole interna, esto es, pertenecen al conocimiento y a la convicción que
tengan las Congregaciones de sí mismas.
Son los propios
religiosos quienes deben de mostrar con mayor claridad su razón última de
la forma de vivir, para que los creyentes los entiendan. Pienso en la
madre Teresa de Calcuta, por poner un ejemplo de sobra conocido. Son las
Congregaciones quienes deben engrasar su engranaje natural para que
funcionen al ritmo del tejido de la Iglesia. Sigo pensando en la madre
Teresa de Calcuta. Y son también las Congregaciones quienes tienen que
clarificar sus objetivos y su razón de ser. Mientras esto no sea así,
difícilmente el creyente podrá comprender ni la vida religiosa ni su
inclinación hacia ella. Es decir, no sabrá como meterse en el misterio. Y
continúo pensando en la madre Teresa.
Publicado el 6 de
junio de 2003
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