El ejercicio de la
política
Jesús Alfonso Nieves Asúnsolo
Ahora como cristianos, nuestro actuar para transformar
nuestro país debe estar fundamentado en los valores morales del
cristianismo, propio de cualquier ser humano, proclamando las exigencias
de la Ley de Dios.
Indiscutiblemente que
cada vez nos preocupamos por el futuro de nuestra sociedad y más
actualmente en las elecciones políticas de nuestro Estado de Sonora. No
porque estemos visualizando el porvenir sino por vivir la problemática de
nuestra época, donde se considera “correcto” además de democrático el no
creer en nada: Ni en la verdad ni en el bien, ni en la justicia, debido a
que los problemas morales se resuelven mediante el ejercicio ilimitado de
la libertad individual ya sea por votación o sobre la base de la
“conciencia cívica”, dejando camino libre a cualquier tipo de atropello y
arbitrariedad contra la dignidad de la persona.
Estamos afrontando una
profunda transformación de nuestras leyes, instituciones y culturales,
derivado de la apremiante necesidad de contar con un sistema político,
económico y social, capaz de erradicar la pobreza, la violencia, la
impunidad, la desconfianza y la corrupción que envuelve a un gran número
de mexicanos, y que solo la podemos transformar frente a las personas en
contra de una autoridad carcomida que ejerce con exclusivas vistas al
poder, al dinero o a la anulación de los que “supuestamente no importan”.
Ya en nuestro país
obtuvimos un gran cambio, el de haber logrado que el presidente de la
república fuese elegido libremente por los ciudadanos. Lo anterior ha sido
fabuloso, los resultados serán otros, algunos buenos u otros malos o
regulares, pero, los ciudadanos tuvieron esa oportunidad.
Ahora como cristianos,
nuestro actuar para transformar nuestro país debe estar fundamentado en
los valores morales del cristianismo, propio de cualquier ser humano,
proclamando las exigencias de la Ley de Dios en la cual todo gobierno debe
fundarse para garantizar la promoción humana, la liberación de todo tipo
de esclavitud y el auténtico progreso (Cfr.Juan Pablo II,17.XII.99).
El título de este
artículo lo tomé de uno publicado por Francisco Baena Calvo en virtud de
lo interesante de su contenido en el cual él comenta que la política ocupa
uno de los lugares de las nuevas generaciones y que la política parece
haberse reducido a estructuras partidistas y en la evaluación del
ejercicio de un político correcto y del ejercicio de una corporación
municipal, elegido democráticamente en las elecciones oficiales. También
comenta, lo cual se me hace muy interesante del desprestigio de la
política va acompañado con la imagen negativa de los partidos políticos y
de las instituciones públicas. Este mismo autor afirma que en muchos
frentes la política se ha desvinculado de la moral y de los valores
éticos, abogando el “mal menor” y la eficacia política.
En su artículo “El
ejercicio de la política” comenta que la verdadera política es preocuparse
de los asuntos de la “polis” y es necesaria esta dimensión para el
desarrollo integral del ser humano, que es un ser relacional y comunitario
en su misma esencia. El hombre que es un ser social, necesita una eficaz y
auténtica política, ejercida fundamentalmente por los políticos, elegidos
democráticamente por el pueblo, con honestidad, sensatez y honradez,
administrando los “bienes públicos”, en beneficio no de una minoría
favorita o un partido político, sino para el bien común, el bien de la
mayoría.
Nosotros como
cristianos debemos estar presentes ante las problemáticas sociales de
nuestro pueblo, por lo tanto, el desafío es hacer el presente en este
ambiente contemporáneo a Jesucristo como respuesta a nuestras necesidades
y expectativas, con una evangelización que promueva integralmente a la
persona humana, construyendo así una cultura entre gobernantes y
gobernados en los valores del evangelio, pues los problemas cristianos
están en todo aquello donde esté en juego la dignidad de las personas.
En fin, debemos exigir
a estos nuevos políticos que desean gobernar nuestra sociedad, que lo
hagan con respeto, en calidad de servir y no del beneficio propio, puesto
que ya es escandaloso los sueldos u honorarios que reciben ante la agudeza
de la pobreza y de las carencias cívicas de la población.
El actuar de los
políticos y sus respectivos sueldos se parece mucho a un refrán que mi
padre siempre me ha comentado sobre los clubes sociales y que dice así: El
“club fulano de tal” hace unas grandes comidas para beneficio de los niños
que tienen hambre.
Publicado el 6 de
junio de 2003
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