El anuncio, la
huida, el profeta
Adolfo Carreto / Avmradio.org
Al parecer, en Palestina y en Israel está prohibido el
domingo de resurrección, siempre es Viernes Santo. Y cuando parece que un
rayito de luz intenta aclarar el horizonte, siempre alguien se empeña en
abortar el amanecer.
No quiero entrar en el asunto político de dos pueblos
en su decidido afán por vivir si es posible, porque convivir parece no
serlo, en un terruño que, por historia, a todos pertenece. Los límites de
uno y otro hogar es asunto que no me compete, pero alguien debe echarle un
freno a este desaguisado, porque pareciera que por el camino que vamos
carece de arreglo.
He de confesar que de
niño, Belén, Nazaret, Jerusalén, el Monte de los olivos, el pozo de Jacob
donde una samaritana tuvo a bien acercar la tinaja a un judeo cansado, era
geografía también de mi propiedad. Construir todas las navidades un
nacimiento, llamar a la Virgen María madre, y rezar a Jesús de Nazaret
como a nuestro salvador, no puede ser algo extraño, por fuerza tiene que
ser algo de propiedad no solamente colectiva en la fe sino también
individual en la necesidad. ¿Por qué van a robarme la paz que siempre soñé
y la salvación en la que siempre creí?.
Igual que a mi, y creo
que exactamente por lo mismo, nos duele a todos el conflicto
palestino-israelí. También por cuestiones de creencias, sí, pero sobre
todo por cuestiones de orientación vital. Y hasta de futuro. Es difícil
aceptar que los parajes por los que anduvo y dijo Jesús, se hayan
convertido en una Apocalipsis sin sentido. Y he llegado a la insensatez de
pensar que la solución sería quitarle el protagonismo a los políticos, de
la saga que sean, y entregárselo a los auténticos adoradores de Alá, de
Yahvé y de Jesús. Porque si estos no arreglan el desaguisado me temo que
las crucifixiones de lado y lado continuarán marcando el rito de este
desenfrenado holocausto, de este Viernes Santo incomprensible.
¿Cómo ser insensibles
ante la confesión del obispo auxiliar de Jerusalén, Monseñor Kamal Hanna
Batis, quien ha confesado recientemente que "a sus setenta años de vida,
no ha conocido ningún período de paz en los territorios palestinos, desde
su nacimiento en la ciudad de Nazaret"?. Y yo todavía, ingenuamente, me
esfuerzo en novelar mis convicciones, que son convicciones de esperanza,
redención, felicidad, salvación y todo eso que me enseñaron, siguiendo con
la pluma y con el alma los pasos, incluso los físicos, de Jesús de Nazaret.
Publicado el 11 de
junio de 2003
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