Los militares
Adolfo Carreto / Avmradio.org
"Mi gratitud porque defendéis a los débiles, protegéis
a los honrados y favorecéis la convivencia pacífica de los pueblos".
Murieron 62 militares
españoles en un trágico accidente de aviación, en tierras de Turquía, y ya
de regreso a España luego de haber cumplido su cometido de que hubiera
menos muertos y más humanidad en el Afganistán asolado por la barbarie de
la guerra. Es decir, no eran militares combatientes sino militares
condescendientes y dispuestos a recuperar lo que la guerra había
previamente destrozado, tanto en lo físico como en lo anímico. Si sabemos
que las guerras son así, no entiendo todavía por que nos empeñamos en
hacerlas.
Dejando a un lado las
implicaciones políticas del percance, dejando aparte a quienes siempre
pretenden sacar dividendos políticos a cualquier acontecimiento, por muy
trágico que sea, y dejando también a un lado la desfachatez de quienes
siempre se creen inocentes porque van a lo suyo y descuidan el resto, lo
cierto es que este accidente sea culpable quien lo sea, es terriblemente
triste, pero es también clarificador.
Lo de clarificador me
lo hizo entender monseñor Agustín García Casco en la homilía del famoso y
solemne funeral. Se lo dijo, no ya a los difuntos, que para ellos el
dolor, las lágrimas, las medallas, la bandera y el recuerdo. Se lo dijo a
las Fuerzas Armadas españolas: "mi gratitud porque defendéis a los
débiles, protegéis a los honrados y favorecéis la convivencia pacífica de
los pueblos". Si esto es así, porque la vocación de los militares
españoles es ser "ser servidores de la seguridad y la libertad de los
pueblos", me congratulo con las fuerzas armadas.
Y es que uno ve por
estos pagos que los objetivos de ciertos militares no parecen ser esos. Se
ve en sus rostros desprecio, y no por un enemigo al que únicamente le une
el resentimiento lejano, sino hasta con sus compatriotas, hasta con sus
más cercanos allegados. Lo hemos visto con frecuencia por estas calles
disparando contra civiles inocentes, que lo único que gritaban era
libertad. Lo hemos visto por estas geografías obedeciendo órdenes
criminales de dictadores inescrupulosos. Los hemos visto sumisos a una
obediencia irracional cumpliendo el sagrado sacramento de la obediencia
debida. Y esto es precisamente lo que uno no quiere de un militar, entre
otras cosas porque el militar es quien tiene las armas y contra las armas
alegres no hay argumento que valga.
Así que mi
agradecimiento va no sólo para los militares que murieron sin matar sino
para todos aquellos que se exponen a morir, aunque sea en accidente de
aviación, para que otros puedan seguir viviendo, porque militares de otras
geografías y de otros caprichos los quisieron matar.
Publicado el 11 de
junio de 2003
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