La costumbre de ser
impopular
Jaime Septién
A Cristo, por sembrar la Verdad, lo crucificamos. Hoy
perseguimos obispos. Es parte de la misma historia. Nuestra historia.
Desde que san Pablo
predicó en el Aerópago, en Atenas, los cristianos debemos tener en cuenta
que nuestra fe choca de frente en contra de la mentalidad de la época y la
ignorancia de la gente, incluso de la gente… de buena fe.
San Pablo hizo un
esfuerzo por predicar a los atenienses que no merece otro calificativo que
el de admirable. Se tomó en serio a sus escuchas; vio cuáles eran sus
taras, pero, al mismo tiempo, se percató (camino al Aerópago) que había
una salida: el altar que en Atenas estaba "al dios desconocido". Y por ahí
pescó a sus oyentes. Hubo conversiones. Otros se fueron dubitativos, y los
más se encogieron de hombros: "Ahí nos vemos luego -dijeron-, y entonces
nos hablas de la resurrección de ese tal Jesús...".
Sembrar sin descanso:
tal fue la divisa de Cristo y camino para sus apóstoles: para nosotros.
Hoy mismo. "Mis elegidos no trabajarán en vano", se lee en Isaías (65,
23). Pero, en nuestro trajín cotidiano, pocos llevamos marcado a fuego
esta consigna. Nos desaliente con rapidez el griterío de los tontos.
Hace algunos días, el
presidente de la Fundación San Pablo-CEU de España, Alfonso Coronel de
Palma, decía, refiriéndose al espinoso tema (allá y aquí) de los
cristianos en la política, que "el cristiano (en la política o donde sea)
está sujeto a una doble ciudadanía, como habitante de la tierra y testigo
del cielo". A mí me parece esto muy pertinente, ahora que los obispos nos
recuerdan que, frente a la urna, tenemos que sembrar conciencia,
ciudadanía, en medio de la ignorancia, la indiferencia y la mentalidad de
nuestro tiempo, marcado por el recurso al "ahí se va" en materia electoral
y en casi todo.
"Ciudadanos de la
tierra y testigos del cielo". La fórmula funciona. Con el voto debemos
pensar qué queremos para nuestros hijos, para nuestra familia, y, al mismo
tiempo, qué nos pide Dios que construyamos como camino de salvación para
todos. Aunque no sea "popular entre la tropa" actuar así, exigir así,
darse así a los demás. Ser cristiano nunca ha sido gratificante. A Cristo,
por sembrar la Verdad, lo crucificamos. Hoy perseguimos obispos. Es parte
de la misma historia. Nuestra historia.
El hombre aprecia la
Biblia pero rechaza su moral
"Está a la vista de
todos una situación paradójica: el ser humano de nuestra época,
desilusionado por tantas respuestas insatisfactorias a las preguntas
fundamentales de la existencia, parece abrirse a la voz que procede de la
Trascendencia y que se expresa en el mensaje bíblico. Al mismo tiempo,
cada vez soporta menos la exigencia de comportarse en armonía con los
valores que la Iglesia presenta desde siempre como fundados en el
Evangelio. Asistimos así a intentos de todo tipo para desligar la
revelación bíblica de las propuestas de vida más arduas". (Juan Pablo ll
ante los miembros de la Comisión Pontificia Bíblica, 29 de mayo)
Publicado el 8 de
junio de 2003
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