Comprar la muerte
Los alertas que la Iglesia católica viene realizando
en lo concerniente a las nuevas técnicas de procreación asistida no son
descabelladas ni fortuitas.
Aunque algunos de los
postulados que aparecen en el documento vaticano sobre la procreación y la
bioética puedan ser discutidos, no cabe la menor duda de que las
apreciaciones de la Iglesia, y los temores, no carecen de fundamente. Como
el inexcrúpulo es una de las notas predominantes de nuestro tiempo, y como
la comercialización de todo se ha convertido en la nueva ética del
desarrollo y el progreso, los adelantos genéticos ya han sido copados por
este mercantilismo a ultranza, de forma tal que la vida humana puede
degenerar en desastre.
Hubo una vez alguien
que logró el calificativo de "el rey del divorcio": el doctor Bernard
Nathanson. En una oportunidad le oí hablar y jamás creí que podía
efectuarse cambio tan radical en persona humana. El mismo se confesaba
asesino, aunque involuntario, y ahora él mismo se entrega a defender la
vida desde el seno materno con esa autoridad de quien habla con el
fundamento de causa que proporciona la experiencia.
El doctor Nathanson ha
vuelto a poner el dedo en la llaga social de la manipulación genético al
denunciar que las mujeres del tercer mundo serán inducidas para trabajar
en las denominadas "granjas de las partes humanas", esto es, lugares
"técnicamente desarrollados, donde las mujeres son tratadas para que sus
fetos se desarrollen con rapidez para luego hacerlas abortar, descuartizar
"técnicamente" los fetos y vender sus órganos a personas vivas, las cuales
"podrán hacerse prácticamente inmortales". No son las ansias de
inmortalidad lo que realmente asusta.
La lucha contra la
muerte es la más vieja y natural de las aspiraciones humanas. Gracias a la
medicina los años naturales de vida se han alargado, igual que se ha
reducido la asombrosa cifra de mortalidad infantil de otros tiempos.
Lo que realmente
asusta es ese "cultivo" de seres humanos para luego ser utilizados como
repuestos. Y no cabe duda de que esta posibilidad técnicamente podrá
darse, al igual que técnicamente se da el uso de la energía atómica, o de
cualquier otro tipo de energía, para la destrucción masiva.
Y es de esto de lo que
se trata_ de la creación masiva de vida (fetos) para la destrucción masiva
de los mismos. Sólo va de por medio el argumento de que matando a unos se
salva a otros o se les hace "prácticamente inmortales". Un negocio en
puertas.
Publicado el 27 de
junio de 2003
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