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Comprar la muerte

Adolfo Carreto / www.avmradio.org 

Los alertas que la Iglesia católica viene realizando en lo concerniente a las nuevas técnicas de procreación asistida no son descabelladas ni fortuitas.

Aunque algunos de los postulados que aparecen en el documento vaticano sobre la procreación y la bioética puedan ser discutidos, no cabe la menor duda de que las apreciaciones de la Iglesia, y los temores, no carecen de fundamente. Como el inexcrúpulo es una de las notas predominantes de nuestro tiempo, y como la comercialización de todo se ha convertido en la nueva ética del desarrollo y el progreso, los adelantos genéticos ya han sido copados por este mercantilismo a ultranza, de forma tal que la vida humana puede degenerar en desastre.

Hubo una vez alguien que logró el calificativo de "el rey del divorcio": el doctor Bernard Nathanson. En una oportunidad le oí hablar y jamás creí que podía efectuarse cambio tan radical en persona humana. El mismo se confesaba asesino, aunque involuntario, y ahora él mismo se entrega a defender la vida desde el seno materno con esa autoridad de quien habla con el fundamento de causa que proporciona la experiencia.

El doctor Nathanson ha vuelto a poner el dedo en la llaga social de la manipulación genético al denunciar que las mujeres del tercer mundo serán inducidas para trabajar en las denominadas "granjas de las partes humanas", esto es, lugares "técnicamente desarrollados, donde las mujeres son tratadas para que sus fetos se desarrollen con rapidez para luego hacerlas abortar, descuartizar "técnicamente" los fetos y vender sus órganos a personas vivas, las cuales "podrán hacerse prácticamente inmortales". No son las ansias de inmortalidad lo que realmente asusta.

La lucha contra la muerte es la más vieja y natural de las aspiraciones humanas. Gracias a la medicina los años naturales de vida se han alargado, igual que se ha reducido la asombrosa cifra de mortalidad infantil de otros tiempos.

Lo que realmente asusta es ese "cultivo" de seres humanos para luego ser utilizados como repuestos. Y no cabe duda de que esta posibilidad técnicamente podrá darse, al igual que técnicamente se da el uso de la energía atómica, o de cualquier otro tipo de energía, para la destrucción masiva.

Y es de esto de lo que se trata_ de la creación masiva de vida (fetos) para la destrucción masiva de los mismos. Sólo va de por medio el argumento de que matando a unos se salva a otros o se les hace "prácticamente inmortales". Un negocio en puertas.

Publicado el 27 de junio de 2003

 
 

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