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Robo y deuda externa

Adolfo Carreto / www.avmradio.org 

El robo de los dineros públicos en nuestras naciones ha venido generalizándose en forma descarada.

Aunque en el léxico normal no aparezca la palabra robo sino la más diplomática y sofisticada de corrupción, la realidad viene siendo la misa. Robo, malversación, corrupción dispendio, despilfarro, fuga de divisas... o lo que sea, no son más que matices lingüísticos de la misma moneda.

Este es un aspecto que atañe directamente a la predicación en este proceso de la nueva evangelización. Todo robo, hurto o como quiera denominársele, es una violación de la justicia. En este caso concreto es, además, un daño causado a la justicia referida al bien común. Y si de materia grave se trata, ¿hay alguna más grave que la de dejar a los países en la bancarrota y a los caprichos de la deuda externa, con todas las secuelas que esto acarrea para la convivencia social?. ¿Acaso no resulta extraordinariamente grave la necesidad de reorientar una economía, con todas las cuotas de sacrificios que implica, porque los dineros públicos se han ido esfumando sin que nadie se haya atrevido a poner coto, más todavía, propiciando esa evasión?.

Si todo daño contra la propiedad privada amerita una sanción equilibrada y equitativa, ¿qué no decir de este daño inmenso contra la cosa pública, cuando quien se ve forzado a penar no es un solo individuo sino el conjunto de la sociedad, y dentro de ese conjunto, los eternamente indefensos

Para la doctrina moral y sacramental de la Iglesia católica el pecado del hurto, para su expiación, debe llevar implícito, además del propósito de la enmienda, la certeza de la restitución. Y la restitución hay que hacerla a la persona o a las personas a quienes se lesionó su derecho, o a sus legítimos herederos. El robo cometido contra la nación siempre tendrá destinatarios para su restitución.

Se impone, por lo tanto, una predicación sobre la restitución. De la predicación sobre la denuncia hay que avanzar hacia la obligatoriedad de la devolución. Lo que lleva implícito, en el caso de los robos contra la nación, la implementación de la justicia para que retorne a sus sitio lo sustraído.

De no ser así, además de fracasar el ejercicio de la justicia, fracasará también el ejercicio de la credibilidad. Porque, como ha afirmado el episcopado venezolano "el país siente que, a través de diversos mecanismos de mentira y ocultamiento de la verdad, ha sido engañado y está cansado de ello".

Publicado el 27 de junio de 2003

 
 

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