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El lenguaje como provocación

Adolfo Carreto / www.avmradio.org 

Parece evidente que el lenguaje es una de las más efectivas armas que poseemos los humanos tanto para defendernos como para atacar.

No en pocas ocasiones el lenguaje, utilizado como arma, ha ido abandonando el terreno para convertir en batalla física lo que hasta entonces no había sido otra cosa que batalla lingüística.

En nuestro entorno tenemos ejemplos diarios que asombran. Uno de los campos más afectados por este virus del lenguaje como provocación es el político. Expresiones de grandes personeros ante las cámaras o fuera de ellas, dejan mucho que desear ante la opinión pública con el uso del desbocado lenguaje en momentos de inquina política o partidista. Ha habido casos sobrados en el Congreso, y algunos muy recientes.

Esto del lenguaje como provocación no es exclusivo del entorno político. Durante mucho tiempo la literatura religiosa abusaba de este estilo, y fue el Concilio Vaticano II el que tuvo que matizar expresiones, inclusive litúrgicas, que no se compaginaban con el lenguaje religioso. Los judíos, durante muchos años, no fueron bien tratados por el estilo eclesiástico, al igual que los protestantes y otros “pérfidos”. Sobre el lenguaje anticomunista, ni que hablar.

Podríamos seguir apuntando otros ámbitos de la actividad social, incluido el deporte, en donde el lenguaje de provocación se está convirtiendo en hábito. Y no es buen síntoma. Porque estamos educándonos, quizá inconscientemente, para la agresión, cuando no para el odio como recurso de convivencia social.

Esta larga introducción es sólo para anotar una cualidad que me parece básica en el estilo del actual pontífice: su léxico hacia la paz, su lenguaje para cambiar estereotipos seculares, inclusive dentro de la literatura eclesiástica. Llamar hermanos y hermanas a los de creencias contrarias no es solamente un detalle diplomática; es retomar un estilo de apertura y comprensión, hasta en el léxico, abierto gracias al espíritu del vaticano II.

En un momento tan convulsionado, nacional e internacionalmente, quizá el primer paso necesario para el logro de la convivencia sea este: el cambio de estilo en el lenguaje. Porque el lenguaje es el reflejo del ser de las personas, Y también de las sociedades. Mientras persista el lenguaje de la provocación, la paz y la concertación serán pura fantasía.

Publicado el 1 de julio de 2003

 
 

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