Libertad religiosa
José Ignacio Munilla Aguirre
Una consejera desea está inconforme con un libro de
religión, pero se le olvida que sus declaraciones entran en colisión, no
ya con el derecho de la Iglesia Católica a expresar su pensamiento, sino
con el de los padres a educar a sus hijos conforme a sus principios.
La consejera de
Educación del Gobierno Vasco, Angeles Iztueta, anunciaba su intención de
dirigirse a la autoridad religiosa competente para mostrar su
disconformidad con la forma en que un libro de religión de 4º Curso de
Enseñanza Secundaria afronta el tema de la homosexualidad (D.V., 2 de
Julio, pag 8). El libro en cuestión es "Betel religión católica", que es
utilizado en toda España como texto de la asignatura de religión. Dice la
Consejera que ella no tiene competencias para retirar el texto (¡menos
mal!), pero denuncia que sus contenidos no sean acordes a los principios
del programa Uhin Bare, guía de la enseñanza de la sexualidad en la
Educación Secundaria, editado por su departamento.
Antes de entrar a
opinar en el tema, parece lógico que acudamos primero a ver lo que dice el
texto, donde en la página 93 se hace una sencilla valoración moral desde
el prisma de la moral católica, recordando que la homosexualidad priva de
la riqueza de la complementariedad con la que Dios creo al hombre y la
mujer. A esto añade el texto que la psicología nos muestra hasta qué punto
la homosexualidad puede ser en muchos casos consecuencia de disfunciones
en la identificación del niño con la figura paterna y materna; recordando
que existen terapias para reorientar estas tendencias. Releo varias veces
el texto en cuestión, y creo honestamente que no se puede ser más delicado
y respetuoso para expresar el pensamiento de la moral católica.
Antes de entrar en
consideraciones de fondo, quizás nos resulte útil destacar las
contradicciones tan ridículas en las que se está cayendo hoy en día en
nombre de lo políticamente correcto: Resulta que, por un lado, se reconoce
el derecho de los transexuales para realizar nada menos que una operación
para el cambio del sexo, e incluso se plantea su reivindicación para que
sea costeada por la sanidad pública; y, por otro, ponemos el grito en el
cielo por el hecho de que se ofrezca una mera terapia para que unos
homosexuales puedan corregir su tendencia. ¿? Por lo visto, lo primero
debe de ser un sano ejercicio de libertad, mientras que lo segundo "entra
en colisión con los principios y derechos fundamentales en relación a la
igualdad real y afectiva de las personas". ¡Increíble!
Pero lo mejor es que
vayamos a la raíz del asunto; y le recordemos a la Consejera de Educación
que sus declaraciones entran en colisión, no ya con el derecho de la
Iglesia Católica a expresar su pensamiento, sino con el de los padres a
educar a sus hijos conforme a sus principios. El artículo 27.3 de la
Constitución Española: "Los poderes públicos garantizan el derecho que
asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y
moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones". Este mismo
derecho ha sido recogido expresamente por la todas las leyes educativas,
LOGSE y L.O.C.E. incluidas. La cosa es tan sencilla, como que los padres
eligen libremente para sus hijos la asignatura de religión católica; y ese
libro en cuestión no hace sino recoger el pensamiento de la moral
católica. ¿Dónde estaba el problema?
No he formulado esta
última pregunta por mera ironía, sino con la pretensión de centrar el
debate en su epicentro: los poderes públicos se exceden en sus
competencias cuando elaboran unas guías para la educación sexual, en las
que están "adoctrinando" sobre cuestiones morales, entrando indebidamente
en un terreno reservado para los padres. En una sociedad laica, un
departamento de educación deberá difundir un plan de educación sexual,
pero no podrá entrar a evaluar el significado último de la sexualidad; y,
en consecuencia -al margen de cuestiones muy claras que están fuera de
debate-, no es competente para hacer un juicio moral sobre la idoneidad de
determinados comportamientos sexuales, y mucho menos contra la
sensibilidad de unos padres, que son quienes sostienen con sus impuestos
tanto la escuela pública como la privada concertada. Dicho de otra forma,
si como dice la Consejera hubiere una contradicción entre lo afirmado por
el libro "Betel - Religión Católica", y los contenidos del programa de
educación sexual del Departamento de Enseñanza del Gobierno Vasco; sería
este último el que debería rectificarse y no el primero. Y con esto no
estoy diciendo que los contenidos de los programas del Departamento de la
señora Iztueta deban de coincidir con la doctrina católica, sino que deben
de respetar en todo momento el derecho de los padres a orientar la
educación de sus hijos.
Por lo demás,
contrasta la atención tan diligente que la Consejera de Educación le ha
prestado a la reclamación de un colectivo homosexual, con la forma en que
ha ignorado las reiteradas demandas formuladas por parte de grupos de
padres católicos de diversos centros, solicitándole por escrito en la
Delegación de Enseñanza que sus hijos puedan recibir clase de religión,
sin obtener siquiera respuesta. La ley no se cumple en el País Vasco en lo
referente a la obligación de los centros de ofrecer la elección de la
asignatura de religión. En datos de Gipuzkoa, el 70 % de la ikastolas y el
48 % de las escuelas públicas de primaria ni tan siquiera ofertan tal
posibilidad. ¡Y ahora nos anuncia la Consejera que va a presentar una
queja ante la autoridad religiosa competente, atendiendo la reclamación de
un colectivo homosexual; a cuyos miembros nadie les impone cursar el
librito de marras, por cierto!
Pero concluyo diciendo
que sería demasiado simplista el limitarnos a criticar a lo políticos. ¿No
es cierto acaso que no estaríamos donde estamos, de no ser por la
pasividad de tanto católico dormido?
Publicado el 4 de
julio de 2003
|