Una entrevista a
Julián Gómez del Castillo: la posición del Movimiento Cultural Cristiano.
Fernando José Vaquero Oroquieta
Una entrevista a Julián Gómez del Castillo, cofundador
de la HOAC en 1946, segundo presidente de la Editorial ZYX, y del grupo
iniciador del Movimiento Cultural Cristiano,
una pujante realidad eclesial española, muy presente mediante la presencia
en la vía pública de España de las “Ediciones Voz de los sin Voz”, en la
estela de las históricas HOAC y Ediciones ZYX.
Hemos tenido la oportunidad de
entrevistar a Julián Gómez del Castillo, cofundador del
Movimiento Cultural Cristiano (MCC,
en lo sucesivo); una de las organizaciones católicas más presentes, en las
calles de las ciudades españolas, con su característico estilo militante.
Pregunta:
Imagínese a un joven de 17 años. Padres separados, vive con la madre.
Bautizado, hizo la primera comunión pero no contempla la posibilidad de
confirmarse. Estudia en un colegio privado no católico. Su mayor estímulo
es disfrutar el fin de
semana a tope. Suele llevar un
preservativo en un bolsillo del pantalón. Ahora, su principal dilema es
decidir donde hacerse un tatuaje. Inteligente, consumidor habitual de cine
y vídeo, pero apenas lee libros; estudiando únicamente para superar curso
y no perder los privilegios caseros. No tiene claro qué estudios
superiores realizará. No está comprometido en ninguna asociación. Si se lo
presentaran en una reunión de amigos, y éste le preguntara “de qué vas”,
¿qué respondería?
Respuesta:
De constructor de vida solidaria
P.:
¿Podría resumir, sintéticamente, el carisma de su movimiento?
R.:
Servir a la promoción integral y
colectiva, no al asistencialismo de los empobrecidos.
P.:
Algunos movimientos sociales,
aparentemente, han sido abandonados en buena medida por los católicos,
caso del sindicalismo, el cooperativismo, etc. Esta apreciación, ¿es
justa? ¿debería, el conjunto del catolicismo social, retomar la iniciativa
en estos ámbitos sociales?
R.:
Lo que ha sido abandonado es la actitud militante sustituyéndose con la
cancerosa e interesada burocracia.
P.:
El MCC, en sus publicaciones, denuncia con idéntico énfasis, tanto las
injusticias económicas y estructurales norte-sur, como el daño del aborto.
Esa capacidad de juicio, ¿le facilita el mantenimiento de espacios de
encuentro con otras realidades y movimientos eclesiales?, ¿se identifica
con algunas de esas realidades de forma especial?
R.:
Con la Iglesia. Las demás
realidades... son propias del mundo enriquecido a costa del empobrecido.
P.:
¿Mantiene, su movimiento, buenas relaciones con los obispos españoles?
¿Participa en las delegaciones diocesanas de apostolado seglar y pastoral
obrera?
R.:
La mayoría del MCC es universitaria.
Amamos a la Iglesia, a toda y única Iglesia y, lógicamente, todo lo que
hacemos colabora en su acción apostólica.
P.: ¿Cuáles
son las raíces, a su juicio, de las constantes muestras de anticatolicismo
militante practicado por determinados sectores políticos y mediáticos
españoles?
R.:
El sectarismo antirreligioso se ha
dado en la derecha y en la izquierda españolas desde principios del siglo
XX y se sigue dando. ¿Seguirá? En la medida que no se construya la
justicia, seguirá.
P.:
El MCC propugna generalmente, según
vemos en su revista
Autogestión, el “voto en blanco”. Con
la mirada en los próximos comicios del 25 de mayo, ¿mantendrá de nuevo esa
postura?, ¿también en el País Vasco y Navarra donde, además, se juega la
libertad de media sociedad?
R.:
Sí. Niego las siete palabras finales. Pero mientras más de 4.000 millones
de personas pasen hambre provocada, 400 millones de niños sean esclavos y
1.500 millones sean parados o subempleados pediremos el voto en blanco.
P.:
¿Qué opinión les merece el colectivo
Cristianos en el PSOE?
R.:
Los datos que tenemos nos dan la
impresión que no tienen maduro ni el cristianismo ni el socialismo, quizá
sean socialdemócratas.
P.:
El futuro parece jugarse, en buena
medida, en la educación de las nuevas generaciones. ¿Cómo responder, desde
la Iglesia a ese reto?
R.:
Eso lo he oído en los últimos 60 años. Creemos que el gran problema de la
evangelización del mundo enriquecido es la vivencia de la conversión y la
solidaridad.
P.:
En un mundo globalizado y de
pensamiento único, cuyo destino se determina en restringidos círculos
financieros y de poder político de alcance universal, ¿qué puede aportar
la Doctrina Social de la Iglesia? ¿No parece, acaso, un instrumento
obsoleto frente a las modernas modalidades de lucha y de resistencia anti-globalización?:
R.: No, si promovemos un
cristianismo de conversión y solidaridad.
P.:
La inmigración está evolucionando, pasando de ser una excepción a
constituir una realidad generalizada en la sociedad española. ¿Cuáles son,
a su juicio y en este contexto, los límites del principio de solidaridad?
R.: La solidaridad no debe
tener límites, debe abarcar hasta “dar la vida”, lo demás son chapuzas
burguesas.
P.:
El Islam, ¿qué le sugiere? ¿confrontación, diálogo, asimilación,
ecumenismo, multiculturalismo?
R.: Diálogo.
P.:
Ante la guerra en Irak, ¿le parece
justa y adecuada la postura de la Iglesia católica?
R.: Sí, pero además no
toleremos que sirva para tapar las otras 72 guerras que hay.
Arbil,
anotaciones de pensamiento y crítica,
Nº 69, mayo de 2003
Publicado el 8 de julio de 2003
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