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Fe y cultura
Hubo un tiempo en el que la cultura era
fundamentalmente cristiana. Hubo un tiempo, luego, y quizá como reacción,
de despecho. En este período de despecho la cultura pasó a denominarse
simplemente anti cristiana. Después hubo otro tiempo en el que la cultura
quiso ser ajena a todo lo que pudiera apuntar hacia lo trascendente: se la
denominó laica. Este es el momento en el que nos ha tocado vivir.
Pero algo está cambiando otra vez. Los desencantos
últimos dan pie para augurar un tiempo cultural que apunte hacia algo más
consistente. Sobre todo si entendemos la cultura como “el modo de
expresión y realización de la persona”, según el carácter que le asignara
el Cardenal Poupard, presidente del Consejo Pontificio para la cultura,
ese Consejo creado por el Papa Juan Pablo II en el año 1983.
Un teólogo laico, Enrique Miret Magdalena, ha resumido
el desencanto del actual momento cultural en los siguientes términos: “Las
soluciones orgullosamente ingenuas del siglo XIX ya no nos sirven en
ningún campo: ni el capitalismo ni el comunismo valen para resolver los
problemas económico-sociales que tenemos; ni el liberalismo ni la
dictadura, estàn capacitadas para hallar la solución política de nuestro
tiempo; ni el fideísmo religioso que pospone la razón, ni el racionalismo
escolástico que olvida la intuición, pueden satisfacer nuestro pensar más
profundo, que roza con los problemas màs hondos del espíritu e inquieta
nuetros silencios solitarios, en medio del fragor de la prisa, la angustia
y la lucha competitiva de nuestra sociedad”.
Este desencanto generalizado aboga, por lo mismo, hacia
un nuevo contexto cultural, el cual, sin obviar los valores que siempre
han dado consistencia al ser humano, busque nuevas propuestas, nuevas
alternativas, nuevas luces que iluminen el modo de expresión y de
realizaciones de la persona.
La Iglesia católica, que ha sido una de las
instituciones que más cultura “han producido”, siente igualmente este peso
e intenta, con los programas de la nueva evangelización, aportar con su
doctrina remozada para los nuevos tiempos, puntos de apoyo para que el ser
humano encuentra, ahora, si no el paraíso perdido sí el camino que le
dirija hacia la consecución del paraíso de la realidad humana. De toda la
realidad humana.
Tarea nada fácil.
Publicado el 7 de agosto de 2003
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