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Fe y cultura

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

Hubo un tiempo en el que la cultura era fundamentalmente cristiana. Hubo un tiempo, luego, y quizá como reacción, de despecho. En este período de despecho la cultura pasó a denominarse simplemente anti cristiana. Después hubo otro tiempo en el que la cultura quiso ser ajena a todo lo que pudiera apuntar hacia lo trascendente: se la denominó laica. Este es el momento en el que nos ha tocado vivir.

Pero algo está cambiando otra vez. Los desencantos últimos dan pie para augurar un tiempo cultural que apunte hacia algo más consistente. Sobre todo si entendemos la cultura como “el modo de expresión y realización de la persona”, según el carácter que le asignara el Cardenal Poupard, presidente del Consejo Pontificio para la cultura, ese Consejo creado por el Papa Juan Pablo II en el año 1983.

Un teólogo laico, Enrique Miret Magdalena, ha resumido el desencanto del actual momento cultural en los siguientes términos: “Las soluciones orgullosamente ingenuas del siglo XIX ya no nos sirven en ningún campo: ni el capitalismo ni el comunismo valen para resolver los problemas económico-sociales que tenemos; ni el liberalismo ni la dictadura, estàn capacitadas para hallar la solución política de nuestro tiempo; ni el fideísmo religioso que pospone la razón, ni el racionalismo escolástico que olvida la intuición, pueden satisfacer nuestro pensar más profundo, que roza con los problemas màs hondos del espíritu e inquieta nuetros silencios solitarios, en medio del fragor de la prisa, la angustia y la lucha competitiva de nuestra sociedad”.

Este desencanto generalizado aboga, por lo mismo, hacia un nuevo contexto cultural, el cual, sin obviar los valores que siempre han dado consistencia al ser humano, busque nuevas propuestas, nuevas alternativas, nuevas luces que iluminen el modo de expresión y de realizaciones de la persona.

La Iglesia católica, que ha sido una de las instituciones que más cultura “han producido”, siente igualmente este peso e intenta, con los programas de la nueva evangelización, aportar con su doctrina remozada para los nuevos tiempos, puntos de apoyo para que el ser humano encuentra, ahora, si no el paraíso perdido sí el camino que le dirija hacia la consecución del paraíso de la realidad humana. De toda la realidad humana.

Tarea nada fácil.

Publicado el 7 de agosto de 2003

 
 

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