Imprimir

Un sacerdote menos, mil pitonisas más

Carlos Díaz

Un sacerdote menos, mil pitonisas más, escribió Bernanos. A las religiones clásicas le han brotado de este modo miles y miles de pararreligiones o religiones de reemplazo porque mucha gente necesita creer que cree, agarrarse a alguna creencia.

Un sacerdote menos, mil pitonisas más, escribió Bernanos. A las religiones clásicas le han brotado de este modo miles y miles de pararreligiones o religiones de reemplazo porque mucha gente necesita creer que cree, agarrarse a alguna creencia, ya sea en el tarot, en la alveromancia, en la batracomancia, en la alomancia, en la quiromancia, en la nigromancia, o en la rapelmancia. Nueva telepredicación, a tanto los tres minutos de llamada, y te regalo un peine. Lo que no te digan los videntes no te lo dirá ningún invidente, claro; mánticos de todos los países, uníos. Tienes que consultar con el mago, con la bruja, con la pitonisa, con el oráculo. La parapsicología a la universidad, la sicofonía. Las caras de Vélmez, la ufología, el curanderismo, la medicina alternativa. No viajar si la carta astral te es desfavorable, no dar un paso en amores sin consultar al horóscopo en el que yo no creo pero por si las fláis. Nada de lanzarse a un negocio sin comenzar con un buen pie en tu biorritmo. Tu pareja ideal por tantos dólares, hale hop.

Y si no vas por ahí, entonces ven por el quiromasaje porque toda la energía que utilizas se centra en cada movimiento de tus extremidades; amasamientos, pellizcos, palmadas, rodamientos, presiones, movilizaciones acabarán con tus dolencias, con tus dolores cervicales, tu estreñimiento tan tuyo, tu celulitis, etc; necesitas hidroterapia, fomentos vaporosos, etc; anda, ven por la granja biológica, la macrobiótica, la galleta ecológica de régimen, el pan alemán, el cardo santo, las yemas de pino, la andrea o la valeriana, la infusión, la irrigación, que funcionan como un reloj, nada como defecar en cuclillas, uyuyuy la defecación natural, nada que dé mayor coherencia y continuidad a la antropología que la trofología yantatoria (de la fase oral -tesis- a la fase anal -antítesis-, y de ésta al «defecatorium» que es la síntesis destructiva; otra vez, pues, del «vomitorium» al «venereum» pese a tanto «aularium» universitario). En fin, a lo que íbamos, el cáncer se va con un choque de cebolla, el infarto con zumo de ajo, el insomnio con una buena relajación trascendental y todo lo demás al uso. Viva lo natural. Pero ojo, atención a los recetarios, pues, como dijera Mark Twain, «hay que tener cuidado con los libros de salud, podemos morir por culpa de una errata».

Pero la gente parece estar dispuesta a todo con tal de no perder comba. Por si falla lo anterior, en el Gran Almacén fletamos para ti, porque te amamos de ese modo tan especial con que te amamos nosotros y que tú ya conoces, porque eres joven, porque te lo mereces, vuelos al Katmandú, al Nepal o al Himalaya para que recites un millón de veces un tantra que te relajará hasta que pierdas el control de los esfínteres. También para los ejecutivos modernos Aeroméxico derrochará próximamente sus bondades: por la mañana puente aéreo México-Guadalajara, ya sabes, por la tarde kimono, sándalo y relajación orientalizante, portero de día occidental y portero de noche oriental, todo sea por el complejo de Colón señalando a las Indias.

¿Conoces el zazén? Siéntate sobre un zafú (cojín en castellano, jolín), en una habitación silenciosa, perfectamente inmóvil en la posición exacta y correcta, sin pronunciar ninguna palabra: estás ya en el espíritu vacío de todo pensamiento bueno o malo. Siéntete apaciblemente. Todos los días. Debes abandonar toda intención, renunciar a alcanzar una meta, sea cual sea. Debes concentrarte y consagrarte enteramente cada día no desfalleciendo nunca. Entonces, muy naturalmente, al cabo de algunos meses, de algunos años, podrás automáticamente e inconscientemente practicar gyodo (la verdadera Vía, el fruto del verdadero zen) con todo tu cuerpo, sin esfuerzo de la voluntad. Entonces llegarás a la plenitud de un verdadero líder dotado de gran profundidad de supervisión, aún cuando todas las existencias de la tierra, el agua, el fuego, el viento y todos los elementos se desintegren, aun cuando los ojos, las orejas, la nariz, la lengua, el cuerpo y la conciencia se encuentren en el error y en la turbulencia...

Para los menos beatos bastará con un poquito de senderismo, de dieta y de báscula. Mucho trabajo, en fin, para Narciso enredado con su ego reblandecido por fuera y por dentro ya sea para fortalecerle, adelgazarle, o ponerle a punto en sus zonas erróneas. Todo sea por la santa causa y por la espiritualidad gratificante con cara de bambi feliz. Todo sea por el propio yo enrollado con sus buenas vibraciones, su sentimiento de plenitud, su amortiguamiento de la inquietud, su madurez inmovilista, su misticismo rollizo, su egoísmo perfumado, su ñoñería completita.

Publicado el 7 de agosto de 2003

 
 

Inicio ] [ Atrás ]