La „Vieja Europa“
J. Antonio Doménech Corral
Todos se habían referido siempre a Europa con el
apelativo de “vieja”, con respeto y admiración. Por el cúmulo de riqueza
cultural y social que ha generado durante siglos y compartido a manos
llenas con otros continentes.
Hasta que el secretario norteamericano de Defensa,
Rumsfeld, se atrevió por vez primera a pronunciar la “vieja Europa” -vieja
en ideas y en edad- con tono despectivo, ante la protesta generalizada de
los pueblos de Europa cuando el ataque perpetrado a Irak. Lo malo es que
tenía razón en lo referente a la edad, comparando con EE.UU.
Porque, según estudios demográficos realizados para el
período que abarca hasta el año 2050, mientras la población del Norte de
América crecerá de 307 a 450 millones, la de Europa disminuirá de 729 a
642 millones; es decir, sufrirá un descenso de cinco puntos (del 12% al
7%) del total mundial. Y la razón es bien simple: en muchos países de
Europa, entre los que se cuenta España, el crecimiento es negativo. O
dicho de otro modo, se abren más tumbas que cunas se preparan. Mientras el
promedio de niños que nacen es de 1, 4 por mujer, sólo el mantenimiento de
la población europea actual está exigiendo que sea el 2,1. Los números lo
dicen claro.
Por esta razón, cuando andamos cerca del alumbramiento
de la nueva Europa Unida, nación poderosa que pretendemos ha de servir de
contrapeso mundial a la superpotencia norteamericana, no habría que
descuidar la importancia de la demografía para mantener el logro. Ya decía
el filosofo francés Auguste Comte, padre de la sociología, que la
demografía es el destino de las naciones para imponerse. ¿De qué, si no,
valdría llegar a igualar la capacidad técnica, científica y económica
estadounidense si continuáramos escasos de una juventud capaz de
utilizarlas y aún mejorarlas?. Si Europa quiere contrarrestar la
influencia del coloso americano no tiene más remedio que modificar su
preocupante situación demográfica. Una empresa que se presenta difícil,
porque el voluntarismo no está por esa labor de crecimiento que comporta
tantos sacrificios de renuncias personales a cambio de un futuro incierto.
Sin embargo Juan Pablo II, en su exhortación apostólica
“Ecclesia in Europa” firmada el pasado 29 de junio, recomienda “poner en
práctica una gran estrategia a favor de la vida” -que es de lo que se
trata- “mediante una movilización general de las conciencias y un común
esfuerzo ético”. Y aún apunta soluciones concretas, como acoger el
fenómeno generalizado de la inmigración “con hospitalidad inteligente” y
aplicar políticas de ayuda a las familias y de apoyo a la natalidad. Y
sobre todo, el salto de calidad contra el miedo en afrontar el futuro
“volviendo a poner la fe en Cristo, fuente de esperanza que no defrauda”.
Publicado el 8 de agosto de 2003
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