Imprimir

Conciencia dormida

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

El hambre interpela la conciencia de los pueblos, pero tal conciencia colectiva aparenta dormida. Desde la opulenta Europa, desde la opulenta Norteamérica es realmente difícil comprender esta realidad.

No se le puede negar a Europa el esfuerzo que realiza para solucionar catástrofes puntuales en los pueblos subdesarrollados, como terremotos, desbordamientos, brotes de enfermedades contagiosas, y un sin fin de etcéteras. Pero estas soluciones, importantes y necesarias en su momento, se convierten en ocasionales. Ciertamente, desde este ángulo se llega fácilmente a la conclusión de que la conciencia colectiva se despierta a veces, pero que casi permanentemente yace dormida.

¿Qué es lo que ha ocurrido para llegar a anestesiar a esa voz que suele hablar sin censuras dentro de la conciencia de cada quién? ¿Quién y por qué la ha adormecido? ¿Con qué motivaciones se ha querido maquillar para que logre soporizarse?. ¿Será parte de una planificada cultura actual que persigue nublar la realidad del hambre en el mundo?.

El área del subdesarrollo se traga a más de dos mil quinientos millones de seres humanos. Mil millones están muy por debajo del “mínimo indispensable para sobrevivir”. Y si reducimos la cifra, cien millones conforman el “pelotón más miserable”.

Da la sensación de que han sido invertidas las prioridades en la sociedad. Se ha convertido en tópico hablar sobre el gasto armamentista, a todas luces innecesario y lo que es peor, ineficaz, pero es de urgencia volver a repetir el pedimento de los expertos: solamente con el cinco por ciento de los gastos destinados por las naciones para abastecerse de armamentos cada vez más sofisticados, y por ende, más mortales, podría remediarse la catástrofe de la hambruna. ¿Y es mucho pedir?. ¿No es ético exigirlo?. Pues bien, el arma que más muertes causa en la humanidad no es otra que la del hambre, esa que el inolvidable Helder Cámara llamaba “bomba miseria”.

Se habla de una acción de conjunto, pero esta jamás podrá llevarse a cabo mientras no se fomente esa conciencia social que presione a los mandatarios y a las estructuras, que son quienes pueden detener tal masacre. Porque, lo realmente triste, es que se ha perdido el sentido de culpa, individual y colectiva, ante los hambrientos. Y si esas muertes no pueden arreglarlas la conciencia de los pueblos, ¿qué tipo de conciencia nos queda?. Lapidariamente lo dijo Edward Kennedy: “Algunos hombres ven las cosas y se pregunta, ¿por qué?.; otros sueñan de cosas que nunca ocurrieron y se preguntan ¿por qué no?.

Publicado el 11 de agosto de 2003

 
 

Inicio ] [ Atrás ]