Conciencia dormida
El hambre interpela la conciencia de los pueblos, pero
tal conciencia colectiva aparenta dormida. Desde la opulenta Europa, desde
la opulenta Norteamérica es realmente difícil comprender esta realidad.
No se le puede negar a Europa el esfuerzo que realiza
para solucionar catástrofes puntuales en los pueblos subdesarrollados,
como terremotos, desbordamientos, brotes de enfermedades contagiosas, y un
sin fin de etcéteras. Pero estas soluciones, importantes y necesarias en
su momento, se convierten en ocasionales. Ciertamente, desde este ángulo
se llega fácilmente a la conclusión de que la conciencia colectiva se
despierta a veces, pero que casi permanentemente yace dormida.
¿Qué es lo que ha ocurrido para llegar a anestesiar a
esa voz que suele hablar sin censuras dentro de la conciencia de cada
quién? ¿Quién y por qué la ha adormecido? ¿Con qué motivaciones se ha
querido maquillar para que logre soporizarse?. ¿Será parte de una
planificada cultura actual que persigue nublar la realidad del hambre en
el mundo?.
El área del subdesarrollo se traga a más de dos mil
quinientos millones de seres humanos. Mil millones están muy por debajo
del “mínimo indispensable para sobrevivir”. Y si reducimos la cifra, cien
millones conforman el “pelotón más miserable”.
Da la sensación de que han sido invertidas las
prioridades en la sociedad. Se ha convertido en tópico hablar sobre el
gasto armamentista, a todas luces innecesario y lo que es peor, ineficaz,
pero es de urgencia volver a repetir el pedimento de los expertos:
solamente con el cinco por ciento de los gastos destinados por las
naciones para abastecerse de armamentos cada vez más sofisticados, y por
ende, más mortales, podría remediarse la catástrofe de la hambruna. ¿Y es
mucho pedir?. ¿No es ético exigirlo?. Pues bien, el arma que más muertes
causa en la humanidad no es otra que la del hambre, esa que el inolvidable
Helder Cámara llamaba “bomba miseria”.
Se habla de una acción de conjunto, pero esta jamás
podrá llevarse a cabo mientras no se fomente esa conciencia social que
presione a los mandatarios y a las estructuras, que son quienes pueden
detener tal masacre. Porque, lo realmente triste, es que se ha perdido el
sentido de culpa, individual y colectiva, ante los hambrientos. Y si esas
muertes no pueden arreglarlas la conciencia de los pueblos, ¿qué tipo de
conciencia nos queda?. Lapidariamente lo dijo Edward Kennedy: “Algunos
hombres ven las cosas y se pregunta, ¿por qué?.; otros sueñan de cosas que
nunca ocurrieron y se preguntan ¿por qué no?.
Publicado el 11 de agosto de 2003
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