Crónica de un
encuentro transversal celebrado en Pamplona: Católicos en la vida pública.
Fernando José Vaquero Oroquieta
Una convocatoria de Auzolan de Iniciativas Culturales.
Diversos acontecimientos relevantes, acaecidos en las
últimas semanas, exigían una reflexión y una propuesta a la sociedad
navarra desde un criterio de pertenencia católica.. Es el caso de la
sectaria declaración del Parlamento Foral de Navarra, sobre los
fusilamientos producidos en esta comunidad en la guerra civil, por la que
se responsabilizaba de los mismos, de una manera absolutamente injusta y
falsa, a la Iglesia. Por otra parte, se había difundido la Nota doctrinal
sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los
católicos en la vida política, de la Congregación para la Doctrina de la
Fe. Así, la asociación Auzolan de Iniciativas Culturales, integrada por
miembros del movimiento Comunión y Liberación preocupados por la
incidencia de la cultura católica en la vida cotidiana y sus relaciones
con el cambio social y la política, convocó la mesa redonda que, bajo el
lema de “Católicos en la vida pública”, se celebró en Pamplona el pasado
viernes 11 de abril. A la misma concurrieron: Eugenio Nasarre Goicoechea
(Diputado del Partido Popular, Presidente de la Comisión de Educación y
Cultura del Congreso de los Diputados), Carlos García de Andoin (Teólogo y
psicólogo, responsable de formación seglar de la Diócesis de Bilbao y
Coordinador general de Cristianos en el PSOE) y José Iribas Sánchez de
Boado (Abogado y Senador de UPN por Navarra).
Ante un público muy motivado, que contaba con
representantes cualificados de la universidad, la política y la cultura
navarras, se desarrolló un rico debate en el que se expresaron
significativas coincidencias, alguna discrepancia y una inequívoca
voluntad de que la fe ilumine la vida pública.
El moderador, José Joaquín Garralda Guillén (cofundador
de la entidad convocante) planteó sucesivas cuestiones a los ponentes.
A su juicio, muchos católicos hacen propios discursos
ajenos a la Tradición católica, fenómeno paralelo al de la práctica de una
política que nada tiene que ver con la pertenencia católica; cuestiones
que trasladó, inicialmente, a los ponentes.
Le siguió la pregunta: ¿qué puede aportar un católico a
la política?
La libertad de acción y la disciplina de los políticos
católicos en el seno de sus respectivos partidos, fue la tercera cuestión
planteada.
Por último, alegó la importancia del principio de
subsidiariedad, preguntando a continuación por su acogida en el proceso de
construcción europea.
El Senador José Iribas.
El Senador José Iribas empezó destacando la oportunidad
del encuentro, matizando que la vida pública es más amplia que la estricta
política, entendida la segunda como un servicio en el que debe producirse
la equivalencia de los conceptos de ciudadano, cristiano y político.
Recordó la aconfesionalidad del Estado español, lo que implica que, en
contra de una lectura sectaria muy extendida, España no es
confesionalmente laica. Neutralidad, apostilló, no equivale a
indiferencia; de modo que la Constitución valora la dimensión religiosa de
manera positiva, amparando el derecho de los españoles a difundir las
propias creencias religiosas.
Destacó la importancia de la formación personal,
evitando el “síndrome de Estocolmo” y la perversión de un juicio muy
extendido: “todo es relativo”. El paso siguiente consiste en evitar la
dualidad vida privada/vida pública: valentía, decisión, renuncia de los
complejos… a través de mensajes, obras y ejemplo. Pero ello no sólo desde
la reacción, sino desde la propuesta y presencia activas.
Aseguró que existe hambre en la Iglesia por un
acercamiento de los políticos católicos; lo que exige compartir valores
realmente. Haciendo propia una cita del sociólogo Rafael Díaz-Salazar,
experto en diálogo catolicismo/socialismo, insistió en rechazar la
identificación progresismo/anticlericalismo
Se reafirmó en la necesidad de seguir avanzando en la
igualdad de las dos escuelas, pública y privada.
Por último, después de mostrar un gran optimismo y
vitalidad, se reafirmó en la concepción de la familia en la línea trazada
por el Magisterio de la Iglesia.
El Coordinador general de Cristianos en el PSOE.
Para Carlos García de Andoin existe una importante
presencia de cristianos en la vida pública, sobre todo en el llamado
tercer sector, si bien constituye un dato invisible, acreditado por su
infrarrepresentación en la cultura y la política. En la transición se
desarrolló mucha actividad católica a través de partidos, sindicatos,
etc., lo que se reflejó en una parte de los valores-marco recogidos en la
Constitución. Pero se ha perdido presencia. De forma paralela, constató
una irrelevancia de la fe en instituciones públicas y en política. Otro
fenómeno interesante: algunos partidos políticos, en crisis de militancia,
miran con sumo interés a este vivo tercer sector.
Afirmando compartir buena parte de lo expuesto por los
otros ponentes, manifestó su preocupación por el modelo de actuación. Se
ha optado, actualmente, por una presencia individual en las mediaciones
seculares, afirmándose la concordancia con las ideas básicas de las
mismas; lo que ha derivado en una privatización de la fe.
Ante todo ello, afirmó la necesidad de tres cambios:
Frente a un cristianismo que se manifiesta a la baja,
hay que recuperar un testimonio explícito, pudiéndose combatir muchos
prejuicios laicistas desde la propia actividad.
La fe como factor creador de cultura política; no sólo
como vivencia individual.
Un cambio de la cultura eclesial hacia el católico
implicado en política; pues al político católico se le mira con sospecha
también en su propio tejido social. No se le considera “tan nuestro” como
a un voluntario en una ONG, por ejemplo.
No obstante, constató un cierto cambio, reciente en
cualquier caso, acaecido en las relaciones entre las cúpulas eclesial y
política: otra cosa sería la actitud del tejido social. Esta actitud sería
resultado, a su entender, de una cierta demonización del poder político,
hasta el punto de invisibilizarse el mismo dentro de la Iglesia: no
habría, ya, poderes en su seno, sino servicios. Por otra parte, no está
bien visto que un partido político aspire, a las claras, a captar votos.
Tampoco existe una “pastoral vocacional para políticos” en la Iglesia
española, siendo muy escasas las instancias formativas al respecto.
Aseguró que no se practica política familiar alguna;
existiendo, a lo sumo, “algo de dinero” para la misma. Son necesarias
políticas de integración que contemplen, por ejemplo, el lugar de los
ancianos, así como la reducción del número de horas laborales para que
padres y madres puedan vivir la familia, participando activamente en la
educación de los hijos. Cuestionó que la seña de identidad de los
católicos, en este tema, se juegue en la lucha contra el reconocimiento
legal de las parejas de homosexuales. En todo caso, opinó que el debate
real no es tanto esa cuestión, como el apoyo firme que precisan millones
de familias.
La concepción de las relaciones Estado-sociedad civil
es “la madre del cordero” en la construcción social y europea, afirmó. El
PSOE en Cataluña y en el País Vasco dan mucho juego a la concertación en
educación; lo contrario que el PSOE de Andalucía, observó. Desde la
funcionarización no es la mejor manera de educar en valores, aseveró; así
como que sin conciertos aumentan las dualidades y desigualdades reales. No
obstante, no puede privarse de su importante papel al Estado.
Como factor positivo, destacó la existencia de una
transversalidad entre políticos cristianos mayor que la existente entre
los partidos entre sí.
Eugenio Nasarre.
El Diputado Eugenio Nasarre, por su parte, partió de
una constatación: España sólo es una parte de la Europa posmoderna. Así,
hemos experimentado un cambio acelerado que nos ha llevado a la situación
actual: un cristianismo tenue, difuso, con datos contradictorios. La
realidad se impone: los católicos somos una minoría en la sociedad, lo que
exige una presencia activa. Manifestó, a continuación, su especial
preocupación por la degradación de la esfera axiológica a través de los
medios de comunicación, lo que nos empuja a una progresiva devaluación de
los valores en la sociedad.
La política activa se caracteriza por una
absolutización de la específica perspectiva que proporciona esa intensa
vivencia, angostando al católico si éste no tiene un lugar donde apoyarse.
En este sentido, narró algunos detalles de una experiencia que se deriva
del Jubileo de los políticos en Roma. Se iniciaron unos encuentros entre
políticos católicos (parlamentarios nacionales y autonómicos,
fundamentalmente) con el objetivo de reflexionar juntos; siendo
acompañados, en alguna ocasión, por el Cardenal Rouco (generalmente, con
motivo de la festividad de Santo Tomás Moro). Todo lo anterior lo enmarcó
en las indicaciones de la Carta Apostólica Octogesima Adveniens de Pablo
VI (14 de mayo de 1971) en la que se concibe al partido político de forma
muy “laica”; siendo imprescindible que el político católico esté provisto
de un proyecto de sociedad y del diálogo como instrumento. En definitiva,
a su juicio existe una magnífica acogida en la Iglesia a los políticos
católicos.
Apostó, seguidamente, por la defensa transversal de
determinados valores que no pueden ser exclusivos de uno u otro partido;
lo que precisa de una libertad de voto interno en cuestiones sustanciales
de conciencia, no existente en la actualidad. Consideró, además, que más
que la distinción derechas/izquierdas, son otras disyuntivas las que
tienen mayor relevancia: la defensa de la vida, la protección a la
familia, la posición ante el terrorismo, los retos del multiculturalismo…
Por lo que respecta a la situación de la familia,
manifestó su profundo rechazo a esas llamadas “nuevas formas de familia”,
por considerarlas una regresión suicida que deshumaniza a la sociedad;
asegurando que separar procreación de familia es letal.
Nasarre, ante la cuestión europea, partió de la
diferencia entre subsidiariedad vertical, básicamente reconocido, y el
horizontal Estado-sociedad, cuya acogida está pendiente. De ahí la
importancia de la valoración y tratamiento, del tercer sector y de la
educación, en los futuros textos fundacionales.
¿Fin del encuentro?
Correspondió al moderador cerrar el debate, afirmando
la unidad que podía observarse entre los presentes, pese a discrepancias y
militancias diversas, procediendo a la lectura de un párrafo del apartado
IV, punto 7 de la mencionada Nota Doctrinal: “La fe en Jesucristo, que se
ha definido a sí mismo «camino, verdad y vida» (Jn 14,6), exige a los
cristianos el esfuerzo de entregarse con mayor diligencia en la
construcción de una cultura que, inspirada en el Evangelio, reproponga el
patrimonio de valores y contenidos de la Tradición católica”.
Un encuentro denso, rico en afirmaciones y sugerencias
que, esperemos, tenga alguna continuidad concreta en la propia Navarra.
Publicado el 15 de agosto de 2003
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