Bésame, tonto
votante
Mikel Agirregabiria Agirre
Los intelectuales y los creadores de opinión deben
adoptar un estilo amable, comprensible y accesible para todo el público,
pero sin caer en el reduccionismo de obviar lo esencial para destacar lo
superfluo. Los políticos deben efectuar un esfuerzo de inteligencia si
pretenden que el electorado “les pese y, quizá luego, les bese”.
Un
acrónimo en inglés aconseja claridad y sencillez, KISS (‘BESO’): Keep It
Simple, Stupid! (‘¡Simplifícalo, estúpido!’).
Durante el
diseño de UNIX (un sistema operativo para ordenadores), se instituyó la
famosa doctrina
KISS
(“Mantenlo simple, atontado”), para sugerir que cuanto más sencilla sea la
implementación de un programa, menor probabilidad habrá de que falle y más
fácil será su mantenimiento posterior. Este acertado consejo de la
programación, que apuesta por la simplificación, es aplicable igualmente
en muchos otros ámbitos, desde la arquitectura funcional hasta el
marketing comercial, o desde las técnicas de liderazgo hasta la gramática
literaria…, al estilo del preciso y conciso Azorín porque Salman Rushdie
diría que la complejidad de la narración incrementa su disfrute.
En
software, y muy frecuentemente en otros aspectos de la vida cotidiana, el
camino más corto, inteligible, seguro y práctico es el más simple. Pero lo
sencillo exige mucho conocimiento, creatividad y dedicación. El ilustre
caricaturista Al Hirschfeld decía "Cuando estoy apurado, hago un dibujo
complicado. Cuando tengo tiempo, hago uno sencillo". La moraleja es que
sencillo no significa fácil... sino que la elegancia está en la
simplicidad.
El
problema es cuando la triunfante doctrina KISS, tautológica en
informática, se aplica en ámbitos como los chabacanos programas de
televisión, los desfasados currículos de educación o las propuestas
políticas simplonas. Si con este eslogan se pretende reducir la
complejidad hasta la caricatura que cualquier “torpe” pueda entender,
seguramente el resultado será esperpéntico y destinado a aletargar a un
público a quien se quiere mantener en la inopia.
Traspasar
un “principio de mínima sorpresa” a un “elogio de la simpleza” resulta
pésimo y contraproducente. Los intelectuales y los creadores de opinión
deben adoptar un estilo amable, comprensible y accesible para todo el
público, pero sin caer en el reduccionismo de obviar lo esencial para
destacar lo superfluo.
La
política, en numerosas ocasiones, es un modelo de mala aplicación de la
divisa KISS. Los políticos deben efectuar un esfuerzo de inteligencia si
pretenden que el electorado “les pese y, quizá luego, les bese”. En las
campañas electorales debería superarse el habitual binomio BE-SO,
compuesto por un BE-llo lema simplón, más un SO-porífero programa
electoral absurdamente extenso y tedioso.
Por último, el segundo significado de KISS también debe
matizarse en su aplicación externa a la informática.
KISS indica igualmente `Keep it SECRET, stupid!'
(Manténgalo SECRETO), para destacar una cualidad que
ofrece confidencialidad y robustez a un código o contraseña. Pero en
política, la ciudadanía merece conocer toda la verdad, sin abrumarla con
detalles, y sin engañarla con falsedades, tergiversaciones u ocultaciones.
Billy
Wilder dirigió en 1964 la película “Bésame, tonto”. Su título es una
expresión cariñosa, no aplicable para recabar el voto ciego a un perspicaz
electorado propio de una democracia asentada en una sociedad culta y
libre. La confianza sólo la merecen los partidos políticos que se
presentan con proyecto, compromiso, perspicacia, transparencia y
autenticidad. La máquina del mundo quizá sea harto compleja, pero ello
sólo demuestra el progreso de la civilización y la clarividencia de la
ciudadanía.
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